Estrenos online: crítica de «Small Axe 4: Alex Wheatle», de Steve McQueen (BBC/Amazon Prime)

Estrenos online: crítica de «Small Axe 4: Alex Wheatle», de Steve McQueen (BBC/Amazon Prime)

La cuarta película de la saga se centra en las fuertes experiencias infantiles y juveniles del escritor cuyo nombre da título al film, un hombre que creció en un orfanato alejado de todo y fue llevado al tenso barrio de Brixton siendo adolescente.


La cuarta película de la serie SMALL AXE bien podría tener el subtítulo de «Cómo me convertí en escritor«. ALEX WHEATLE cuenta algunos episodios formativos en la vida del tal Alex, hoy un novelista reconocido, a partir de su estadía en la cárcel en 1981. El film está estructurado como una serie de flashbacks en los que el entonces adolescente Alex (que nació en 1963) le cuenta a su particular compañero de celda cómo fue que llegó ahí. Y esa historia, si bien tiene mucho de personal y específica, es un reflejo también bastante elocuente de la vida de la comunidad afrocaribeña en Inglaterra, centro temático de esta serie de películas.

Cuando Alex aparece en la cárcel vemos a un joven entre enojado y asustado por estar allí, pero nada hace prever su particular historia. Al llegar a su celda –acaso el momento más cómico de esta película que tiene bastantes momentos humorísticos– se topa con Simeon (Robbie Gee), un veterano rastafari que está haciendo una huelga de hambre y, digamos, tiene algunas sonoras y desagradables complicaciones gástricas. Un tipo politizado y culto, Simeon está interesado en conocer la historia de este chico que comienza en un estricto colegio pupilo en Surrey –en donde sus padres lo dejaron, abandonado, en 1964– en el que es uno de los pocos chicos que no son blancos. Allí descubre su amor por la música reggae, algo que rápidamente le trae problemas con las autoridades, problemas que son reflejados en uno de los planos más fuertes de la película, muy en el estilo de HUNGER, otro relato de McQueen que transcurría en la cárcel.

Pero el grueso de la historia tiene lugar cuando Alex sale de ese horrendo lugar y es llevado a un hogar comunitario de los servicios sociales británicos en el barrio de Brixton, al sur de Londres. Allí es muy bien recibido por Dennis (Jonathan Jules), un muy simpático adolescente que tiene toda la calle que a Alex le falta. Es que el chico ha crecido tan aislado de todo que, pese a su origen, se siente casi un extranjero allí: no habla como se debe (tiene un acento inglés aprendido en la escuela, muy distinto del cerradísimo patois que hablan en el barrio), no camina ni se viste como se debe, no tiene idea de los códigos de la calle y no conoce los ritos, comidas, hábitos y costumbres que allí son comunes para todos. Salvo uno: la música. Su vida parece centrada en ahorrar dinero, ir a la disquería local y comprar todos los discos de reggae imaginables. Su sueño es tener su propia crew y tocar en las fiestas del lugar.


Con algunas idas y venidas al eje narrativo de la cárcel, lo que ALEX WHEATLE irá mostrando es el viaje de este chico hacia una cada vez más fuerte politización, que hace eclosión en los famosos disturbios de Brixton de 1981, que serán el núcleo central del drama –resuelto con una original economía de recursos– y lo que lo depositará en la cárcel. La brevedad del film conspira un poco contra su credibilidad, ya que la brutal transformación de Alex de chico perdido en el barrio a militante, compositor de canciones de protesta y traficante (además de haber perfeccionado su slang) se muestra demasiado rápidamente. Aunque tomando en cuenta que llegó a la cárcel con apenas 18 años es probable que su educación callejera haya sido así de veloz.

Acaso menos efectiva que las anteriores (ver las críticas de los tres primeros films, aquí) pero igualmente valiosa a la hora de entender ese momento en la historia de la comunidad afrocaribeña en Gran Bretaña (la de aquí es, específicamente, la jamaiquina de Brixton, tan influyente en lo musical), ALEX WHEATLE vuelve a poner en perspectiva las luchas, tensiones y problemas con la policía y las autoridades, centrándose más que nada en la vida de un grupo de jóvenes de barrio cuyas vidas marginales, más allá de cuestiones específicas, podrían darse casi en cualquier otro lugar del mundo.

Es que la amistad, las drogas, la música, los códigos barriales y los enfrentamientos con la policía son los condimentos casi universales de la película. Solo que al ser un personaje «sin historia», Alex funciona casi como los espectadores, observando y aprendiendo cada día a partir de la experiencia. Al aprehender esa historia y ser consciente de cuál es su lugar en ese mundo («yo no soy africano», le dice a un peluquero del barrio, cuando recién llega allí) de a poco se transformará en parte de esa comunidad. Y su paso por la cárcel, quizás irónicamente, lo volverá a transformar una vez más. Solo que esta vez para convertirlo en un individuo con ideas propias pero consciente de su lugar en el mundo y de su historia.


La música de ALEX WHEATLE está en la Playlist Oficial de la serie completa en Spotify. La específica de este episodio comienza con «Satta Massagana» y llega hasta el clásico «Natural Mystic», de Bob Marley.