Festivales: crítica de «John and the Hole», de Pascual Sisto (Sundance)

Festivales: crítica de «John and the Hole», de Pascual Sisto (Sundance)

Este macabro relato de suspenso escrito por el argentino Nicolás Giacobone («Birdman») se centra en un adolescente que mete a su familia en un profundo agujero en el parque de su casa y no los deja salir de allí. Con Michael C. Hall, Jennifer Ehle y Charlie Shotwell. En competencia en el Festival de Sundance.


Los adolescentes problemáticos –y potencialmente peligrosos– no solo son un tema constante y creciente en la cultura estadounidense sino también en el cine, que suele reflejar con mucha cercanía lo que sucede alrededor. Tal es el caso, por ejemplo, de ciertos actos de violencia que se cometieron en escuelas en los últimos tiempos. Si bien el protagonista de JOHN AND THE HOLE y las decisiones que toma pertenecen también a un clásico formato de cine de horror y suspenso (la idea, digamos, de «la semilla del Mal») hay varias películas recientes, algunas de ellas también en Sundance, que reflejan claramente un problema que existe en el mundo real.

John es uno de esos adolescentes que parecen haber perdido por completo el concepto de empatía. Lo suyo va más allá de la alienación. El chico es un sociópata hecho y derecho que no parece reconocer la existencia de esa cosa llamada emoción, sentimientos, afecto. El chico vive con su familia en una elegante casa en una zona alejada que está rodeada de un enorme parque. En el parque está el agujero que completa el título de la película. Y cuando John se harte de los suyos –o no, quizás solo porque no tenía nada mejor que hacer– agarrará a su familia, la drogará y la meterá adentro de ese pozo tan profundo del que es imposible salir sin ayuda del exterior.

Sisto tiene un estilo seco, clínico, comparable al de autores europeos como Yorgos Lanthimos. Y si bien John es un extremo, el resto de su familia tampoco se caracteriza por su calidez. Ellos son amables y comprensivos, pero de una manera un tanto mecánica, desafectada, que parece más europea que norteamericana. De todos modos no parece haber un conflicto aparente o una tensión subterránea que justifique los hechos. Su madre Anna (Jennifer Ehle), su padre Brad (Michael C. Hall) y su hermana Laurie (Taissa Farmiga) lo dejan hacer y en general John (Charlie Shotwell) parece vivir una adolescencia tranquila. Pero quizás a modo de juego, de desafío o de tentación, conecta la posibilidad de unir «pozo» y «familia» y el tipo se manda.


¿Cómo lo hace? La película no lo explica muy bien. JOHN AND THE HOLE está filmada y contada como un cuento dentro de otro –la película se abre con una madre contándole a su hija esta historia– y la lógica de las fábulas o de los cuentos fantásticos se siente en cada momento. El guión fue escrito por el argentino Nicolás Giacobone (el primo de Armando Bo Jr., que escribió con él los guiones de BIRDMAN y BIUTIFUL para Alejandro González Iñárritu) en base a un breve cuento suyo y empezará a crecer en suspenso y tensión cuando John decida que está muy bien eso de dejar a la familia en el pozo y usar la casa a piacere.

Es así que mientras los suyos tratan de encontrar la literal manera de salir del pozo, John los va dejando sin comida ni agua –en un momento hasta parece olvidarse que están ahí– mientras recibe amigos, juega videojuegos, pone excusas cuando alguna amiga de la madre pase a preguntar por ella y otras cosas un tanto más inquietantes que mejor será no adelantar. Mientras tanto, en el agujero, la familia se debate tratando de pensar qué es lo que pueden hacer para que el chico entre en razones. ¿Hasta dónde llegará el chiste? ¿Se quedará sin dinero o provisiones y depondrá la actitud? ¿Vendrá alguien al rescate? ¿Hay algún límite para su macabro juego? A juzgar por su apática manera de seguir adelante, da la impresión que a John todo le da exactamente lo mismo. Hay una expresión más gráfica para referirse a su actitud que seguramente se la imaginarán. Y eso lo vuelve aterrador.


JOHN AND THE HOLE es una película sin dudas enervante que algunos amarán, otros odiarán –y combinaciones de esas sensaciones– pero que seguramente dejará a pocos indiferente. Es ese tipo de juego arriesgado y morboso que funciona mejor como relato de género que si uno la quiere analizar desde el realismo psicológico. Hay algo de ejercicio cruel puesto en acción –a John le entretiene jugar con su amigo a ver quién puede aguantar más la respiración bajo el agua y su pesada broma familiar tiene mucho de eso– pero como la historia conecta con algo actual y palpable es imposible verla solo como una trampa macabra.

Se trata, sin dudas, de una película incómoda y tensa, que puede volverse enervante por la imposibilidad de leer qué es lo que piensa John, si es que piensa algo. Sisto, de origen español que es también artista visual, logra mostrar todos los eventos con una frialdad y distancia casi germánicas (o austríacas, habría que decir, tomando en cuenta el costado «hanekiano» de la trama y de la precisa puesta en escena) y es indudable que consigue el efecto buscado. También, es cierto, que, como todo ejercicio de crueldad, tiene sus límites y sus grises zonas éticas. Y si un espectador no desea, necesariamente, ser puesto en los zapatos de las víctimas de algún tipo de tortura físico-psicológica podrá tranquilamente fastidiarse ante esta inquietante y siniestra película de suspenso. Eso sí: será mejor que al terminar la proyección se asegure de tapar todos los agujeros de su casa donde pueda caber una persona.