Estrenos online: crítica de «First Reformed», de Paul Schrader (Netflix)

Estrenos online: crítica de «First Reformed», de Paul Schrader (Netflix)

Ethan Hawke interpreta a un pastor en crisis de una antigua iglesia a la que concurre poca gente en esta intensa y dolorosa película acerca del rol de la fe en un presente plagado de problemas y miserias.


FIRST REFORMED es el nombre de una iglesia que está a punto de cumplir 250 años, antigua para los standards norteamericanos. No viene mucha gente a las misas sino que van, más que nada, a visitarla en tours, a comprar en su gift shop. Conservada como antaño, está muy alejada de los modelos más contemporáneos de este tipo de instituciones. De hecho, la iglesia Abundant Life, muy cercana a First Reformed, a la que controla económicamente casi como un museo, es la que lleva fieles y políticos, empresarios y jóvenes, la que está llena de «programas», «encuentros» y «actividades». Moderna, en todo sentido de la palabra. «Más una empresa que una iglesia», dirá un personaje luego.

First Reformed es de las llamadas Iglesias Reformadas (de origen holandés, calvinistas, como el propio Schrader) y está a cargo del padre Ernst Toller (Ethan Hawke), un hombre de más de 40 años y un tanto torturado, que ha perdido un hijo combatiendo en Irak y, luego de eso, atravesó la disolución de su matrimonio. Ese pequeño y casi retirado lugar espiritual en una alejada y casi rural área del estado de Nueva York es el que encuentra para penar o para, quizás, autocastigarse. Se mueve allí con pesadez, bebe de más, no muestra demasiado interés ni en reparar el viejo órgano que no anda y se fastidia cuando los visitantes pasan de sus explicaciones de la historia de la iglesia para probarse camisetas y gorritas alusivas. Y, como buen religoso torturado de la escuela bressoniana, escribe un diario en donde deja constancia de sus angustias, dudas y humores. Y tiene otras particularidades más de esa escuela, que luego nos enteraremos, y que casi transforman a FIRST REFORMED en una remake en plan pulp de DIARIO DE UN CURA DE CAMPAÑA

A la iglesia llega Mary (Amanda Seyfried), una mujer que parece tomarse seriamente el rol de Ernst como guía espiritual y no turístico. Mary tiene un problema con su marido, Michael (Philip Ettinger), un activista por el cuidado de la Tierra que combate para evitar el cambio climático, de esos que operan en acciones concretas contra las empresas que contaminan el medio ambiente. Ella está embarazada y él no quiere tener al bebé porque siente que el planeta desaparecerá en pocos años. Ernst y Michael tienen una larga conversación sobre el tema (acaso la mejor escena de la primera parte de la película) en la que ambos exponen sus puntos de vista. Michael es un pesimista convencido y Ernst trata de ofrecer una mirada más optimista y religiosa que ni él parece creerse del todo.


A partir de este encuentro y lo que sucede después, todo cambia para Ernst. Por un lado, empieza a ver a la iglesia cercana y dominante como una institución corrupta y manejada por los intereses de los mismos empresarios petroleros que fastidian a Michael. Y, por otro, se da cuenta que su perturbado fiel tiene algunas ideas un poco brutales acerca de cómo combatirlos. Pasando de Bresson a Bergman, la película toma las características de un drama en el que un hombre no solo no logra salvar el alma de uno de sus fieles sino que empieza a convencerse que quizás él tenga razón. O, puesto de otra manera más «psicologista», que quizás tomar ese tipo de actitud (más activa y crítica ante las injusticias que pasiva y temerosa de Dios) sea otra forma de combatir sus propios demonios personales.

La película tomará otros giros, y otro tono, en la segunda mitad, a partir de ciertos acontecimientos dramáticos, algunos ligados a la celebración del aniversario de la iglesia, que se realiza en plena crisis espiritual del pastor. Para allí, Bergman y Bresson habrán dado paso al cine de los ’70 que el propio Schrader ayudó a parir otorgando un tinte más pulp y violento a la trama, con Ernst como un pariente no muy lejano del Travis Bickle de TAXI DRIVER. La película pondrá en juego de ahí en adelante una serie de procedimientos estéticos muy distintos a los de la primera, más calma y rigurosa mitad, optando por una suerte de éxtasis religioso-carnal que dejará a muchos entre impactados y confundidos y que debe ser tomado más como un momento elegíaco y poético que otra cosa.

Si bien esa transición no es la más sencilla de realizar (Schrader ha probado ideas de este tipo de diferentes modos y siempre le salen mejor cuando las filma Martin Scorsese) en FIRST REFORMED, por primera vez en mucho tiempo, uno siente que el giro dramático y hasta estético está logrado, que la aparición de la pasión y la violencia con destinos no siempre claros resultan creíbles en la piel de Hawke, cuyo crecimiento en intensidad emocional a lo largo del film está manejado de manera progresiva y hace que la historia nunca deje de tener del todo los pies sobre la Tierra. No de forma literal, necesariamente, pero si dramática.

Algunos roles y conflictos secundarios (los empresarios, un par de personajes de la otra iglesia y otros más que ya descubrirán) están pintados de una manera un tanto banal y obvia, pero esto –que incomoda al principio, cuando la película parece ajustarse a los códigos del cine religioso/riguroso europeo de los ’50 y ’60– funciona de manera más efectiva cuando la película, en su segunda mitad, se «americaniza», clarifica bandos y entiende que la acción y la violencia pueden llegar a ser métodos, equivocados o no, de combatir tanto la crisis espiritual como la del medio ambiente. Respuestas la película no ofrece y Schrader tampoco. Lo que nos deja es con un montón de dolorosas preguntas y un film abrumador.