Berlinale 2021: crítica de «Hygiéne sociale», de Denis Côté (Encounters)

Berlinale 2021: crítica de «Hygiéne sociale», de Denis Côté (Encounters)

En esta comedia filmada durante la pandemia, el director canadiense aprovecha las restricciones para narrar de un modo muy particular la historia de un hombre irresponsable y las mujeres que intentan hacerlo sentar cabeza.


Antonin no tiene quién lo comprenda. Ni su hermana Solveig, ni su esposa Eglantine, ni su amada Cassiopée. Tampoco Rose, la recolectora de impuestos. Y mucho menos Aurore, una de las víctimas de sus andanzas criminales. Antonin, además de ser un tipo un tanto problemático, es cineasta, y ninguno de sus proyectos parece avanzar. Tiene uno que lo fascina, sin embargo, y cree que ese sí puede funcionar. «Es sobre un hombre que pierde las tijeras detrás de la estufa y no puede alcanzarlas con sus manos», le cuenta a Cassiopée. «Es una metáfora sobre la soledad».

SOCIAL HYGIENE es una comedia, quizás. Una parodia, probablemente. Y, sin dudas, una extravagancia fascinante a la que la pandemia le dio un impulso extra. Según el director canadiense, el proyecto estaba escrito en 2016 y no cambió por las circunstancias, pero sin dudas que las dificultades para filmar durante 2020 ayudaron a que hacer algo con tanta distancia –e higiene– social tuviera más lógica. La película está armada con no más de ocho o nueve planos fijos –más unos inserts y una coreografía new wave en el medio– en los cuales los actores están separados entre sí por cinco o más metros. La cámara, mucho más todavía. Y las escenas –conversaciones entre dos personas, siempre, con los actores mirando en general hacia cualquier lado– se desarrollan de ese modo «seguro».

SOCIAL HYGIENE narra los problemas del tal Antonin, un hombre bastante irresponsable y sin ganas de comportarse «como un adulto» que vive de pequeños robos callejeros. A lo largo de los 75 minutos que dura la película se cruzará y conversará con las mujeres citadas –hermana, esposa, objeto de deseo, recolectora de impuestos, víctima de un robo– y cada una de ellas, por distintos motivos, tratará de que el hombre siente cabeza, se haga responsable de sus actos, se comprometa a algo y deje de ser un perpetuo adolescente en la piel de un hombre bastante más grande. No les será fácil ya que Antonin tiene un florido discurso de poeta romántico que le sirve para justificar todos sus actos y salir del paso casi siempre.


Pero lo más rico de la película está en su estructura y sus decisiones formales. Además de los planos usualmente fijos y a distancia (y con la imagen un tanto borroneada en algunos márgenes), los personajes están siempre en algún campo abierto y la mayoría de ellos con vestuario de época. Su forma, su modo teatral y declamativo de hablar y sus nombres también parecen referir a siglos y formas artísticas de otras épocas, pero estamos en un evidente presente. «Estudio religión y trabajo en McDonald’s los fines de semana», dice Aurore –la única que viste de modo más o menos contemporáneo–, a quien Antonin le robó su laptop. Ese es, más o menos, el sistema.

El film de Côté parece hacer referencia, casi al borde de la parodia, al estilo de cineastas contemporáneos como Eugene Green (o hasta nuestro Matías Piñeiro) que tratan de conjugar formas de actuación y prosa barroca propias de siglos anteriores con un contexto contemporáneo. Pero el ecléctico realizador de CURLING y BORIS SANS BEATRICE, entre otras, opera un tanto más claramente desde la comicidad, por momentos dando la impresión de que el film es un refinado sketch a lo Monty Python para entendidos en ciertas figuras formales del cine de autor contemporáneo que el director conoce bien.

Apenas uno entra en el código, la película funciona muy bien y es por momentos realmente hilarante. A la vez, su propuesta y su título echan luz sobre algunos conflictos contemporáneos: discusiones sobre masculinidades, sobre los roles de los hombres y las mujeres, y sobre la «higiene social» que parece ser el modo de relación favorito del momento, uno que mantenga no solo la distancia física sino también la emocional entre las personas. Es un experimento de bajo presupuesto y muchas ideas. Ahora bien, su siguiente proyecto tendrá que ser la película del tipo que perdió las tijeras detrás de la estufa. La esperamos con ansiedad y desde acá le rogamos que la ponga en marcha.