Berlinale 2021: crítica de «Jack’s Ride», de Susana Nobre (Forum)

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Entre el documental y la ficción, esta película cuenta la peculiar historia de Joaquim, un taxista portugués a punto de jubilarse que recuerda sus épocas manejando por las calles de Nueva York en los años ’70.


Pivoteando entre el documental y la ficción en un terreno que se podría definir como «autoficción», la película portuguesa NO TAXI DO JACK se centra en la vida de Joaquim, a quien conocemos cuando le explica a una mujer en una agencia que se encarga de pagar seguros de desempleos su particular situación laboral. El hombre –que porta un peinado a lo Elvis Presley en los años ’70– ha sido despedido de la empresa de reparaciones aeronáuticas en la que trabajaba y le falta muy poco para jubilarse por lo cual lo único que necesita hacer para cobrar el seguro hasta ese momento es, digamos, simular que busca trabajo.

Esas idas y vueltas de Joaquim en falso plan laboral son en realidad una excusa para conocer su historia, que él mismo va narrando en distintos momentos en esta encantadora película filmada en 16mm. y el formato 4:3. Además de su carrera como técnico aeronáutico la vida del hombre tuvo como particular condimento su decisión de emigrar a los Estados Unidos a principios de los ’70. Allá vivió durante un par de décadas –casi sin regresar a su país– y trabajó como conductor de taxis y limosinas por las calles de Nueva York.

Aprovechando sus recorridos urbanos en la actualidad, el «kaurismakiano» Joaquim les contará a sus interlocutores muchas de sus peripecias neoyorquinas, explicando con lujo de detalles las diferencias entre trabajar como taxista y manejando limos y cómo las distintas crisis económicas que atravesó allí impactaron en su vida cotidiana y, sobre todo, en sus ingresos, en una serie de anécdotas muy graciosas. Así, hasta llegar a una situación del tipo gangsteril que el propio protagonista «revive» a modo de autoficción.


No es el único momento en el que la película juega en ese límite entre el documental y la ficción. Por momentos vemos a Joaquim manejando su coche por determinados sitios para luego darnos cuenta que lo que hay detrás suyo es una retroproyección y la directora nos permite ver el dispositivo armado a su alrededor. En otros, no queda muy en claro cuánto hay de cierto en lo que cuenta (y lo que la directora muestra) y cuánto de invención. Todo lo que se cuenta mantiene ese espíritu lúdico característico de muchas de las películas independientes portuguesas.

Es que el personaje es tan particular que resulta fabuloso escuchar sus historias, aún cuando estén enmarcadas en situaciones complicadas, como cuando recuerda momentos difíciles con su familia. Joaquim es esa clase de sobreviviente que parece haber vivido varias vidas y que ha llegado a un momento en el que prefiere mirar para atrás y recordar los mejores tiempos del pasado. Aunque tenga que inventarlos. O, al menos, agregarles unas capas de fantasía.