Berlinale 2021: seis críticas breves (Encounters, Panorama, Forum, Special)

Berlinale 2021: seis críticas breves (Encounters, Panorama, Forum, Special)

Reseñas de seis películas de las distintas secciones del festival: «Censor», «Bloodsuckers», «Ted K», «Celtas», «Mbah Jhiwo» y «A River Runs, Turns, Erases, Replaces».


Aquí resumiré mediante críticas un tanto más breves de las que habitualmente escribo aquí algunas películas más que vi en esta Berlinale online que concluye, entre las cuales hay varios títulos valiosos. Esto no es el cierre de la cobertura del festival: en los próximos días seguiré agregando –tanto aquí como en entradas aparte, individuales– más títulos sobre los que aún no tuve tiempo de escribir. Fueron cinco días muy intensos de cine y no alcanzan las 24 horas del día para hacer todo.

CENSOR, de Prano Bailey-Bond (Berlinale Special). Estrenada mundialmente en Sundance –y programada acá fuera de competencia, natürlich–, esta película que combina thriller, drama y terror tiene una muy promisoria primera mitad pero no termina por cerrar de una manera cinematográfica del todo coherente las ideas planteadas en el principio. Es la historia de una mujer que trabaja en la censura británica a comienzos de los ’80, época en la que surgían los videoclubes, el cine de terror tenía un momento de gran popularidad y la prensa inglesa había empezado a asustar al público diciendo que el crecimiento en los crímenes tenía que ver con esas películas.

Enid (Niahm Algar) es una obsesiva que quiere cortar más de lo que le piden pero un día un hombre comete un asesinato real que parece inspirado en una escena de una película que ella vio pero no censuró. Y el mundo parece abrirse bajo sus pies. Enid vivió en la infancia una traumática situación con una hermana que desapareció en un bosque y a la que jamás se volvió a ver y, en su siguiente película para «censurar», cree ver esa misma situación. Y se convence que el director de esa película sabe sobre lo que pasó ahí y quizás hasta el paradero de su hermana.


El planteo de la situación personal y social en CENSOR no solo es realmente muy bueno en términos temáticos sino que logra transportar de manera muy creíble al espectador a la época y a la angustiante situación que vive Enid. El problema que, a la hora de intentar resolver el asunto, el realizador intenta ya jugar en un territorio más cercano al del terror clásico y allí pierde un poco el rumbo, ya que su confusa mezcla de realidad, ficción y trauma (la película va y viene entre esos «registros», marcando diferencias con el formato de pantalla y el tipo de imagen) nunca termina de funcionar del todo bien. Una excelente idea para una película, finalmente, apenas aceptable.


BLOODSUCKERS, de Julian Radlmaier (Encounters). También en el territorio de grandes ideas que sufren de una ejecución que no está del todo a su altura, el problema de esta comedia marxista de vampiros está, más que nada, en su extensa duración. Su inteligente, cómico y politizado planteo –y su estudiado formato de gélida comedia– resulta inmediatamente atrapante, pero el realizador no logra sostener el interés durante los 120 minutos que dura la película.

El problema es que es una idea de sketch a lo Monty Python y, en el mejor de los casos, podría extenderse a un largo breve. Pero Radlmaier sigue y sigue, extendiendo interminablemente las escenas y volviendo una y otra vez sobre lo mismo. La situación está planteada de modo muy gracioso de entrada cuando uno de los jóvenes integrantes de un grupo de lectura de «El capital«, de Karl Marx, en 1928, no entiende a qué se refiere el autor cuando habla de los vampiros capitalistas. «Es una metáfora», le explican. Y la película tratará de probar que no, que la referencia es literal.

El centro pasa por la relación entre Lyovischka, un trabajador/actor soviético que se escapa de su país tras la Revolución (sus problemas con Eisenstein y la censura son simpáticos también) y Octavia, una aristocrática millonaria alemana que lo recibe en su lujosa casa frente al Mar Báltico. La relación entre ellos dos, el extraño asistente personal de Octavia, una película de vampiros que luego harán los tres y la manera en la que los lectores de Marx pueden rápidamente pasarse al fascismo son los ejes de un film simpático cuyo problema principal es que gira demasiadas veces sobre sí mismo y termina perdiendo buena parte de su potencia.


A RIVER RUNS, TURNS, ERASES, REPLACES, de Shengze Zhu (Forum) De puro corte observacional, apenas salpicado por algunos textos sobreimpresos que aparecen en la pantalla, este film retrata a Wuhan durante el año del coronavirus, allí surgido. Pero la película no se centra en los momentos más álgidos del problema –los meses de estricta cuarentena y los hospitales llenos– sino que pone el eje en las consecuencias, en la vida posterior a la etapa más cruda del problema.

La película arranca en plena pandemia, con planos de la ciudad vacía apenas atravesada por algún que otro móvil y con sirenas como único sonido. Pero poco después ya estamos más cerca en el tiempo, viendo cómo la gente vuelve a salir a la calle y a circular por la ciudad. Centrada más que nada en mostrar imágenes de la costa del Rio Yangtze y en la reconstrucción edilicia que Wuhan atraviesa, Zhu elige observar de manera distante y calma ese proceso de «regreso a la vida» y a la actividad económica.


Pero nada es lo mismo, claro está. Y para eso la película sobreimprime textos que, adivinamos de a poco, son de hijos, esposas o familiares de personas que murieron durante los meses más duros de la crisis. En esas cartas personales y dolidas, la película deja en claro que la reconstrucción edilicia acaso no sea del todo suficiente como para tapar el trauma que quedará para siempre en esa ciudad. Son los largos planos del río los que funcionan como metáfora del flujo de la vida y que hacen pensar que, quizás, haya otro futuro posible para esa ciudad.


MBAH JHIWO, de Alvaro Gurrea (Forum). Hay una sorprendente cantidad de trípticos en la Berlinale y este, quizás, sea uno de los más originales de todos ellos, ya que cuenta tres veces la misma historia y con los mismos actores pero en circunstancias muy distintas. Filmada en el Este de Java, Indonesia, la película del realizador español se centra en Yono, un minero al que su mujer abandona y su madre enferma gravemente. En la arquetípica historia los personajes son budistas y Yono se apoya en sus creencias para tratar de resolver sus problemas.

La historia vuelve luego a empezar y sigue, fundamentalmente, los mismos ejes, pero aquí los personajes son musulmanes y operan según sus respectivas creencias. No se trata solo de diferencias específicas de rezos y recomendaciones, sino que la vida de Yono, su mujer y su madre es fundamentalmente diferente en muchos aspectos a partir de su cambio religioso. La tercera versión es la más radical en el cambio, ya que allí la única religión es la ciencia, pero también el dinero, y las formas de actuar de los personajes –y de Yono, a la hora de resolver sus problemas– son muy diferentes a las anteriores.

Un rezo puede transformarse en un medicamento pero también Yono puede apostar a los «bitcoin» para intentar hacerse millonario y recuperar a su mujer. Una ceremonia religiosa para conjurar espíritus troca en una búsqueda por internet con el mismo objetivo. Y así. Lo que no parece cambiar nunca –y ahí está la pieza de resistencia de esta pequeña e inteligente película– es la explotación laboral que Yono sufre en la mina de azufre. Allí no importa demasiado en qué creas o dejés de creer. El sufrimiento, el abuso y la desesperación siempre serán iguales.


TED K, de Tony Stone (Panorama) Se ve que el realizador de esta suerte de impresionista biografía de Ted Kaczynski, más popularmente conocido como el Unabomber, quiso evitar tanto los recursos más convencionales de las biopics cinematográficas como el formato más observacional como el que propuso, para con el mismo personaje, el realizador James Benning en STEMPLE PASS. El problema es que lo que logra es un poco caótico, excesivo, intenso y también disparatado. Una película que en inglés se podría calificar como «all over the place«, expresión traducible como «desorganizado».

Con una actuación intensa del sudafricano Sharlto Copley –como todas las suyas– en el rol de Ted, la película muestra al hombre en acción, ya ubicado en su cabaña solitaria de Montana y cometiendo sus actos de terrorismo epistolar contra los que tratan de contaminar el mundo mediante la tecnología. Con problemas familiares y de relación con los demás, Ted se va encerrando cada vez más en su propio mundo de fobias y obsesiones para luego empezar a actuar, con las públicas consecuencias que lo llevaron a tener su momento de triste fama en los ’90.


El problema de TED K es, fundamentalmente, estilístico. Al no contar con un guión lineal que explore causas y consecuencias con un formato psicologista habitual, Stone trata de atrapar al espectador mediante el uso de la cámara, el impacto visual de ciertas escenas, la musicalización excesiva y recursos más propios del videoarte (o videoclip) que otra cosa. Con dos horas interminables de duración, la película quizás logra meterse en la cabeza de su delirante protagonista pero nos deja necesitados de salir de ese caos mucho antes.


CELTS, de Milica Tomović (Panorama) Esta historia se desarrolla en 1993, en Belgrado, a lo largo del intenso y complicado día del noveno cumpleaños de Minja, una niña fanática de los Teenage Mutant Ninja Turtles. Su familia dedica el día a preparar el asunto: comprar comida que está carísima en la feria (hay escasez de manteca y de otros productos, por la guerra entre los países de la ex Yugoslavia), arreglar algún regalito aquí y allá, invitar a gente, etcétera. Y a la noche empiezan a llegar los niños, todos disfrazados de personajes de las Tortugas Ninja (salvo uno, un vecino, tímido y solitario), creando caos a su alrededor.

Pero el centro de la película estará en los otros cuartos, en los que están «los grandes». Allá, entre discusiones políticas centradas en la guerra, los adultos beben, fuman y van teniendo su propio y más perverso descontrol: una pareja lesbiana se convierte en un triángulo con la aparición sorpresiva de una ex, una militante nacionalista se pelea con todos los demás, un joven punk parece interesado en la otra hija de los dueños de casa (o acaso es al revés) y también hay una secreta historia gay desarrollándose en los pasillos.

Si bien la película va y viene entre los distintos (demasiados, tal vez) personajes, el conflicto entre los padres –de orden sexual, fundamentalmente– es el que prima por sobre los otros. Una película sobre secretos, con una mirada si se quiere queer sobre ese mundo y sus falsedades, CELTS es un drama intenso pero a la vez un tanto agobiante que lamentablemente termina generando en el espectador el mismo agotamiento que puede generar una fiesta pasada de rosca en la que todo se va yendo, lenta pero inexorablemente, al diablo. Como el país mismo.