Estrenos online/Festivales: crítica de «The Mauritanian», de Kevin Macdonald (Berlinale)

Estrenos online/Festivales: crítica de «The Mauritanian», de Kevin Macdonald (Berlinale)

Este convencional drama protagonizado por Tahar Rahim, Jodie Foster, Benedict Cumberbatch y Shailene Woodley narra la historia de un hombre detenido durante años en la prisión de Guantánamo y los esfuerzos para sacarlo de allí.


Un par de minutos de documental, al final de una película de ficción, permiten pensar no solo en las diferencias entre los formatos sino la manera en la que uno y otro impactan. THE MAURITANIAN es un relato clásico, prolijo y bastante rutinario en el que la vida de Mohamedou Ould Salahi se retoma por la vía de la recreación con actores famosos, escenas de «hondo dramatismo» y el desarrollo clásico que las historias de este tipo tienen. Como suele suceder en muchos de estos films, tras una serie de carteles que nos cuentan acerca del destino de varios personajes solemos ver fotos o videos de las personas reales. En este film la simpatía y el carisma del «mauritano» real son tan grandes que uno quisiera borrar por completo la película que acaba de ver y escuchar la historia contada por él mismo. En ese sentido, es un plus que la película tiene pero también uno que le juega en contra.

Dirigida por el escocés Kevin Macdonald (TOUCHING THE VOID, THE LAST KING OF SCOTLAND), la película sobre Salahi se basa en su propio libro, «Guantánamo Diary«, escrito en 2015. Por el título pueden suponer cuál es su historia. Interpretado por la estrella francesa Tahar Rahim (UN PROFETA, EL PASADO, GRAND CENTRAL), conocemos al «mauritano» en cuestión en noviembre de 2001 cuando está en su país al regresar de Alemania. El atentado a las Torres Gemelas sucedió hace poco y el gobierno norteamericano está buscando posibles culpables donde sea. Y Salahi, que tuvo aparentemente algún contacto con Osama Bin Laden muchos años atrás y recibió un llamado de su teléfono hace no tanto, es candidato puesto a ser capturado. «Es el Forrest Gump de los terroristas», dirá un militar estadounidense luego. Es así que, de un día para el otro, el hombre desaparece del mapa.

Varios años después se tienen noticias de su paradero: está detenido en la Bahía de Guantánamo y será llevado a juicio. La abogada que se ocupará de defenderlo en un caso de «habeas corpus» es la célebre Nancy Hollander (encarnada por Jodie Foster), ayudada por la más joven y novata Teri Duncan (Shailene Woodley) mientras que por el lado militar, acusatorio, está Stuart Couch (Benedict Cumberbatch y su acento). Para Hollander lo principal pasa por que se respete el proceso judicial. No sabe si el tipo fue o no culpable, pero sabe que no merece estar encarcelado sin una acusación real alguna. Couch, que tuvo un amigo que falleció en los atentados, parece más dispuesto a no dejarlo salir por nada del mundo.


La película llegará bastante tarde al juicio en cuestión –que se demorará años– y gran parte de EL MAURITANO se irá en la relación que las abogadas establecen con Salahi, un tipo que trata de ser jovial y amable pese a lo duro de su sufrimiento allí. Mediante flashbacks que ocupan largos minutos del relato iremos viendo los primeros años del hombre en esa base militar estadounidense en Cuba, que se fueron endureciendo más y más con tal de sacarle por la fuerza algún tipo de confesión sin importar ni los métodos ni si lo que el hombre «confesaba» era realmente verdad o si lo hacía para evitar más torturas físicas y psicológicas.

De una manera un tanto morosa, Macdonald irá apilando reuniones: entre las abogadas y él, entre la abogada y el fiscal, entre las dos abogadas solas, entre Hollander y Salahi, y así. En cierto momento, la monotonía de la serie de encuentros –solo interrumpida por la virulencia de los flashbacks– se va volviendo rutinaria, cansina. Pero la película no tiene muchas más ideas visuales para ofrecer. Es que además de eso la única otra acción de los abogados es leer expedientes usualmente censurados. Y el director no parece haberle encontrado demasiado la vuelta al asunto. Ya más adelante en la trama, con algunas revelaciones primero y con el juicio después, EL MAURITANO cobra cierto nervio narrativo. Pero eso sucede muy cerca del final de un film de más de dos horas de duración. Y hay otra película después de lo que pasó en el juicio –quizás hasta más inquietante– que solo se menciona en los carteles del final.

Rahim lo da todo para encarnar a este hombre que por momentos parecía no sentir el peso de las brutales experiencias y que era capaz hasta de hacerse amigo de los guardias. Y el resto del elenco realiza sus correctos aportes que tampoco son demasiado memorables. Nos puede caer muy simpática Jodie Foster pero convengamos que el Globo de Oro a mejor actriz de reparto que ganó fue por portación de nombre y carisma. Lo mejor, como dije al principio, está en lo que pasa cuando la película termina y por algunos minutos Macdonald (que viene del documental) nos deja con el verdadero Salahi. Y en ese momento uno tiene la impresión que se equivocaron de película y que la historia la debía contar su protagonista. El documental tiene la capacidad de generar emociones en este tipo de historias que a la ficción, cuando no funciona del todo bien, le cuestan.