Estrenos online: crítica de «Ferry», de Cecilia Verheyden (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Ferry», de Cecilia Verheyden (Netflix)

Este drama de gángsters belga/neerlandés funciona como precuela de la serie «Undercover», también de Netflix, siguiendo los orígenes de uno de sus principales personajes.


Quizás lo mejor para los espectadores de esta película sea entrar en ella sin saber nada. No leer información sobre la película y, mucho menos, esta crítica. Los que puedan hacer eso analizarán, juzgarán y disfrutarán (o no) de FERRY por el drama de gángsters a la europea que propone. Si hacen eso, retomen la lectura tras ver la película. Si no lo hacen y llegan «informados» a la propuesta, el público se dividirá claramente en dos: en los que vieron la serie belga UNDERCOVER –también en Netflix– y los que no. Es que la película no es otra cosa que una precuela centrada en uno de los personajes principales de esa serie: un mafioso llamado Ferry Bouman (Frank Lammers).

¿Por qué la experiencia es distinta? Claramente porque el espectador que jamás vio la serie –como es mi caso– no tiene idea de las conexiones que se van produciendo y cómo eso impactará a futuro. Dicho de otro modo: jamás sabré si la gente que Ferry tiene que matar sigue viva en la serie, si la mujer que conoce es su mujer en la serie o cosas por el estilo. El que tiene esa «info» apreciará la película de un modo similar, digamos, al que lo hacemos los que vemos BETTER CALL SAUL tras haber visto BREAKING BAD.

Esa lógica, no tengo ninguna duda, es la inspiración de FERRY. Y para respetar la «ignorancia» de otros que no vieron UNDERCOVER trataré de ser módico con la descripción de lo que pasa. Ferry es un cincuentón (o cuarentón mal llevado) poco amigable, panzón y cocainómano, que trabaja como matón para un tal Brink, un mafioso de Amsterdam. Cuando el hijo del capo muere en un ataque a su banda, Ferry es enviado a encontrar y a hacerse cargo de los culpables, que operan en una zona del sur de los Países Bajos, cercana a Bélgica, de la que él mismo es oriundo.


Allí viven su hermana y su cuñado con quienes tiene una complicada relación (a ella le quedan pocos meses de vida) y allí también conoce a Danielle (Elise Schaap), una chica con la que empieza una relación casual que se va volviendo más seria al punto de –por motivos que no conviene detallar– poner en peligro la tarea que el hombre debe realizar allí. Es así que, promediando el relato, FERRY deja un poco de lado la parte más típicamente policial de este tipo de tramas para transformarse en una historia romántica y con toques cómicos (Danielle lo introduce en el mundo del «éxtasis», guiño que entenderán los fans de UNDERCOVER) que sirve también para humanizar a un personaje que de entrada se presenta como bastante repulsivo.

La película funciona bastante bien dentro de una probada fórmula en la que un asesino a sueldo pone en riesgo su trabajo al «conectarse» humanamente con personas que pueden estar involucradas en su operación. En algún punto las «fidelidades» de Ferry (la laboral y la romántica) se cruzarán y lo obligarán a tomar algunas decisiones que pondrán en peligro su vida y la de Danielle. Los que vieron la serie, claramente, tendrán una privilegiada información acerca de lo que pasa de ahí en adelante. Para los neófitos resulta bastante tenso e intrigante saber quién logra salir más o menos indemne de la cuestión.

Si bien FERRY funciona aceptablemente en sus propios términos –el conflicto humano/policial y la manera en la que el duro gángster debe sensibilizarse casi a contramano de sus brutales instintos están bien dosificados en el guión, que a la vez toma algunas ideas de LOS SOPRANOS–, tampoco es el tipo de producto que hará que todos los que terminen de verlo arranquen desesperadamente a ver las dos temporadas disponibles de UNDERCOVER. Es una película agradable, entretenida y con momentos tensos, pero no terminé convencido de ver después veinte episodios centrados en estos personajes.



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