Estrenos online: crítica de “A vigilante”, de Sarah Daggar-Nickson (Netflix)

Estrenos online: crítica de “A vigilante”, de Sarah Daggar-Nickson (Netflix)

Esta impactante película de 2018 que estrena Netflix narra la historia de una mujer que rescata a otras de situaciones de violencia doméstica. Con una muy intensa Olivia Wilde.


Una película inusual por donde se la mire, A VIGILANTE (2018) es lo que promete su título y a la vez no. Es una historia violenta, de revancha, pero también un drama personal acerca de una mujer (de varias, en realidad) víctima de abusos. Estilisticamente es también una mezcla rara de drama indie, contemplativo y emocional, con una historia de origen de lo que podría ser un vengador a la John Wick o a cualquiera interpretado por Liam Neeson. Solo que aquí en la piel, el rostro y, especialmente, la transpiración de Olivia Wilde.

La actuación de la intérprete/directora es uno de los elementos llamativos de este debut de la realizadora Daggar-Nickson. Cruda, con las emociones a flor de piel, como si estuviera a punto de implotar en cualquier momento, la de Wilde es una performance muy alejada de las versiones cool de este tipo de personajes en sus versiones masculinas, tipo Clint Eastwood o Charles Bronson. Pasa de la seguridad y la furia al llanto y la bronca, de la violencia seca a la vulnerabilidad absoluta. Y para entender esa rara involución hay que prestar atención a la curiosa «línea de tiempo» de la película, que es bastante más compleja de lo que parece.

Cuando la conocemos Sadie parece una asesina profesional. Se pone lentes de contacto de otro color, se cambia el peinado, se maquilla como una mujer mucho mayor. ¿Para qué? Pronto veremos qué su «tarea» consiste en salvar a víctimas de violencia doméstica, especialmente mujeres y niños. Y la primera parte del film se irá en verla actuar en varios de esos casos. A la vez el film nos la mostrará en la intimidad, golpeando con virulencia un saco de boxeo, llorando, bailando y dando la impresión que es más frágil de lo que parece o que algo muy duro le sucedió en el pasado.


En paralelo la veremos atendiendo reuniones de mujeres víctimas de abusos y violencia de género. En escenas naturalistas, con personas que no parecen ser actores profesionales, la película nos cuenta historias de vida durísimas. De a poco, si uno pone atención a su actitud en esas escenas (y a su corte de pelo, mucho más largo) notará que son previas a las que vimos antes. Y de ahí en adelante la película se irá yendo a un tiempo pasado, a contar esa historia de origen de la dura vengadora que conocimos al principio del film.

En más de un sentido, A VIGILANTE son dos películas en una. En esta rara presentación del tiempo, en los tonos que cambian del drama humano al thriller violento y en la manera en la que directora construye la puesta en escena. Planos largos, económicos, con la cámara muchas veces encima del siempre ocupado rostro de Wilde, la película es como la versión feminista de esos thrillers existenciales sobre asesinos a sueldo en crisis. Los que crean que todo será acción constante se llevarán una sorpresa.

En su segunda parte (o primera, temporalmente hablando), la película se vuelve excesivamente cruenta a la hora de mostrar incómodas escenas de violencia de género, lo cual quizás pueda incomodar a algunos espectadores. Y si bien es cierto que la directora tiene la delicadeza de cortar y no mostrar los momentos más crudos, la sufriente cara de Wilde transmite igualmente la sensación de dolor y brutalidad. Es ahí que su personaje descubre a la vengadora en la que luego se convertirá.

Se puede decir que su Sadie es una especie de luchadora solitaria que busca hacer justicia por mano propia. Pero la película marca, de todos modos, los límites de su tarea: salvar a las víctimas más que hacer justicia con los victimarios. Es un ángel vengador, si se quiere, pero uno cuya lógica está más cerca de la solidaridad que del ojo por ojo.