Estrenos online: crítica de «Luca», de Enrico Casarosa (Disney+)

Estrenos online: crítica de «Luca», de Enrico Casarosa (Disney+)

Esta pequeña y encantadora película de Pixar cuenta las desventuras de dos amigos, criaturas marinas ambos, cuando se mezclan con los habitantes de una coqueta ciudad costera italiana.


Hay varias maneras de acercarse a LUCA. La primera y más obvia tiene que ver con que es un film de animación de Pixar un tanto más sencillo y tradicional que los más recientes, con un estilo clásico de dibujos que recuerdan a films de los años ’50, especialmente al tener esos escenarios y looks italianos tan caros al cine de esa época. Otra manera de verla es prestándole atención a su evidente italianidad. Dirigida por Enrico Casarosa (su nombre casi parece un apodo de tan italiano que suena), la película juega al borde de la parodia con ciertos lugares comunes del imaginario de ese país, desde las pastas hasta los gestos pasando por la pasión por las Vespas, las bicicletas y su típica música. Y la otra, la más interesante, es verla como una clara metáfora –dulce, tierna, conmovedora– sobre una relación entre dos chicos que son, claramente, el uno para el otro.

¿Es LUCA la primera película abiertamente gay de Disney? Decirlo así puede sonar un tanto exagerado y seguramente muchos podrán ver la película sin jamás prestar atención a ese ángulo ni darle espacio a esa lectura. Es, sí, bastante evidente si uno la piensa mínimamente en esos términos. Es la historia de Luca y Alberto, dos amigos, criaturas marinas nacidas en el fondo del mar, que por distintos motivos empiezan a vivir fuera del agua y sobre la Tierra cobran forma humana. Esto es, siempre que no se mojen y se vea su verdadero aspecto particularmente multicolor.

Los dos empiezan a vivir en un coqueto pueblo costero llamado Portorosso (claramente inspirado en Vernazza, Manarola y el look de las pequeñas y bellísimas ciudades de Cinque Terre) y saben que no pueden dar a conocer su identidad porque la comunidad toda está obsesionada por perseguir, capturar y matar a esas criaturas que suponen peligrosas. Y es a través de una serie de aventuras (un curioso triatlón, fundamentalmente) que Luca y Alberto, los dos amigos anfibios, deberán tratar de sobrevivir a la turba o convencerlos que pertenecen al lugar tanto como los demás.


La trama los une a Giulia, una chica un tanto nerd y poco querida en el pueblo, la típica citadina (es de Génova) que viene a pasar los veranos allí y no tiene amigos en el lugar. Y además está Ercole, el bully del pueblo, que la odia y molesta todo el tiempo. Giulia conoce a Luca y Alberto –no sabe que son, bueno, criaturas marinas–, se hace amigo de ellos, que no conocen a nadie y no entienden mucho de cómo se vive sobre el nivel del mar (comen pastas con las manos, ¡el horror!), y entre los tres intentan participar en el triatlón en cuestión. El triángulo despierta celos en Alberto, ya que nota que Giulia y Luca tienen una conexión especial. Y eso terminará por sacar a la luz la verdad del asunto.

Es una película más simple, directa y old school que las más recientes de Disney, con menos efectos, una trama no tan enredada ni «filosófica» y bastante más cercana a ciertas tradiciones europeas y hasta asiáticas. Se ha dicho que tiene algo del cine de Hayao Miyazaki y es cierto, ya que recuerda a clásicos del Studio Ghibli como PONYO. Del cine italiano toma el universo estético de la época y una serie de tradiciones (que bordean el cliché y se entienden en el contexto de una película para niños y niñas) pero llamarla «felliniana» es claramente una exageración, salvo que uno la piense así por el aspecto físico de un par de personajes.

De hecho, si uno quiere pensar en una película italiana parecida tiene que recaer en CALL ME BY YOUR NAME, de Luca (je!) Guadagnino. Hay muchos elementos en común: la relación entre dos chicos –uno más grande que el otro–, los celos, la indecisión y la relación con la familia de uno de ellos, el menor. En este caso, Luca debe lidiar también con sus padres que no quieren saber nada con que el chico suba a la superficie por temor a que sea descubierto y agredido. La película tampoco propone una especie de mundo submarino LGBT+ –los padres de Luca son heterosexuales, si es que podemos usar esos términos aquí–, pero es un lugar que, finalmente, termina revelándose como más abierto a todo tipo de disidencias.

La película tiene un recorrido narrativo clásico, con la carrera en cuestión como centro de la acción y con la potencial caída de la lluvia como el enemigo que puede revelar la «identidad secreta» de Luca y Alberto. Y en su última parte LUCA decididamente hace un llamado por la inclusión, con los paraguas funcionando como los «armarios» de algunos personajes (hay una simpática sorpresita por ahí) y una apuesta decidida por el melodrama a la antigua. En su manera engañosamente convencional, termina siendo una de las películas más disruptivas de la compañía. Una historia de amor que es también una de crecimiento y que propone la idea de salir a enfrentar el mundo tal cual uno es, sin necesidad de andar escondiéndose abajo de un paraguas.



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