Series: crítica de «Elvis: el Rey del Rock and Roll», de Thom Zimny (Netflix)

Series: crítica de «Elvis: el Rey del Rock and Roll», de Thom Zimny (Netflix)

Esta serie documental de dos episodios recorre la carrera de Elvis Presley centrándose fundamentalmente en lo musical: sus influencias, sus inicios y sus muchas veces interrumpidas búsquedas creativas.


En su «maradoniana» vida repleta de talento, fama, excesos, gloria y ocaso, Elvis Presley se volvió un mito, una imagen, una referencia que está más ligada a un recorrido de ascenso y caída que a los detalles específicos de ese viaje. Están las grandes postas, los incunables, los momentos claves y los evidentes grandes éxitos, pero la mayor parte de las veces la figura de Elvis no sale, en el imaginario popular, de esa encerrona y de sus disfraces. Es difícil, muy difícil –tanto como lo fue para él– recuperar su esencia, poder contar alguna verdad acerca de su vida y de su carrera.

En sus documentales –sobre Bruce Springsteen, fundamentalmente, pero también sobre Johnny Cash–, Thom Zimny ha logrado siempre jugar en el límite entre el retrato de la persona y del personaje, entre la realidad y el mito. En este caso, entre Elvis Presley y «Elvis». No es un documentalista que intente reinventar el formato de las biopics ni mucho menos. Lo que hace, en algún sentido, se asemeja más al trabajo de un autor de biografías literarias (esta serie “se organiza” en torno a los excelentes libros sobre Presley de Peter Guralnick) que al de un «documentalista profesional» de los últimos tiempos: intenta salir un poco de los grandes titulares y de los momentos de impacto dramático para ir a algo más profundo, complejo y contextual.

THE SEARCHER (aquí presentada con el anodino título de EL REY DEL ROCK AND ROLL, estrenada en HBO en 2018 pero ahora subida a Netflix) trata de mostrar a Elvis en relación a sus tiempos. Es una biografía de su carrera que no evita sus beats más esperables, pero que no pone su principal atención en eso, casi desafiando a una época en la que se celebra y espera más que nada una colección de momentos dramáticos, trágicos o instagrammeables. Zimny quiere contar a Elvis como personaje, sí, pero más que nada como producto de una época, el cruce de vectores musicales, sociales y personales que lo convirtieron en un mito. Salir de Elvis y volver a Presley. O reunir a los dos de vuelta en una misma persona.


Es por eso que, de los dos episodios de esta serie, el mejor es el primero. Allí se cuenta la primera etapa del cantante que, al menos a la vista del gran público, logró combinar tradiciones dispares como el blues, el bluegrass, el gospel (blanco y negro) y el country para posibilitar eso que se conoció como rock and roll. La historia del chico pobre y blanco de Tupelo, Mississippi, con caderas veloces, una voz prodigiosa y un rostro que podía ser angelical y pícaro a la vez que adoptó, cruzó y destiló diferentes esencias musicales para patentar una propia. Es cierto: no inventó el rock and roll ni mucho menos. Pero lo llevó a lugares a los que, al menos entonces, no hubiera llegado sin él. Y le dio un sex appeal que caracterizó al género por décadas.

Los años sureños, con Sun Records de Sam Phillips, son sin dudas los años de su formación y éxito, los de consolidación de una imagen y creación de un rubro. El primer episodio pone el eje en esa etapa, su paso de allí a los grandes sellos, su corte para hacer el servicio militar en Alemania y su regreso a Estados Unidos. Con imágenes conocidas y no tanto, grabaciones (conocidas y no tanto) y testimonios de personas especializadas más en lo musical que en lo anecdótico/turbulento (Springsteen, Robbie Robertson, Tom Petty, muchos de los músicos que trabajaron con él, productores, célebres periodistas que escribieron sobre su vida y su esposa Priscilla), la primera parte de THE SEARCHER hace una pintura no necesariamente reveladora pero sí muy detallada del Presley de los años ’50.

El segundo episodio cubre su etapa más inasible: turbulenta, extravagante, tediosa (en lo musical, por un buen tiempo), excesiva, llena de idas y vueltas. Pero aún en esos poco más de 15 años en los que su aporte a la historia del rock —que se había movido para otro lado— fue más bien pobre, Zimny se las arregla para poner en duda algunas de las ideas establecidas respecto a esa etapa (básicamente, que fue todo un gran desperdicio de talento) y analizar en detalle sus vaivenes. El eje –uno que el documental tiene desde el principio– pasa por el especial para televisión que filmó en 1968 y que marcó su «regreso» después de más de un lustro dedicado a hacer malas películas plagadas de anodinas canciones. A partir de allí es que la serie va y viene entre el Presley más apegado a sus pasiones musicales y el más perdido en los vaivenes de su carrera.

Como buen «documental oficial», THE SEARCHER evita algunas zonas controvertidas de su vida. En algunos temas, esa omisión es bienvenida: demasiado tiempo y demasiadas biografías se perdieron en la telenovela de su vida, sus excesos, romances y consumos. En otros, es un tanto más caprichoso, ya que se evita ciertos hablar de algunos raros vaivenes políticos de su vida para intentar hacer una pintura «progresista» de su carrera, traje que le queda un poco holgado. El «enemigo» elegido es el tristemente célebre Coronel Tom Parker, su manager, y el hombre al que se responsabiliza de haber limitado las posibilidades expresivas y creativas de Presley, forzándolo a convertirse en una caricatura de sí mismo y alejándolo de sus intereses musicales más genuinos.


Ya desde el título, THE SEARCHER da a entender que Zimny ve a Presley como un «buscador», como alguien que intentó quebrar barreras musicales y sociales en los Estados Unidos, avanzar todo el tiempo. Y, en ese recorrido, Parker es algo así como su límite, su némesis, el hombre que frustró todos y cada uno de sus intentos por cambiar. Quizás no haya sido tan así (el documental da a entender que durante mucho tiempo a Elvis le interesó poco y nada estar «al día» con los cambios musicales de los ’60), pero es claro que hubo otra carrera posible allí y que quedó un poco trunca. No solo por la temprana muerte de Presley sino por una serie de decisiones artísticas y comerciales que no hicieron más que arruinar casi cualquier avance o intento de cambio, transformando al artista en una máquina de producir dinero en plan reciclaje permanente, especialmente en los años ’70 de shows en Las Vegas y tours desgastantes.

Lo que el documental recupera, además, es al Elvis performer, algo que los libros solo pueden explicar y los discos, inferir. Y en ese sentido lo que THE SEARCHER hace es ampliar esa figura pública que parece ir, en el imaginario popular al menos, del joven rock and roll star de los ’50 al excesivo divo de los ’70 sin nada en el medio. Hay muchos otros Elvis ahí: el del country, el del gospel, el acústico, el blusero, el operístico, el cantante que entendía todo y sabía cómo hacer cada una de esas cosas casi mejor que nadie. Esa recuperación realizada en estos años de su producción de fines de los ’60 y principios de los ’70 (ver sino las reediciones de algunos de los discos de esa época, en especial el excelente «From Elvis in Nashville«) permite disfrutar de ese artista que era la suma de todos los otros dos. Era Elvis y también Presley. Era el chico de Tupelo en el castigado cuerpo de un treintañero. Y era el tipo que cargaba encima con la sabiduría de medio siglo de música popular.