Estrenos: crítica de «The Green Knight», de David Lowery

Estrenos: crítica de «The Green Knight», de David Lowery

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19 Ago, 2021 05:13 | comentarios

Protagonizada por Dev Patel y Alicia Vikander, esta lectura de la leyenda arturiana de «Gawain y el Caballero verde» se convierte en una película compleja, mágica y asombrosa.


Pocas leyendas arturianas han tenido un traslado al cine efectivo, uno que logre combinar el carácter épico y fantástico de sus historias con un drama humano, personal y profundo sobre el sentido de la propia vida. EXCALIBUR, de John Boorman; LANCELOT DU LAC, de Robert Bresson y, de un modo muy diferente, LOS CABALLEROS DE LA MESA CUADRADA, de Monty Python, han estado a la altura del peso de esa enorme tradición de las historias legendarias de Bretaña. Y ahora habrá que agregar una más: EL CABALLERO VERDE (THE GREEN KNIGHT), de David Lowery. Aquí, el ecléctico pero siempre muy personal realizador de A GHOST STORY y PETE’S DRAGON toma uno de los capítulos menos difundidos de la mitología artúrica y logra hacer con él una película épica y a la vez íntima, bella y oscura, que narra un viaje de recorrido perturbador y de destino incierto por parte de Gawain (Dev Patel), el sobrino del Rey Arturo, en su intento de probar su honor, descubrirse a sí mismo y ver si posee lo necesario para sentarse a la mesa de los caballeros.

La de Lowery representa un giro en el recorrido de este tipo de película. En los últimos años, gracias a títulos como EL REY ARTURO, de Antoine Fuqua (2004) y EL REY ARTURO Y LA LEYENDA DE LA ESPADA, de Guy Ritchie (2017), entre otros, el modo de apropiación de estas leyendas venía por el lado del cine de acción. Y solían tener un objetivo claro: construir con la mitología de Camelot una suerte de «multiverso» de historias y personajes interrelacionados, una saga de aventuras que pudiera ser una suerte de STAR WARS medieval ampliamente expandible. Lowery se escapa de todo eso. THE GREEN KNIGHT no pertenece (al menos por ahora y es de esperar que siga así) a ninguna saga. Es más un viaje que una aventura, es un desafío más que un combate y es un juego mental más que uno físico.

Con algunas alteraciones al poema original del que se desprendió la leyenda de «El Caballero Verde», la película se centra en el tal Gawain (Patel), joven sobrino del Rey Arturo cuya «vida disipada» parece tener poco que ver con lo que sucede en las altas esferas del poder de Camelot. Está en un burdel con Essel (Alicia Vikander), una mujer que no pertenece a su casta y de la que está enamorado, cuando es convocado por su madre –la hechicera Morgana (Sarita Choudhury), en una modificación a la tradición arturiana– a los festejos navideños del palacio real. Allí queda claro que su tío (Sean Harris) lo quiere insertar en su grupo de caballeros, aunque él no se sienta del todo preparado.


Mientras Morgana arma algún tipo de hechizo, hasta allí llegará, sorpresivamente (quizás es el hechizo en cuestión), un gigantesco caballero que porta una máscara verde y un enorme hacha planteando un desafío: le dará su hacha a un hombre para que intente decapitarlo con la condición que, un año después, ese hombre viaje a su guarida y el Caballero pueda hacer lo mismo con él. Nadie parece animarse a enfrentarlo hasta que Gawain acepta el reto, toma el hacha temblorosamente, el Caballero se hinca y el impresionable joven lo descabeza. Pero el asunto no termina ahí ya que el enorme sujeto se levanta, vuelve a colocarse la cabeza en su lugar como si nada y se va en plan «te espero el año que viene en mi casa». El desafío sigue en pie.

En el año que pasa hasta la próxima Navidad, Gawain ya se vuelve toda una celebridad: se hacen canciones con su momento de fama, su decapitación del Caballero Verde es parte de leyendas infantiles –se recuerda con títeres que agrandan su hazaña– y su relación con Essel va creciendo. Pero Gawain sabe que lo que hizo no fue tan glorioso y vive apenado, bebiendo y sin encontrarle mucho sentido a su vida. Hasta que llega la fecha temida y al hombre no le queda otra que cumplir su parte del trato: emprender el viaje a la Capilla Verde con su hacha y poner su cabeza a merced del Caballero. ¿Descubrirá algo acerca de sí mismo en ese recorrido?

THE GREEN KNIGHT contará ese viaje fabuloso, lleno de excéntricos encuentros, personajes curiosos y cada vez más enrarecidas situaciones. El tipo se topará con vagabundos peligrosos, con criaturas gigantes, con personas que pueden o no estar vivas y con otras que se parecen llamativamente a algunas que conoce (por su ruta aparecerán los omnipresentes y tenebrosos Joel Edgerton y Barry Keough), pero raramente Lowery armará las situaciones en función de la acción o el suspenso, sino más bien a partir del asombro y hasta del miedo que atora y confunde a Gawain. Perdido en un viaje «hacia el norte», separado por momentos de su hacha y su caballo, el hombre se irá enredando en caminos más y más alucinatorios con un pequeño lobo como única compañía y un destino que se supone terminal.

Es una película mágica, visualmente asombrosa, de esas que cortan la respiración y que merecerían verse en pantalla grande. Lowery conjuga muy bien la épica del viaje de descubrimiento con la magia y el misterio de adentrarse en tierras inexploradas. Más ligada a EXCALIBUR que a cualquier otra película del subgénero –aunque con elementos que la convierten en una especie de oscuro MAGO DE OZ revisado por David Lynch con ayuda de Hayao Miyazaki–, THE GREEN KNIGHT es un film que jamás es condescendiente con sus espectadores y que le plantea todo al tiempo –al que mira y también al protagonista– descifrar la naturaleza de las situaciones que se viven. En ese sentido, los ojos enormes, abiertos e impresionados de Patel representan a ese espectador entre fascinado y horrorizado por las situaciones que le toca atravesar y los extraños personajes con los que se va cruzando.


Quizás lo más interesante de la película –que interpreta el poema original a su manera, algo que los estudiosos del tema podrán descifrar mejor que yo– es la manera ambigua con la que se relaciona con la idea del honor, el heroísmo y la «caballerosidad». Las hazañas de Gawain raramente podrían considerarse como eso y aún su supuesta altura moral (requisito imprescindible para sentarse en la mesa redonda) se pone bajo cuestionamiento. No se puede revelar demasiado lo que pasa, pero las últimas secuencias del film insisten aún más sobre estos ejes y –sin perder jamás la sutileza ni la sugestión, al punto de abrazar la confusión– arman un retrato bastante turbulento de cierta idea tradicional de la masculinidad heroica y alteran el rol de las mujeres en este tipo de gestas.

Sí, THE GREEN KNIGHT será más amigable a los fans del cine de arte y de autor que a los que vayan a buscar en ella un relato de aventuras al uso actual. Pero Lowery no abandona la majestuosidad ni el carácter expansivo del relato clásico, solo que lo maneja en sus propios términos, algo que puede también notarse en el uso suntuoso, casi excesivo, de la música. De alguna manera la película se ubica a mitad de camino entre la maravillosamente críptica A GHOST STORY y la más clásica PETE’S DRAGON: es un relato de aventuras old school, pero uno que pone más el acento en dejarse llevar y embeberse en el misterio, y no tanto en tratar de atravesar el bosque a los hachazos. Pero como lo demostró Robert Bresson en su momento, aún alejándose de los modelos canónicos del relato de la época, la leyenda sobrevive. No solo eso. Se vuelve única, específica, inolvidable.