Series: crítica de «Hit & Run», de Lior Raz, Avi Issacharoff, Dawn Prestwich y Nicole Yorkin (Netflix)

Series: crítica de «Hit & Run», de Lior Raz, Avi Issacharoff, Dawn Prestwich y Nicole Yorkin (Netflix)

Esta serie de los creadores de «Fauda» se centra en un israelí que investiga la muerte de su mujer estadounidense en circunstancias sospechosas y que viaja a Estados Unidos para resolver el enredado misterio.


Las series israelíes son reconocidas y tienen éxito internacionalmente desde hace ya bastante tiempo. Algunas, en su versión original y otras, adaptadas en Estados Unidos, Europa o hasta América Latina. FAUDA y SHTISEL, quizás, son las más conocidas de las primeras tal vez por estar en Netflix (hay una miniserie llamada OUR BOYS, que está en HBO Max y que es también muy buena) mientras que otras se han conocido más en sus adaptaciones, como son los casos de IN TREATMENT o HOMELAND. El caso de HIT & RUN es singular, ya que es la primera serie hecha en Israel que transcurre en buena parte en los Estados Unidos. ¿La idea? Aprovechar lo mejor de ambos mundos: la calidad de la producción israelí, pero en idioma inglés y escenarios neoyorquinos, con la mayor proyección internacional que eso podría darle.

A eso hay que sumarle otro factor que la vuelve promisoria: es de los creadores de FAUDA. Si bien no vi esa serie, es la que figura en casi todas las encuestas como la mejor de todas las que se han hecho en Israel hasta el momento. Es así que Avi Issacharoff y Lior Raz (quienes hicieron esa serie en base a sus experiencias en el ejército israelí) se unieron a los norteamericanos Dawn Prestwich y Nicole Yorkin (productores de la adaptación de THE KILLING, entre otras) para armar este producto de nueve episodios que trata de combinar el thriller político israelí con elementos de trama de suspenso más típicos del policial estadounidense.

El experimento funciona relativamente bien al principio, pero no termina por ser del todo convincente. Quizás haya algo en la unión de ambos mundos que no termine de resultar del todo lógico o ajustado –no es fácil trasladar lógicas operativas, actuaciones, diálogos y coherencia narrativa de un país a otro–, o simplemente se trate de una trama que gira más veces que lo aceptable para el espectador. Se trata de una serie entretenida e intrigante, que genera inquietud por donde se la mire, pero que se abre por más y más ramas al punto de volverse entre confusa e irrelevante. Y desaprovecha un poco los choques culturales que podrían haber sido uno de sus ejes centrales.


El propio Lior Raz (protagonista también de FAUDA) interpreta al protagonista, Segev Azulai, uno de esos tipos israelíes con los que mejor no discutir en medio del tránsito. Amable y cariñoso con los suyos, es sin embargo bastante directo, brusco y poco considerado para con el resto del mundo, en ese estilo tan local de evitar cualquier tipo de sutileza y andar por la vida con pasmosa seguridad en sí mismo. Si bien se dedica a organizar tours en Tel Aviv para turistas extranjeros, se nota que tiene un pasado militar que excede el paso obligatorio por ese servicio que tienen todos los ciudadanos israelíes.

El hombre está casado con una mujer muy distinta a él: una bailarina estadounidense bella, elegante y refinada llamada Danielle (Kaelen Ohm), a quien conoció dando uno de esos tours. Más de un amigo le comenta que es una pareja despareja, pero él no hace más que poner su cara de bulldog y no dar importancia a lo que se le dice. Segev tiene una hija de un anterior matrimonio que se lleva muy bien con ella y la adora. A Danielle le sale una oportunidad de viajar a Nueva York a dar una audición en una prestigiosa escuela de danza, pero al cruzar la calle volviendo de comprar un café camino al aeropuerto es atropellada por un auto que se da a la fuga (de ahí el título de la serie) y desaparece. Ella muere sobre el asfalto, a la vista de todos.

Segev, lógicamente, enloquece. Pero el sufrimiento lo transforma en acción ya que se pone a investigar quiénes fueron los que la mataron. Con la ayuda de Tali (Moran Rosenblatt), una amiga de la familia que es detective de la policía (eso siempre viene bien, obviamente), Segev se pone en la búsqueda del culpable y encuentra lazos que ligan al auto utilizado con gángsters locales y con potenciales enemigos suyos. No solo eso, sino que un tipo entra a matarlo a su casa y luego le ponen una bomba ahí. Convencido que se trata de una revancha por algún hecho en el que él estuvo involucrado en el pasado, Segev tira del hilo de las pistas y va hasta Nueva York a iniciar ahí una investigación con la ayuda de Ron (Gal Toren), un viejo compañero del ejército que vive en Queens.


Allí, claro, descubrirá que no todo es lo que parece y que hay muchos otros secretos que desconocía, en particular ligados a Danielle y a su familia (su padre lo encarna Gregg Henry, veterano del cine de Brian De Palma). De hecho, al principio de la serie se da a entender que Danielle ocultaba algún tipo de relación con un hombre con todas las características de un affaire amoroso. Y también aparece como rara la actitud de sus padres al no viajar a Israel para su funeral. Pero puede que haya más cosas todavía y que, acaso, aquel comentario de que eran «una pareja despareja» tenía más sentido que el de ser una broma.

Con su brusquedad habitual, Segev empieza a recorrer Nueva York «investigando» a la manera de un elefante en un bazar y llevándose a medio mundo por delante. Así se va enredando más y más en una trama que no para de abrir más y más posibilidades, muchas veces con la colaboración de Naomi (Sanaa Lathan), una ex novia estadounidense que ahora es –en otra de esas casualidades oportunas– periodista de investigación de una reconocida revista neoyorquina. De ahí en adelante para Segev la cuestión dejará de tener solo las características vengativas de una película de Liam Neeson para transformarse además en una de misterio y de intriga internacional.

Claramente con varios episodios más de los necesarios, HIT & RUN llega a su pico narrativo entre el tercer y el quinto episodio –son revelaciones tras revelaciones y más revelaciones– y luego se vuelve un tanto tediosa y enredada a la hora de desarmar esa bola de nieve de personajes y conspiraciones posibles, yendo muchas veces bastante más allá de las «casualidades» aceptables en este tipo de estructura policial, de suspenso y misterio. Dependerá también de la empatía que el espectador pueda tener con un tipo como Segev (a mí, lo reconozco, me cae pésimo ese tipo de personas), su capacidad como para «ponerse en sus zapatos» y avanzar con él en la brusca y violenta pesquisa.

Lo que es innegable es que el equipo de FAUDA maneja bastante bien las escenas de acción y suspenso, y los directores responsables de los episodios aprovechan las posibilidades que les da la trama para crear algunas situaciones tensas y violentas. Pero mi sensación es que en un momento el guión se les escapa de las manos, los diálogos se vuelven exposición pura y ya no hay disciplina técnica que sostenga a la serie. Se trata, también, de un tipo de producto que podrá generar discusiones del tipo político, pero hablar del tema sería entrar en el territorio del spoiler por lo que mejor dejarla para discutir en los comentarios, si es que así lo desean. No diría que HIT & RUN es una mala serie –podría resumirla, tan bruscamente como su protagonista, como «una del montón»–, pero quizás no sea la mejor puerta de entrada al mundo de la producción audiovisual israelí. Hay muchas otras cosas mejores para ver de lo que se hace allí.