Series: reseña de «Nueve perfectos desconocidos», de David E. Kelley (Amazon Prime Video)

Series: reseña de «Nueve perfectos desconocidos», de David E. Kelley (Amazon Prime Video)

Un grupo heterogéneo de personas con problemas va a un «centro de bienestar» atendido por una enigmática mujer con misteriosas intenciones. Con Nicole Kidman, Michael Shannon, Melissa McCarthy y gran elenco. Desde el domingo 22 en Amazon Prime Video.


Se dice, con razón, que las comparaciones son odiosas. Pero hay casos en las que son inevitables. Casualidades, si se quiere, que pueden hacer crecer a una película o una serie. O, como en este caso, más bien lo opuesto. En la crítica de EL REINO, hace poco, mencionaba este mismo hecho en relación al estreno (o re-estreno) de OKUPAS, ambas en Netflix. De algún modo, ver la serie «nueva» en relación a la «vieja», la perjudicaba, era una comparación de la que solo podía salir perdiendo. Con NUEVE PERFECTOS DESCONOCIDOS pasa algo parecido aunque más directo. Se estrena apenas terminada THE WHITE LOTUS, de Mike White, una serie con la que tiene (o parece tener, ya que aquí falta mucho) muchos puntos en común, desde el tema y los personajes a la casi única –y lujosa– locación. Pero lo que allí era todo sutileza, inteligencia y ambigüedad aquí se convierte en obviedad, trazo grueso, falta de gracia.

Y casi todo pasa por el guión y la dirección. Si uno pone elenco contra elenco se dará cuenta que el nivel actoral de esta serie es impecable y, en apariencia, mucho mejor que el de la otra. Solo citar a Nicole Kidman, Michael Shannon y Melissa McCarthy sirve para darse una idea. Y el resto del elenco no se le queda atrás. Pero por más que cada actor, por su cuenta, encuentre momentos para el lucimiento –y se esfuerce por sacarle el jugo a sus personajes–, las situaciones que atraviesan, los diálogos que les tocan en suerte y, seguramente, las indicaciones del director, no están a la altura de sus trabajos. En otras manos y con otro guión, quizás ese mismo elenco podía hacer maravillas con la misma novela que le sirve de base a la serie.

NUEVE PERFECTOS DESCONOCIDOS –de la que solo se vieron ya tres de sus ocho episodios, los que van el domingo 22 en Prime Video– se centra en una serie de personas que viaja a una suerte de retiro de bienestar llamado Tranquillum House para tratar de superar sus respectivos problemas personales. Es un lugar que no tiene publicidad y que casi no figura en internet, pero todos ellos lo encontraron fácilmente. ¿Será por casualidad o hay algo atrás de esa «convocatoria»? El lugar es un moderno resort perdido en medio de California y la serie arranca con los distintos personajes llegando allí, en una serie de escenas que funcionan a modo de presentación. En los episodios siguientes no solo se irán conociendo y surgirán varios conflictos entre ellos –tienen un nivel de intolerancia y violencia altos, así que las peleas surgen casi instantáneamente–, sino que uno se empezará a preguntar, con cada vez más preocupación, porqué fueron llevados allí y qué tipo de experimento se está haciendo con ellos.


Tres de los nueve son de la familia Marconi. El entusiasta padre Napoleon (Shannon), su perturbada esposa Heather (Asher Keddie) y su un tanto distante hija adolescente Zoe (Grace Van Patten). Son los únicos del grupo que, al menos en apariencia, no tienen mucho dinero. Y son lo que, además, tienen el problema más evidente de todos: Zach, el hermano mellizo de Zoe, se suicidó y eso es algo que ninguno ha podido superar, aunque tengan distintas maneras de procesarlo. McCarthy encarna a Frances Welty, una escritora de best-sellers que tiene varias crisis personales a las que suma una en camino al resort: su editorial no quiere seguir trabajando con ella.

Ben (Melvin Gregg) y Jessica Chandler (Samara Weaving) vienen en un auto de lujo, descapotable. Ella es una especie de modelo de fitness que no para de instagramear todo lo que hace y sobre él se conocerán detalles más adelante. Es claro, además, que no se llevan del todo bien. Bobby Cannavale encarna a Tony Hogburn, un tipo claramente perturbado y agresivo, que necesita medicación permanente y cuyo pasado se revelará también de a poco. El grupo se completa con Carmel Schneider (Regina Hall), una mujer ambivalente que pasa de la amabilidad casi cargosa a la agresividad sin términos medios, y con Lars Lee (Luke Evans), del que también se sabe poco al principio y que tampoco se caracteriza por sus buenos modales.

El problema de muchos –especialmente de Jessica y Tony– es que dentro de la casa no se puede tener teléfonos y, en principio, tampoco medicaciones. Allá tienen un menú muy específico y personalizado (la especialidad son los smoothies), y una serie de actividades diarias que van desde el spa, ir al río, hacer recorridos campestres y otras actividades al aire libre a sesiones terapéuticas y de masajes y/o relajación. Allí, claro, está la principal protagonista y la persona más misteriosa de todos: la responsable del lugar, Masha Dmitrichenko, que Nicole Kidman encarna como una mujer lánguida y casi etérea con un acento ruso marcado y un pasado un tanto oscuro. Ella y sus ayudantes (Tiffany Boone y Manny Jacinto como Delilah y Yao son los más involucrados) son los que se encargan de las actividades de los huéspedes. Supuestamente, en función de su bienestar.

Basada en la novela homónima de Liane Moriarty y con dirección de Jonathan Levine (ALL THE BOYS LOVE MANDY LANE, 50/50, WARM BODIES) en todos sus episodios, la serie sostiene bastante bien su misterio principal, ya que sigue siendo una incógnita entender qué es lo que hacen allí con los huéspedes, para qué y porqué son ellos los elegidos. Y Kidman sabe manejarse bien en ese nivel: su enigmática Masha es una incógnita permanente. Por más que la serie vaya develando cosas acerca de su vida, su historia y su personalidad, no sabemos qué se tiene entre manos y si hay alguien por detrás de ella, presionándola de algún modo.

El problema son los otros. Los «nueve desconocidos» –o la mayoría de ellos– parecen construidos con las más básicas pinceladas psicológicas, se los hace enfrentar constantemente por motivos que no tienen mayor relevancia y sus rivalidades cambian a cada momento, sin demasiada lógica. Recién al final del tercer episodio aparece una posible pista –no diremos de qué se trata– que podría explicar algunas de las cosas que empiezan a suceder allí. Pero más allá de eso, el problema es que es difícil tolerar a la mayoría de los invitados. Es cierto que parte de la propuesta es que sean personas «dañadas», pero no por eso hay que convertirlas en insoportables. Eso es algo que la diferencia de THE WHITE LOTUS, otra serie con un montón de huéspedes potencialmente desagradables a los que se les encontraban resquicios a partir de los cuales entrarles, hasta quererlos. Bueno, no a todos…

Aquí eso casi no sucede. Los diálogos son torpes, las caracterizaciones apenas correctas, los breves flashbacks son obvios y al final del tercer episodio uno solo sostiene el interés por la curiosidad que despierta saber qué se trae Masha entre manos, cuál es su siniestro plan si es que de eso se trata. Un poco como pasaba en VIEJOS –una película que, como estas dos series, también transcurría en un lugar alejado de todo, claramente motivado por las restricciones de filmar en pandemia y antes de la vacunación–, el misterio sostiene a los personajes, sin eso todo el asunto se desmorona. Shyamalan podía resolver la falta de carisma de sus protagonistas gracias a su ingenioso sentido para la puesta en escena, pero aquí ni siquiera está eso. En la serie de Mike White pasaba exactamente lo contrario: los personajes eran tan interesantes que tener que adivinar cuál era la víctima se volvía más un incordio que algo verdaderamente relevante.


La miniserie fue creada por Kelley, un veterano de la televisión, famoso ya desde la época de L.A. LAW y ALLY MCBEAL y que, tras unos cuantos años acumulando fracasos, regresó con el éxito con BIG LITTLE LIES, también basada en una novela de la misma Moriarty. Esa serie –que funcionó muy bien, luego hizo THE UNDOING, también con Kidman, con un tanto menos suerte– tenía similares problemas que esta: una enorme falta de elegancia y sutileza dentro de una trama atrapante. Es que Kelley, que viene de la televisión abierta, trabaja con trazos más gruesos, con esquemas más «telenovelescos» y motivaciones/oposiciones más claras, evidentes y machacadas hasta el cansancio. Quizás sus NUEVE PERFECTOS DESCONOCIDOS funcione con el público –o mejore con el correr de los episodios–, pero por lo visto hasta ahora está cerca de convertirse, por lo que prometía de antemano, en una de las posibles decepciones del año.