Festival de Toronto: crítica de «Arthur Rambo», de Laurent Cantet (Platform)

Festival de Toronto: crítica de «Arthur Rambo», de Laurent Cantet (Platform)

por - cine, Críticas, Festivales
14 Sep, 2021 01:50 | Sin comentarios

Este muy buen drama del realizador de «El empleo del tiempo» se centra en lo que le sucede a un joven y promisorio escritor francés cuando se descubren tuits suyos agresivos y discriminatorios escritos con un seudónimo.


Una estrella en ascenso en el mundo literario francés, Karim D. (Rabah Naït Oufella) tiene todo para triunfar. Es un joven de familia argelina que acaba de publicar su primera novela en la que narra su propia historia y la de su madre, y viene de presentarse en un programa cultural popular de la televisión francesa (sí, esas cosas allí suceden), de esos que hacen que la gente lo reconozca por las calles. Además, tiene un canal web con cientos de miles de fanáticos y se presenta casi como la voz de una nueva generación, un representante de una Francia nueva, joven, progresista y multicultural.

En los pocos días en los que transcurre esta historia a Karim lo recibirá la elite literaria francesa, que le dará besos, abrazos, le organizará cocktails, fiestas, le pondrán manager y jefe de prensa. Pero en la misma noche en la que tiene lugar uno de esos eventos las redes sociales estallan con una revelación. Karim tiene hace años un alter-ego en Twitter, al que le ha puesto de nombre «Arthur Rambo», y que es casi lo opuesto a él: una especie de troll agresivo, antisemita, misógino que ataca a gays, lesbianas, obesos, policías, políticos y todo lo que se le cruza por el camino. Uno de esos «personajes» que tienen miles de seguidores en esa red (Rambo tiene 200 mil) gracias a sus comentarios permanentemente desbocados.

Cuando sale a la luz la conexión entre ambos, la carrera de Karim se frena de golpe. Todo el universo cultural francés toma distancia de él, lo evita, lo margina y critica. Y algo parecido pasa con la mayoría de sus amigos y conocidos, que no entienden cómo pudo haber escrito esas cosas. Con alguna mínima excepción –como su familia, que sigue viviendo en unos edificios comunitarios en un barrio popular de las afueras de París–, Karim pasa a ser atacado por todos, especialmente los medios. Y la misma gente que antes le sonreía al verlo en la calle, ahora lo mira de costado y con mala cara.


Al principio Karim cree que todo pasará rápido y no le presta mucha atención al asunto. Supone que la gente entenderá que se trata de un personaje ficticio y que su provocación es solo un juego humorístico que no debe ser tomado en serio. Pero no sucede. Nadie se pone de su lado. Y durante el resto de la historia, ARTHUR RAMBO observará, por un lado, cómo explota ese costado público pero, más que nada, intentará descifrar qué parte de Karim hay en «Rambo», si es que hay alguna.

En una película breve, intensa y dramáticamente concentrada (en demasía, habría que decir, algunos episodios necesitarían respirar un poco más), Cantet logra meterse en un tema muy contemporáneo desde aristas bien diversas. Por un lado, se pregunta sobre el rol de las redes sociales en la vida pública, especialmente en todo lo que se relaciona con las llamadas «cancelaciones». Y también en cómo la propia lógica de esa red alimenta a ese tipo de criaturas monstruosas que se festejan por sus comentarios y desmesuras ideológicas.

Y por otro, la película husmea en un tema más local, ligado a los inmigrantes e hijos de inmigrantes en Francia y su relación con las burguesías y los intelectuales de ese país. Dicho de otro modo: Karim es el lado «aceptable» de los barrios bajos, un chico amable y elegante que tiene una historia de vida sacrificada que al mundo editorial le resulta «humanista». Y por eso lo festejan, auto-congratulándose y mostrando su amplitud a otros rostros, a otras voces. Pero Karim también tiene adentro algo de ese «Arthur Rambo», lo quiera reconocer o no, un lado oscuro que no es socialmente presentable y que marca el límite de lo que esa misma burguesía intelectual puede tolerar.

El director de RECURSOS HUMANOS no termina de salir del todo bien de la trampa en la que se mete el propio personaje –casi todo lo ligado a la relación con su hermano es un tanto confuso y de torpe resolución–, pero logra que ARTHUR RAMBO sea su mejor película en bastante tiempo. La más sutil y menos didáctica, la que mejor consigue entender las ambigüedades y sutilezas del discurso público sin tomar la salida fácil de condenar al personaje, y una de las que mejor analiza la propia lógica voraz de las redes sociales.

A cada espectador, seguramente, el personaje de Karim D. le hará recordar a una u otra estrella «caída en desgracia» de Twitter, alguna celebridad local cancelada por un motivo u otro. Y el mérito de Cantet está ahí también, en hacer de una situación local –inspirada en un caso real, el del periodista francés Mehdi Meklat– un reflejo de algo que puede pasar en cualquier lugar del mundo. Solo falta tener un teléfono en la mano, talento y pocos filtros a la hora de escribir para convertirse en una celebridad. Pero también para caer, igual de rápidamente, en el escarnio y el olvido.