Festivales: crítica de «El hoyo en la cerca», de Joaquín del Paso (Venecia)

Festivales: crítica de «El hoyo en la cerca», de Joaquín del Paso (Venecia)

por - cine, Críticas, Festivales
08 Sep, 2021 01:10 | Sin comentarios

Al contar las actividades adentro de un campamento para hijos de familias adineradas, la segunda película del realizador de «Maquinaria Panamericana» es una feroz crítica a las elites económicas y religiosas mexicanas. Compite en la sección Orizzonti del Festival de Venecia.


La reciente serie EL REINO ponía en juego una temática que EL HOYO EN LA CERCA refuerza en más de un sentido: la propagación cada vez más evidente de una derecha religiosa, conservadora, conectada con las elites políticas y económicas. La serie argentina y la película mexicana tienen otro punto en común: no se andan con vueltas, no son sutiles ni disimulan su objetivo, van directo al grano. En su segundo largometraje, el director de MAQUINARIA PANAMERICANA pone la mirada en un campamento para chicos de clase alta (salvo alguna excepción, son todos rubiecitos y de familias de dinero) organizado por una institución religiosa tipo Opus Dei y en las actividades y personajes que conviven allí. Ese lugar y sus alrededores serán el centro de la cada vez más violenta secuencia de acciones que se irán desarrollando.

Más allá de los peculiares y hasta peligrosos personajes que existen dentro del campamento (tanto los adultos como algunos niños, pero más que nada los primeros), el inicial temor pasa por el literal «hoyo en la cerca» al que refiere la película. Esa cerca es la que separa al campamento en cuestión de un pueblo humilde que está en las afueras. Y un enorme agujero en una de sus partes deja entrever que existe la posibilidad que algunos «elementos peligrosos» que viven del otro lado puedan colarse dentro de este «inmaculado templo». O eso al menos es lo que explica uno de los curas y encargados de cuidar y manejar a los chicos en el establecimiento. El enemigo ya está elegido.

Pero rápidamente vemos que el principal problema allí tiene menos que ver con el afuera y que está mucho más relacionado a las mecánicas de adoctrinamiento y a la convivencia dentro del campamento en sí. En esta mezcla de secta religiosa con entrenamiento de rugby, hay personajes temerarios, empezando por los siniestros curas y sus ayudantes, pero también buena parte de los chicos que viven en una atmósfera de bullying permanente y agobiante con otros niños como sus víctimas directas. Del Paso cuenta varias subtramas e integra más de una docena de personajes dentro de esta mecánica sin que ese ir y venir entre historias se vuelva confuso.


Es un camping armado, supuestamente, para crear líderes y fomentar relaciones, muchas de las cuales se verán reflejadas, años después, en posiciones políticas (algo que la película deja en claro en un personaje que aparece brevemente y que interpreta el propio realizador), pero en el fondo no es más que un escenario de adoctrinamiento y violencia entre supuestos amigos y dudosas relaciones entre chicos y adultos. La manera en la que todos logran «patear para afuera» los problemas internos que se van acumulando –y que son muchos– es culpando de cualquier cosa a los humildes habitantes del pueblo cercano. Y es eso lo que, más temprano que tarde, desembocará en escenas de caos y violencia.

Si bien se presenta como una especie de pintura de lucha de clases en México, en realidad EL HOYO EN LA CERCA analiza las características más oscuras de la clase dominante y privilegiada, la auto-asumida «elite» (en un momento se hacen llamar así) que se siente dueña del espacio que habita y del que no también. El problema con el afuera es más teórico que práctico (para ellos, los locales funcionan como «chivo expiatorio» de cualquier conflicto) ya que el principal foco de problemas está adentro, en los manejos de poder internos y en cómo los líderes o las personalidades dominantes del grupo abusan de los más frágiles.

No es sutil EL HOYO EN LA CERCA en su mensaje, si se quiere, político. Es una crítica feroz a las instituciones religiosas, a cierta cultura violenta y agresiva de «hermandad» en las clases sociales privilegiadas (es inevitable pensar, por momentos, en aquel escándalo de los tuits racistas de algunos rugbiers argentinos) y a cómo muchas veces las frustraciones y tensiones internas que crecen en esos ambientes terminan trasladándose a toda la sociedad. Es excesiva y quizás subrayada, sí, pero también se parece, más de lo que nos animamos a admitir o a reconocer, a la realidad que nos circunda en estos tiempos.