Ciclos: crítica de “Inventory”, de Darko Sinko (Encuentro de  Cine Europeo)

Ciclos: crítica de “Inventory”, de Darko Sinko (Encuentro de Cine Europeo)

Mezcla de drama y thriller, este film esloveno se centra en un hombre que investiga quién le disparó mientras estaba en su casa, lo que lo obliga a revisar cosas de su vida. El film, que se presentó en la competencia Nuev@s Director@s de San Sebastián, inaugura el Encuentro del Cine Europeo que se extenderá durante todo noviembre de modo virtual y gratuito.


A Boris Robič, un día, el mundo entero se le descalabra. Sucede del modo más inesperado. Boris es un hombre que parece rondar los 60, que trabaja como técnico en una universidad, casado, con un hijo y con una vida que parece el colmo de lo normal y convencional. Al regresar de su trabajo, sentado escuchando música en su casa, siente un ruido fuerte detrás suyo. Y luego otro. Son disparos, se da cuenta, y se agacha para cubrirse. El asunto concluye ahí, nada más sucede. Pero la vida de Boris no volverá a ser la misma.

Este film esloveno, que tiene más de drama existencial que de thriller, empezará por la esperable investigación. La policía llegará a la casa, mirará lo que sucedió y asegurará que se trató de disparos que vinieron desde el amplio parque que da a esa ventana. Lo que sigue luego es preguntarle a Boris quién pudo haber sido, si sabe de alguien que pueda querer matarlo, que lo odie, con quien tenga algún problema. El tipo no tiene idea. No encuentra posibilidades aparentes: ni su familia, ni la gente con la que trabaja, ni sus amigos o conocidos, cree, pueden tener que ver con esto. No logra encontrar en esa «inventario» que hace de su vida un sospechoso, nada. Y la policía, en su investigación de toda esa gente que él les nombra como «conocidos», tampoco. En realidad, ninguno tiene idea de por dónde siquiera arrancar.

El enigma consumirá, de a poco, al habitualmente calmo, timorato y reservado Boris. Al principio, en su trabajo lo reciben y le dan su apoyo, su familia trata de ayudarlo y la policía es consciente de su malestar. Pero de a poco eso se va modificando. Algunos, de hecho, no le creen cuando dice no tener enemigos y empiezan a sospechar que, en realidad, el tipo está ocultando algo. Pero todo parece indicar que no es así, al menos no que él sepa, y en cierto momento todos terminan volviendo a sus cosas, dando por sentado la conclusión más previsible: debe haber sido un accidente, alguna pandilla de jóvenes disparando, alguna casualidad, bala perdida, lo que sea.


Boris pretende hacer lo mismo y seguir con su vida, pero no puede. Y sigue tratando de entender qué pasó, perdiendo en el camino parte de la calma y razonabilidad que lo caracteriza: bebe, se enoja, desafía a gente innecesariamente. Y, lo que es peor, empieza a sospechar que quizás su vida «normal y convencional» en la que no hay enemigos a la vista y donde todos parecen respetarlo, quizás no sea tan así. ¿Su esposa realmente lo ama? ¿Y su hijo? ¿Y su viejo amigo de toda la vida? ¿Pudo haber hecho él algo en el pasado para molestarlos, para que ellos deseen su muerte?

INVENTORY –que estuvo en la competencia New Directors de San Sebastián y que, curiosamente, no ha tenido la repercusión que tienen otros films similares– tiene el tema y el tono que acostumbramos ver en buena parte del cine rumano, con esas películas que parten de una situación o investigación de características policiales y que van derivando hacia zonas más filosóficas, de casi imposible resolución. ¿Sabemos realmente quiénes nos rodean? ¿Sabemos cómo nos ven y qué piensan de nosotros? ¿Seremos tan «buenos» como creemos ser? Y, acaso lo más complejo de todo: ¿existe alguna posibilidad de tener control sobre lo que sucede en el mundo y a nosotros en él? Eso es lo que desespera a Boris, sin que al principio se note en su parca gestualidad. Ya no solo es saber quién le disparó sino la imposibilidad de volver a sentirse seguro en su vida, sin desconfiar no solo de los seres queridos sino, digamos, del mundo todo entero.

Se trata de una de esas tramas perfectas para esos tractos existencialistas literarios (seguramente existe ya alguno que gire sobre algo similar a esto) y Sinko logra llevarlo muy bien a través de sus quizás un tanto extensos 106 minutos. Si bien Boris empieza a investigar como un improvisado sabueso –hay un hombre que se llama igual que él y quizás era a quien buscaban, hay un seguro de vida del que se había olvidado, hay un amigo que tiene alguna vieja bronca–, el propio tono de la película da a entender que no se resolverá ni el caso ni su inquietud por el lado más clásico de la pesquisa. Y eso, quizás, hace que la película se sienta un poco más larga de lo necesario. Se sabe que, al fin y al cabo, es un problema entre Boris y la imposibilidad de controlarlo todo.

A la vez, el otro inquietante tema que esta película aborda tiene que ver con la autopercepción. Boris ha vivido su vida de manera digna, correcta, cree no haberle hecho mal a nadie y asume que su lugar en el mundo es el de «un hombre bueno» y que todos lo ven así. Y cuando esa idea se resquebraja –a partir de sus sospechas más que por evidencias en contrario– es como si se rompiera una cáscara de protección, esa que lo separa del caos del mundo real. Y de allí no se vuelve más. Es un virus que está ahí –metafórico quizás, pero tan potente como el que tenemos circulando– y que, aunque no lo veamos, nos hace mirar al mundo de otra manera. Y nos cambia de raiz.


La edición XVIII del Encuentro de Cine Europeo en Argentina (ECE) será virtual, con algunas funciones presenciales en CABA y en varias provincias argentinas. Estará disponible desde el 1 al 30 de noviembre, por aquí. Tendrá una función inaugural al aire libre, el 3 de noviembre a las 18, en el Centro Cultural Recoleta con la proyección de INVENTORY. El ECE está conformado por 14 películas y los países participantes son: Alemania, Austria, Bélgica (ver aquí), Dinamarca, Eslovenia, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Polonia y Portugal.