Estrenos online: crítica de «Claroscuro», de Rebecca Hall (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Claroscuro», de Rebecca Hall (Netflix)

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10 Nov, 2021 05:48 | comentarios

Este sutil e inteligente drama se centra en la relación entre dos mujeres negras, una de las cuales se hace pasar por blanca, en la Nueva York de los años ’20. Con Tessa Thompson y Ruth Negga.


La asimilación es, para cualquier tipo de minoría, un problema histórico y complejo. Existen todo tipo de historias y posibilidades, pero la llamada «asimilación racial» en la que se centra CLAROSCURO tiene ramificaciones complicadas. Adaptada de la novela de Nella Larsen de 1929, la opera prima como realizadora de la actriz británica Rebecca Hall toma como punto de partida el reencuentro casual de dos amigas de la infancia en Nueva York para meterse en ese áspero terreno de las personas negras de tez clara que intentan hacerse pasar por blancas, en principio, para ascender socialmente de un modo que no podrían si se «descubre» su raza.

Por un lado está Irene (Tessa Thompson), que está en el centro de la ciudad haciendo compras y tratando de no llamar demasiado la atención. Es una mujer negra de tez medianamente clara y logra, a través de ciertos artilugios (vestimenta, postura, modo de hablar, maquillaje) entrar a lugares y salones que suelen estar vedados para los afroamericanos. No legalmente (son los años ’20 en Nueva York), sino socialmente. Se siente observada, casi perseguida y muy incómoda, pero logra «pasar» más fácilmente de lo que supone. Estando en un elegante salón se topa con Clare (Ruth Negga), una mujer que se le acerca y a la que no reconoce. Al fin se da cuenta que es una amiga de la infancia quien, ella sí, se conduce ya directamente como un mujer blanca, sin pudores ni miedos. De hecho, está casada con un hombre blanco (Alexander Skarsgard) que ni siquiera sabe que ella está «haciéndose pasar».

El reencuentro es el punto de partida para analizar los distintos puntos de vista y actitudes raciales de la época, muchos de los cuales se extienden hasta ahora. Pero PASSING va más allá de ser una película «sobre» ese tema. Parte en realidad de allí para luego extenderse hacia otros asuntos ligados a la relación entre las ¿ex? amigas, a los celos, a la época de oro de Harlem de los años ’20, al racismo en términos generales y hasta incluye una trama policial que abre la película hacia otros territorios que no explora del todo pero que serán importantes en el futuro.


Formalmente, la película de Hall está llena de interesantes curiosidades. Trabaja la puesta en escena de manera entre refinada, elegante y hasta un tanto teatral –especialmente en lo que se refiere a las actuaciones–, usa el clásico formato 4:3 y tiene a su vez un raro manejo de los tiempos, generando la sensación de que es mucho el tiempo que pasa en la ficción aún cuando la película sea breve y episódica. Pero quizás su decisión más radical sea la de estar filmada en blanco y negro, lo cual termina generando una serie de lecturas interesantes sobre el tema racial ya que, claramente, los colores de piel no son vistos en el film como lo serían en la vida real. Y sobre ese juego, también, se monta la propuesta.

Es una historia también sobre la relación entre dos mujeres de personalidades diferentes que no se sienten del todo a gusto en el mundo en el que están o bien idealizan el que habita la otra. Cuando están juntas, al menos al principio, se caen las «pretensiones» y se comunican como cuando eran amigas de la infancia (un trabajo complejo de apreciar para los que no son angloparlantes son los cambios en el modo del habla ante distintas situaciones), pero a la vez hay importantes diferencias entre ellas. Clare parece extrañar a «su comunidad» y termina pasando gran parte de su tiempo libre con Irene y su familia, con una actitud casi siempre festiva y amable. De hecho, el marido de Irene, Brian (Andre Holland), le presta una atención que a su esposa, más modosa en sus maneras, empieza a incomodarle.

Irene, por un lado, idealiza ese «otro lado» de la ciudad, no quiere hablar demasiado de racismo y, de hecho, tiene miedo que su amiga sea descubierta por su marido blanco, quien deja muy en claro de entrada ser un racista de temer. Y es así que entre fiestas sociales, encuentros y desencuentros personales, microagresiones, celos e incomodidades varias se va generando este drama que va dejando de ser solo social para volverse íntimo, casi de relación entre amigas. Lo que nunca desaparece es esa sensación de que, en algún momento, alguien se dará cuenta del «engaño».

CLAROSCURO es una película sutil, delicada, muy inteligente en la construcción del mundo que muestra y que tiene una manera muy tramposa de hacer pasar como apacibles una serie de situaciones que se adivinan muy tensas, ya que raramente los personajes muestran su verdadera cara y sentimientos. Hay una larga lista de pequeñas diferencias que aparecen en el film, desde clases sociales al color de la piel –entre los propios afroamericanos–, pasando por niveles educativos y otros detalles novelísticos que la película deja como apuntes en segundo plano. Pero todos suman al interés dramático de la propuesta, al punto de que por momentos son más relevantes que lo que podría pensarse como trama principal.

Algo parecido pasa también con los detalles que Hall (y su DF Edu Grau) observan, el tipo de mirada que algunos podrían calificar como femenina, poniendo atención en cosas que no necesariamente conducen la trama desde lo narrativo pero sí desde lo emocional, fundamentalmente desde las sensaciones de la protagonista. A eso hay que sumarle la música en plan jazz de los años ’20 compuesta nada menos que por Devonté Hynes (AKA Blood Orange), otro elemento que suma en la construcción del curioso espacio cinematográfico en el que habitan los personajes.

CLAROSCURO es toda una rareza para Netflix, que la adquirió en el Festival de Sundance quizás con la mente puesta en premios y nominaciones. Puede tener alguna similitud aparente con MA RAINEY’S BLACK BOTTOM, pero es una película mucho más compleja, su búsqueda menos didáctica (cuando uno cree que sabe por donde irá el asunto luego se da cuenta que no es tan así) y su puesta en escena no tan displicente. Y tiene a dos actrices como Thompson y Negga que, literalmente, se llevan la película puesta en el cuerpo, especialmente la primera, que lidia con una serie de emociones mezcladas que seguramente son muy difíciles de interpretar. Imagino que no será uno de los éxitos de Top 10 de la compañía, pero es una de sus propuestas más inteligentes de los últimos meses.