Estrenos online: crítica de «Más dura será la caída», de Jeymes Samuel (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Más dura será la caída», de Jeymes Samuel (Netflix)

Este vibrante y creativo western protagonizado por actores afrodescendientes se centra en un pistolero que quiere vengarse de un hombre que mató a sus padres cuando era niño. Con Jonathan Majors, Idris Elba, Zazie Beets, Lakeith Stanfield, Delroy Lindo y Regina King. Estrena Netflix el 3 de noviembre.


Más cerca de la fantasía que de cualquier tipo de realismo –si bien «western» y «realismo» son dos palabras que no deberían nunca estar demasiado cerca–, THE HARDER THEY FALL es una peculiar y bastante atrapante adición a un género en el que todo ya está más o menos hecho y probado. No es que el realizador Jeymes Samuel reinvente el western ni mucho menos, pero lo que hace es combinar algunas de sus fórmulas, personajes, temas y estilos de una manera personal. Quizás no sea casual que la profesión principal del británico Samuel sea la de productor musical. De algún modo, su opera prima no solo tiene un lenguaje audiovisual claramente sostenido en función de su musicalidad sino que todo el proyecto puede verse como un gran remix de influencias.

En los papeles –en lo estrictamente anecdótico–, MAS DURA SERA LA CAIDA no le escapa a la convenciones clásicas del género: es un western de revancha en el que un hombre se obsesiona de por vida en vengarse de otro, en este caso del que mató a sus padres cuando era niño. Pero, si bien esa trama depara alguna inquietante sorpresa, lo principal para ver y analizar aquí no pasa por ese lado, sino por la manera que tiene Samuel para expresarse creativamente, casi como una versión afroamericana de Quentin Tarantino, tomando del spaghetti western y del cine de explotación de los ’70 pero también de registros más pop (Spike Lee es otra referencia, o aquella pirotécnica RAPIDA Y MORTAL que dirigió Sam Raimi en los ’90), películas musicales y hasta videoclips de décadas posteriores.

De entrada puede parecer todo un poco demasiado y en algunos momentos de los 137 minutos de esta película, uno siente que la inexperiencia –o las ganas de poner todo lo que alguna vez se le cruzó por la cabeza en su opera prima– le jugó un poco en contra. Pero de a poco la película va encontrando su ritmo, bajando un poco los decibeles (tan solo un poco) y logrando penetrar algo más en los arquetipos que, en principio, la protagonizan.


El primer ejercicio que hace Samuel es el de hacer un western exclusivamente protagonizado por actores negros. No es la primera vez que se hace, claro, pero es uno de los pocos en los que prácticamente no hay blancos (la única secuencia en la que aparecen es una de las mejores del film) sin que sea uno de esos films de bajo presupuesto hechos solo pensando en ese mercado, como lo fueron algunos en los ’70. Aquí hay media docena de estrellas puestas al servicio de este proyecto que es muy personal pero a la vez accesible y potencialmente comercial, por más que nunca sepamos bien los números de Netflix.

MAS DURA SERÁ LA CAÍDA toma personajes reales que existen en los registros y las leyendas del Oeste pero altera por completo sus historias, algo que la película nos aclara de entrada. El protagonista es Nat Love (Jonathan Majors), a quien conocemos siendo niño cuando, en una intro muy al estilo BASTARDOS SIN GLORIA, ve como el violento y misterioso Rufus Buck (luego veremos que se trata de Idris Elba, aquí aparece como si fuera una fuerza del Mal) asesina a su padre, a su madre y le deja la marca de una cruz en la frente.

Mucho tiempo después Nat ya es un bandolero que recorre el Oeste con una recompensa de 10 mil dólares por su cabeza. Es el líder de una banda que integran Stagecoach Mary (Zazie Beets, de ATLANTA), una empresaria de salones y su ¿ex? pareja; la rebelde Cuffy (Danielle Deadwyler), que se viste y se identifica como hombre, y el parlanchín Jim (RJ Cyler), entre otros. Pero más allá de sus fechorías, el objetivo del hombre es encontrar y matar al tal Buck. El tema es que el tipo está en la cárcel, lo que complica su operativo. Pero eso pronto se resolverá ya que, en una violenta movida a bordo del tren en el que lo transportan, su propia banda lo libera.

Allí aparecen otros personajes relevantes de la película: Lakeith Stanfield (JUDAS Y EL MESIAS NEGRO) como Cherokee Bill, un experto pero algo tramposo tirador; Trudy Smith (Regina King), la líder interina del grupo en ausencia de Buck, otros miembros de su posse y el sheriff de Redwood City, Bass Reeves (un excelente Delroy Lindo), que se sumará a la banda rival en la cacería del «liberado» preso. Tras una serie de idas, vueltas, encuentros y desencuentros, todo irá armándose para el previsible enfrentamiento final entre las bandas (varios miembros de una tienen específicas rivalidades con los de la otra), pero fundamentalmente entre sus líderes.

La desbordada energía creativa de la película hace que por momentos parezca un musical y por ahí corre otra de las apuestas fuertes de Samuel: el film está lleno de canciones, algunas más antiguas pero la mayoría compuestas por él mismo e interpretadas por estrellas como Kid Cudi, Jay-Z, Ms. Lauryn Hill, Cee-Lo Green, Seal (que es su hermano en la vida real), Laura Mvula y Jadakiss, que se usan en los momentos menos pensados, temas cuyos estilos contemporáneos (soul, hip-hop, reggae y funk, entre otros) nada parecen tener que ver con el género. Ni Tarantino se atrevió a musicalizar una balacera con un largo tema funk de Fela Kuti como sucede aquí. Es cierto que, como casi todas las decisiones creativas del film, por momentos puede parecer un exceso pero queda claro que responde a una idea muy clara de lo que Samuel busca hacer aquí: resignificar el genero y «paint it black«, como dirían los Rolling Stones.

Eso mismo es evidente en el diseño de producción (la ciudad de Redwood luce como un colorido set de un parque de diversiones o de una versión pop de WESTWORLD más que la típica polvorienta ciudad de un western), en la muy expresiva dirección de fotografía que no respeta ningún parámetro de la luz natural y en algunos recursos hiperactivos de montaje. Pero todo esto no sería más que un estilizado ejercicio si la película no lograra involucrarnos en los conflictos de los personajes, algo que hace dejando en varias ocasiones a los actores hacer esos largos monólogos que tan bien manejan tipos como Samuel L. Jackson, un intérprete que bien podría sumarse a una película así.

Pero a falta de Samuel, alcanza con el intenso y expresivo Majors (que viene de protagonizar LOVECRAFT COUNTRY y de actuar en LOKI y ahora sumarse el universo Marvel) y el siempre majestuoso Elba, que hace temblar a todos los demás de miedo con solo mover las cejas. Ambos terminan por darle a sus personajes una dimensión dramática que saca al film de la más estricta pirotecnia audiovisual y la conecta con una historia de violencia, de esas que atraviesan generaciones y se mantienen hasta hoy. Aún con sus excesos de todo tipo, MAS DURA SERA LA CAIDA es una película creativa, vibrante y muy entretenida.