Series: reseña de «Love Life – Temporada 2: Ep. 1-3», de Sam Boyd (HBO Max)

Series: reseña de «Love Life – Temporada 2: Ep. 1-3», de Sam Boyd (HBO Max)

La segunda temporada de la serie de HBO Max que sigue la vida amorosa de una persona a través de los años cambia de protagonista. Ahora es un hombre afroamericano, recién divorciado, que debe volver al mundo de las citas después de mucho tiempo. Con William Jackson Harper.


La primera temporada de LOVE LIFE, estrenada el año pasado ya comenzada la pandemia (leer crítica aquí), fue una de las cartas de lanzamiento de HBO Max, que entonces recién comenzaba como plataforma de streaming y hoy está mucho más consolidada internacionalmente. Un poco más de un año después aparece la segunda con sus primeros tres episodios ya estrenados. Como corresponde a lo que se da en llamar «series de antología«, la segunda temporada narra una historia que nada (o casi nada) tiene que ver con la de la temporada pasada. Veremos, sí, en el primer episodio al protagonista de esta nueva temporada, Marcus Watkins (William Jackson Harper, al que muchos reconocerán de la serie THE GOOD PLACE o películas como MIDSOMMAR), compartir una misma fiesta con Derby (Anna Kendrick), la protagonista de la primera temporada, pero de ahí en adelante sus caminos siguen por separado. Al menos, en los tres episodios vistos hasta aquí.

La primera temporada narraba un largo plazo de tiempo (digamos, de 2012 a 2019) en la vida de la protagonista y esta arranca en 2016, conectando con una situación de la temporada anterior que no convendría adelantar para los que no la vieron. Marcus es bastante más grande que Darby, lo cual presenta a la temporada con una búsqueda de otro tipo: en lugar de centrarse en la vida de una veinteañera, como lo fue allí, lo hará en la de alguien que parece promediar los 30, que ya está casado desde hace muchos años –con su novia de la universidad– y que atraviesa diferentes tipos de situaciones y emociones. Marcus es afroamericano, está casado con Emily, una chica blanca (Maya Kazan, nieta del realizador Elia Kazan y hermana de la también actriz Zoe) y han llegado a ese momento de su relación en la que, si bien no están evidentemente mal, a la vez es claro que la relación está bastante desgastada.

Lo que queda claro en el primer episodio –aquí, como en la primera temporada, cada episodio tiene un nombre propio que suele ser el de la persona con la que el protagonista se involucra en ese momento– es que Marcus atraviesa una crisis que también va por otros lados. Es un editor literario que no se siente demasiado cómodo en su trabajo –tiene la sensación que está ahí por motivos de paridad racial y que no le prestan mucha atención a sus proyectos– y varias personas le hacen notar también que su personalidad es quizás excesivamente «educada». Cuando un amigo suyo y su propia esposa lo comparan con Obama, es una forma de decirle que va por la vida como si quisiera caerle bien a los blancos. Y eso lo frustra.


En el primer episodio Marcus entabla una conversación con Mia Hines (Jessica Williams), una chica negra que espera un Uber mientras él ha salido a tomar aire, un poco agotado de la fiesta en la que estaba y que su esposa parece seguir disfrutando. La conversación termina con un intercambio de teléfonos, mensajes cada vez más cotidianos y, aprovechando los diferentes horarios laborales que tiene con su mujer, el tipo termina saliendo una noche con ella y mintiéndole a Emily respecto a lo que hizo. Cuando su mujer descubra sus mensajes con la chica, la pareja se desmoronará por completo. Como dice la voz en off que recorre la serie (en la primera temporada era la de una mujer, Lesley Manville; ahora es la del veterano Keith David), el «descubrimiento» termina siendo el detonante de una relación que ya venía complicada.

De ahí en adelante asistiremos a las desventuras románticas del ya divorciado Marcus. Y a juzgar por los otros dos episodios que ya están disponibles en la plataforma, se encontrará con situaciones muy distintas en cada uno de ellos. El primero es el clásico caso de «hombre divorciado vuelve a la acción», con todos los malentendidos, incomodidades y situaciones peculiares con las que se encuentra alguien que perdió un poco la práctica en esto del dating, especialmente en tiempos digitales. El episodio se llama Paloma y ya verán a quién se debe: claramente se trata de una de esas situaciones puramente generadas por una mezcla de factores: nervios, angustia, desesperación y algunos consumos.

En el tercer episodio la acción se mueve a Michigan (a la universitaria ciudad de Ann Arbor, más específicamente), de donde Marcus es originalmente, ya que viaja con su hermana Ida –y la novia de ella– al aniversario de 35 años de casados de sus padres. Y allí vivirá, por un lado, el clásico reencuentro con alguna amiga de las viejas épocas de la escuela secundaria mientras, a la vez, trata de lidiar con la manera en la que sus padres –que nunca apoyaron demasiado su matrimonio con una chica blanca– tratan rápidamente de conseguirle alguna pareja.

Si bien Marcus es el claro protagonista, la segunda temporada de LOVE LIFE arma el mundo en el que se mueve de manera muy distintiva. A diferencia de Darby que tenía roommates, acá la situación es más dispersa. Al separarse se va a vivir a lo de Ida (Punkie Johnson), que le tiene poca paciencia, y pronto consigue un departamento en Brooklyn que lo deprime un poco. Tampoco puede contar demasiado con sus dos mejores amigos: Yogi (Comedian CP) es simpático y divertido pero está casado y pasa sus fines de semana viendo MONSTERS en loop, mientras que Kian (Arian Moayed, al que muchos reconocerán como el calculador Stewy de SUCCESSION) es un tipo que acaba de hacer mucho dinero con una app y está un poco en su propio planeta de «nuevo rico».

Si bien el cambio de protagonista puede deberse a esta búsqueda de Hollywood de tener más y más series con protagonistas miembros de minorías, no se siente para nada forzado ni puesto en función de algún tipo de «corrección política» ni «representatividad». Por el contrario, es una muy buena manera de observar las similitudes y diferencias que pueden aparecer en el recorrido romántico de lo que ahora dan por llamar, otra vez, «personas de color», especialmente en relación a la gente blanca que acostumbra protagonizar este tipo de comedias románticas. El acento no está puesto en eso, pero muchas veces –como cité al principio en relación a la imagen pública «no amenazante» de Marcus– esas sutiles, o no tan sutiles, diferencias marcan el recorrido emocional del personaje y de su viaje, que recién está comenzando.