Series: crítica de «Starstruck», de Rose Matafeo y Alice Snedden (HBO Max)

Series: crítica de «Starstruck», de Rose Matafeo y Alice Snedden (HBO Max)

Esta comedia romántica británica, elegida como una de las mejores series nuevas de 2021 en muchas encuestas de fin de año, se centra en el complicado romance entre una chica común y una famosa estrella de cine. Protagonizada por su cocreadora, la neocelandesa Rose Matafeo y Nikesh Patel. En HBO Max.


Uno de los «descubrimientos» del pasado año –para buena parte de la crítica angloparlante, que la puso en los rankings de los mejor del 2021–, STARSTRUCK es una amable, graciosa y por momentos un tanto irritante comedia romántica que se apoya en una situación seguramente imaginada por todos aquellos fans de NOTTING HILL, la película con Julia Roberts y Hugh Grant: una historia romántica entre una persona, digamos, común y una celebridad. A diferencia de aquel clásico film de 1999, acá el famoso es él y ella es la chica «civil» que, al toparse con el tipo una noche en un bar, no tiene la menor idea de que se trata de un conocido actor.

Jessie (la comediante de stand up neocelandesa Rose Matafeo, creadora de la serie) trabaja atendiendo un bar de un cine de Londres. Pese a eso, no tiene idea quién es Tom Kapoor (Nikesh Patel), el tipo con el que se topa cuando decide entrar al baño vacío de hombres en un boliche en una fiesta de fin de año, quizás porque el tipo de películas que él hace (films de acción que parecen ser bastante mediocres) no es lo que ella ve. La conversación casual deriva en unas copas y de ahí a pasar la noche juntos en la casa de él, donde Jessie no solo descubre quién es sino que se topa con paparazzi en la puerta sacándole fotos. Por suerte para ella (que no tiene aspecto de supermodelo o celebridad), la confunden con el personal de servicio y no la meten dentro del mediático drama de pareja que parece atravesar Tom.

Todo parece haber quedado ahí pero no será así. Y STARSTRUCK seguirá los derroteros cada vez más trabados de esa relación que parece terminar y reiniciarse una y otra vez, sin pasar casi nunca de esa confusa etapa inicial. Viven en dos mundos muy distintos y sus personalidades son bastante disímiles. Ella es una simpática, graciosa y un poco torpe e impulsiva chica que ha llegado a Inglaterra por amor y, tras separarse, se ha quedado a vivir allí. Y a él se lo ve más serio, tímido e incómodo ante la mayoría de las situaciones. Pronto el rumor de que Jessie tuvo una historia con «el famoso Tom Kapoor» empezará a circular entre sus amigos, que parecen más fascinados con el hecho de su fama que la propia chica.


En seis breves episodios de apenas 20 minutos de duración (toda la serie no es más larga que una película), STARSTRUCK va atravesando las distintas estaciones del año y mostrando los reencuentros y desencuentros entre ambos, quienes siempre por algún que otro motivo no pueden –y no parecen saber si quieren– estar juntos. Compromisos laborales o problemas románticos de él, supuestas parejas o viajes de ella, y confusiones y enredos varios van distanciando y hasta enfrentando a la potencial pareja hasta llegar a un final que da algunas pautas de continuidad a futuro.

Lo mejor de esta suerte de cuento de hadas para millennials pasa por la curiosa química entre ambos. Matafeo es una comediante natural, se expresa casi en términos de stand-up y su Jessie es una creación muy particular: con su su carácter impulsivo, contradictorio y hasta autobiocoteador, algo que cobrará peso promediando la temporada, es muy simpática pero por momentos puede ser un poco demasiado intensa. Tom es un personaje un tanto más opaco que parece brillar cuando está con ella y debe lidiar con el caos que la chica suele generar a su alrededor. Aburrido del mundo de celebridades en el que se mueve, el tal Kapoor parece fascinado con la caótica frescura de esta chica que está muy alejada del mundo de divas y banalidades en el que vive.

Y el otro logro de la serie está en los personajes secundarios, todos del lado de Jessie: su compañera de piso Kate (Emma Sidi), que es más centrada que ella pero se desvive por la fama de Tom; la mujer para la que trabaja como «nana» (Sindhu Vee) con la que tiene una tensa relación; su compañero de trabajo en el bar del cine que está enamorado de ella y así. En paralelo, STARSTRUCK muestra una Londres multicultural y vital que ignora por completo la aparición de la pandemia.

Una curiosidad extra pasa por la estética que tiene la serie. Con todos los episodios dirigidos por Karen Maine (la realizadora de la muy buena comedia religiosa YES, GOD, YES), STARSTRUCK tiene un trabajo casi cinematográfico con respecto a la fotografía –un uso de lentes específicos con poca profundidad de campo que tienden a separar a los protagonistas de lo que los rodea– que es un tanto inusual en TV y que está a mitad de camino entre un rebusque estético un tanto personal y un omnipresente y quizás innecesario filtro tipo «Portrait» de Instagram.

En el «debe» la serie tiene algunos problemas ligados a lo extremadamente forzadas que son algunas situaciones y al carácter entre frenético y un tanto desbordado de la protagonista. A él, en cambio, a veces se lo siente demasiado limitado a ser algo así como el «straight guy» ante los desbordes cómicos y hasta un tanto patéticos de la chica. Pero, más allá de eso, la serie funciona. Quizás no sea lo suficientemente brillante como para ocupar las listas de lo mejor del año (no es FLEABAG, digamos), pero es una simpática adición a la programación de HBO Max, otra de las buenas series británicas que llegan a la plataforma gracias a sus convenios de producción y/o distribución con la BBC.