Series: crítica de «The Girl Before», de JP Delaney (BBC/HBO Max)

Series: crítica de «The Girl Before», de JP Delaney (BBC/HBO Max)

Esta serie británica se centra en dos mujeres muy parecidas entre sí que viven, con tres años de diferencia, en una sofisticada casa londinense construida por un obsesivo, metódico y potencialmente peligroso arquitecto.


Algún lugar común expandido no solo en la crítica especializada sino en buena parte del público consumidor de «cine adulto» es el de suponer que las películas europeas son mejores que las estadounidenses. Esta suerte de convención histórica, que creció mucho en las épocas de gloria y expansión del cine de autor, se sigue sosteniendo, en buena medida, en la actualidad. No solo eso, sino que se ha traspasado al mundo de las series. Es común escuchar hoy que las series británicas, escandinavas, israelíes o españolas son mucho mejores que las norteamericanas. Y no es necesariamente cierto. Lo que algunas sí tienen, como también pasa en el cine, es una libertad creativa mayor que les permite hacer cosas que del otro lado del charco no se suelen atrever (pongamos, por caso, I MAY DESTROY YOU, una serie que jamás podría haber salido de Estados Unidos), pero son algunos casos excepcionales. La gran mayoría de las series tienen los mismos problemas en todas partes.

En el caso de THE GIRL BEFORE iría más lejos aún y diría que en las series de género puro y duro –de misterio, investigación y suspenso– es mucho más probable que las estadounidenses funcionen mejor que las otras. En este caso, las británicas. Aquí lo que hay es una muy buena premisa y una idea inteligente, pero a la hora de transformar eso en un relato de suspenso más o menos atrapante todo desaparece. Como la casa que es la verdadera protagonista de la serie, es un producto que luce muy bien de afuera, que tiene un aura elegante y moderna pero que, si uno profundiza, está lleno de problemas. En ese sentido, al menos, es coherente.

Esta serie de la BBC (NOTA: HAY SPOILERS DE COSAS QUE SE REVELAN EN EL PRIMER EPISODIO) se narra en dos tiempos paralelos, algo que descubrimos promediando el primero de sus cuatro episodios. El gancho de la propuesta pasa por encontrar las similitudes y coincidencias entre la actualidad y ese pasado, entre la chica actual y «la de antes» a la que el título refiere. Pero más allá de ese truco y el elenco de prestigiosos actores británicos que la protagonizan (David Oyelowo, Jessica Plummer, Gugu Mbatha-Raw y Ben Hardy), la verdadera protagonista es la ultramoderna casa que funciona como eje y centro de la historia, un extraordinario y elegante piso en Londres que parece sacado de una revista de arquitectura, diseño y tecnología de última generación.


El que la construyó es el arquitecto Edward Monkford (Oyelowo) y el hombre la tiene en alquiler. Se trata de una casa sorprendentemente barata para lo elegante y sofisticada que es. Y de entrada quedarán claros los motivos: Edward tiene muchas exigencias para seleccionar al o a los ocupantes. Obsesivo del control, la prolijidad y el orden, requiere que el que se mude prácticamente no lleve nada al lugar, no deje nada tirado, no tenga casi objetos, no mueva nada de su sitio, les pide que toda su ropa ocupe apenas un mínimo placard y que todo tiene que estar siempre inmaculado. ¿Niños? ¿Animales? Ni hablar. Todo, además, controlado por un sistema tecnológico que prevé casi todo lo que puede suceder allí, de maneras que iremos descubriendo con el correr de los episodios.

Hay dos candidatas que a Edward le interesan que son muy parecidas entre sí. Una es Jane (Mbatha-Raw) y la otra es Emma (Plummer). Ambas son chicas de las que allí llaman de «raza mixta» (mestizas, digamos), tienen similar corte de rostro, peinado y altura. Y ambas, también, tienen traumas recientes que las han dejado un poco a maltraer, necesitando esa seguridad, orden y control que la casa parece proveerles. Pero también tienen sus diferencias. Jane es más madura en edad y personalidad, un tanto más segura de sí misma. Emma es un poco más irresponsable (para los severos parámetros del exigente arquitecto/dueño) y, encima, está casada con un tal Sam (Hardy), a quien Edward de entrada mira con malos ojos.

Cuando ambas consiguen el departamento el espectador descubre que está ante dos tiempos de relato distintos y que la historia de Emma no sólo transcurrió tres años antes sino que la chica está muerta. ¿O alguien la tiró? De ahí en adelante THE GIRL BEFORE se construirá como una improbable trama de misterio en la que iremos viendo la evolución paralela de ambas historias, la que sabemos que terminará mal y la otra, que pronto se transforma en una investigación de la primera con los previsibles peligros de meterse en ese asunto oscuro. Ambas están conectadas, además, por el hecho de que tanto Jane como Emma caen rendidas a los pies del seductor pero bastante controlador y obsesivo arquitecto, que también tiene algunos traumas personales con los que lidiar.

Con mucho de imitación «hitchockiana» (podría ser una remake de VERTIGO con algunos elementos de REBECCA), la serie escrita por Delaney en base a su propia novela pronto va entrando en un océano de improbabilidades narrativas de esas que suelen ofuscar a los espectadores que ven una película de terror y no pueden creer que los protagonistas vayan rumbo al peligro en vez de escaparle. Acá pasa eso con Emma (quién, después de todo, es un tanto caótica y puede llegar a hacer cosas impulsivas) pero también con Jane, quien se muestra como una mujer inteligente y analítica pero que se mueve guiada más por las decisiones de un guionista de poner a personajes en peligro de muerte que por cualquier lógica o coherencia interna.

Las dos mujeres tienen, además, otros posibles «enemigos» que se suman a la lista de sospechosos, que la encabeza desde el primer minuto el mismísimo arquitecto, que la serie pinta con todos los clichés del refinado y obsesivo criminal a lo PSICOPATA AMERICANO. Pero es claro que Delaney intenta también distraer nuestra atención, ya que no es el único «hombre tóxico» que figura en el elenco. Es que si hay un tema que recorre a la miniserie es ese: la violencia personal, social e institucional que las mujeres viven a diario, tanto desde quienes directamente las agreden como desde aquellos que dicen quererlas o intentan protegerlas.

Y si bien la serie tendrá previsibles sorpresas sobre el final, eso no alcanza a sostener su forzada estructura. Si alguien va a armar un relato de sospechosos cruzados, donde varios o ninguno de ellos puede ser el asesino, y va a poner al espectador a ver cómo ese supuesto criminal puede volver a hacer lo mismo otra vez, lo mínimo que debe ofrecer es una coherencia interna, una mínima plausibilidad que le permita al que la está viendo construir personajes coherentes con causas y motivos, que actúen guiados por cierta sensatez. Para el tercer episodio (de los cuatro que son), THE GIRL BEFORE ha perdido casi toda su lógica y uno la ve de ahí en adelante solo porque quiere simplemente saber quién fue el asesino y si actuará otra vez. O, bueno, para ver cómo se comporta la casa en cuestión cuando la situación se ponga violenta.