Series: crítica de «Reacher», de Nick Santora (Amazon Prime Video)

Series: crítica de «Reacher», de Nick Santora (Amazon Prime Video)

Esta serie se centra en Jack Reacher, el personaje creado por Lee Child en su saga de novelas, un hombre solitario, inteligente y muy violento que se enreda en casos policiales en sus viajes por los Estados Unidos.


Hubo un tiempo en el que películas y series como REACHER eran mucho más habituales que ahora. Me refiero a los años ’80 y principios de los ’90, épocas en las que el cine de acción y el thriller tenía los pies sobre la tierra, los héroes eran de pocas palabras y las soluciones terminaban apareciendo a las piñas. No se lidiaba con el prestigio y con las suscripciones a plataformas sino con la popularidad, con el rating, con personas mirando semana a semana nuevas aventuras de su personaje favorito. Hasta los superhéroes se ajustaban a estas reglas. En su versión para televisión, Hulk no era otra cosa que un tipo violento que «no era él mismo cuando se enojaba».

No es cuestión de juzgar si eran mejores o peores, pero lo cierto es que se las extrañan. Entre tanto producto lujoso y complejo no está mal reencontrarse con este tipo de producciones. En cierto modo REACHER apunta a eso. La serie se basa en las novelas de Lee Child sobre Jack Reacher, un ex militar que circula por las rutas estadounidenses siempre metiéndose en problemas y resolviéndolos, por lo general, de la manera más brutal posible. Pese a ser un tipo de 1,90 de altura, musculoso y con cara de pocos amigos que pasa rápidamente a la acción sin demasiadas pausas, Reacher no es tosco ni bruto. Se trata de un inteligente y sagaz investigador, solo que puede intimidar más desde el tamaño que desde sus poderes de deducción.

Tom Cruise protagonizó dos películas sobre este personaje en 2012 y 2016. Y si bien fueron bastante efectivas –en especial la primera–, los fans de la saga de Child no querían saber nada con que el fornido pero bajito actor (mide 1,70) fuera la cara visible de su héroe. El creador de la serie, Nick Santora (hasta su nombre parece sacado de la tele de los ’80), resolvió el asunto rápidamente dándole el papel a Alan Ritchson, un gigantón fornido y musculoso con aspecto de jugador de fútbol americano que es bastante más carismático de lo que uno podría pensar con solo verlo. Es el tipo de actor cuyas características también retrotraen a la época de los Stallone, Schwarzenegger y compañía. Tipos duros, de pocas palabras y resoluciones brutales.


REACHER, cuya primera temporada sigue la trama de «Killing Floor», la primera novela publicada sobre el personaje en 1997, tiene esa estructura clásica del western moderno, del policial de pueblo chico. Jack Reacher se baja de un bus en el pueblo de Margrave, Georgia, para visitar el lugar donde supuestamente murió un mítico blusero llamado Blind Blake, del que su hermano era fanático. Y a horas de llegar lo detiene la policía ya que en la zona en la que él descendió apareció un cadáver bastante destrozado. El tipo no tiene nada que ver pero esta es la serie en la que se dicen frases como «lugar al que voy, lugar en el que aparecen los problemas» y así como Reacher lo dice, los problemas comienzan. Y son muchos.

Conectándose con la policía de Margrave –la joven e intensa Roscoe y su jefe, Finley, un afroamericano de Boston con sus propios conflictos con las fuerzas locales–, Reacher termina sumándose a la investigación que empieza por un cadáver pero luego va sumando y sumando hasta llegar a las decenas, muchos de los cuales son liquidados, apilados y acomodados en baúles de autos por el propio Jack. ¿De qué va el misterio? Primero el asunto se volverá familiar para Reacher ya que aparecerá muerto alguien cercano. Luego aparecerán pistas de que hay un operativo ligado a contrabando que involucra a casi todos los poderosos de la ciudad (desde los empresarios hasta algunos policías). Y cuando uno se quiere dar cuenta ya hay una veintena de apellidos dando vueltas, encontronazos brutales ante cualquier circunstancia, un grupo de violentos «sudamericanos» (luego se revela que son venezolanos) amenazando a todos y una investigación que es más entretenida por lo que revela de los personajes que por el hecho de entenderla y/o poder resolverla.

Lo enredado de la trama quizás sea el único problema evidente de la temporada, ya que es un asunto que se va torciendo más y más en cuanto a complicaciones, nombres y personajes, y para el quinto episodio uno ya querría ver a Reacher lidiando con otro caso, con otra gente y en otro lugar. Las series de los ’70 y ’80 tenían el beneficio de que cada conflicto se resolvía en un episodio. Quizás era poco, es cierto, pero ocho pueden también ser demasiados. Desde aquí hago mi humilde pedido para que las series empiecen a pensar en temporadas de entre 4 y 6 episodios. No solo por cuestión de tiempo sino hasta por economía y estructura narrativa.

Willa Fitzgerald como Roscoe y Malcolm Goodwin como Finlay complementan con bastante efectividad al grandote Ritchson. Pero el show es suyo y, sin ser un actor de demasiados recursos (si no está golpeando a alguien nunca sabe bien qué hacer con las manos), el tipo tiene el suficiente carisma como para sostener la acción y un timing bastante decente para la comedia, ya que esta es la típica serie en la que se insertan bromas en los lugares y momentos menos indicados. Es, además, bastante creíble cuando resuelve muchos de sus conflictos con secos y brutales golpes. La serie, también en ese plan un tanto retro, lo muestra muchas veces «en cuero» o poniéndose y sacándose su camiseta (su uniforme es siempre el mismo, jeans & t-shirts), utilizando recursos que la TV de prestigio abandonó hace años.

REACHER no pretende ser otra cosa que lo que es: una serie policial de acción brutal con un personaje que está en una zona intermedia entre el Clint Eastwood de películas como HARRY EL SUCIO, la generación de estrellas musculosas como Stallone y Schwarzenegger o el más actual Keanu Reeves de JOHN WICK. La banda de sonido es de rock sureño y blues clásico (pasan de Howlin’ Wolf a 38 Special como si fuera una película de Walter Hill) y visualmente es seca, concisa y sin vueltas. Quizás su única diferencia con esas influencias actorales es que, bajo esa bola de músculos y detrás de su presentación ruda, el tipo es bastante más inteligente y sagaz de lo que parece, algo que realmente es necesario para no perder el hilo de la complicada trama de la temporada.