Estrenos online: crítica de «Apollo 10 1/2: una infancia espacial», de Richard Linklater (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Apollo 10 1/2: una infancia espacial», de Richard Linklater (Netflix)

En esta encantadora «memoir» animada el realizador de «Boyhood» recuerda su infancia en Houston en 1969, el año en el que los estadounidenses llegaron a la Luna. Estrena Netflix el 1 de abril.


Más una memoir animada que una película sobre la exploración espacial, esta encantadora y amable recreación de la infancia de Richard Linklater funciona como la ROMA, AMARCORD o FUE LA MANO DE DIOS del director texano, recreando sus años de infancia en Houston con su familia casi como una especie de catálogo animado de vivencias, experiencias, preciados objetos de cultura pop y, sí, la llegada del hombre a la Luna en julio de 1969.

Linklater era un niño a punto de cumplir los nueve años en ese momento. En esta versión no estrictamente autobiográfica de esa época, el protagonista, Stan, tiene un poco más y desde su narración adulta (con la voz de Jack Black) recuerda lo que fueron esos años en Texas rodeados de lo que, se creía entonces, era el inicio de unos radicales cambios tecnológicos que pronto nos harían vivir en Marte.

Los cambios tecnológicos existieron pero no tanto por el lado de la exploración espacial (al menos no en el sentido que se creía entonces) y lo que hace Linklater en APOLLO 10 1/2 es inventar una estrategia narrativa que funciona como metáfora de lo que va a contar. Stan, su alter-ego, es elegido al principio del film para conducir una nave de prueba anterior al Apollo 11. Y lo eligen a él porque, bueno, hicieron mal los cálculos y la cabina les quedó un poco chica para un adulto.


Pero esto no es más que una excusa que se olvida rápido y se recupera, un tanto marginalmente, en la segunda mitad del film, la más explícitamente centrada en la misión a la Luna. El resto del tiempo, lo que hace Linklater a través de las animaciones y la voz en off de Black, es contar cómo era su infancia. Como un amable y generoso tío que ronda los 60 años, el Stan adulto rememora lo que era ser un niño a fines de los ’60 en los suburbios recién desarrollados de Houston.

Es un formato que le permite a Linklater contar esas infancias predigitales en las que la gente jugaba (y tomaba riesgos) en las calles, en las que había unos pocos canales de TV en blanco y negro con mala señal, en las que se hacían bromas telefónicas y se comía realmente mal. Son anécdotas específicas de su familia (eran seis hermanos, lo cual es todo un caos en sí), pero son fácilmente aplicables a buena parte del mundo occidental.

A través de su permanente narración, APOLLO 10 1/2 se ocupa de hablar con nostalgia y cariño de los programas de televisión de la época, de la música de fines de los ’60 (del pop al rock pasando por muchas modas ocasionales) y del cine popular (especialmente el de ciencia ficción, que crecía y se recuperaba a partir de la moda por todo lo ligado a la exploración espacial) siempre desde la perspectiva de un adulto que era niño entonces y recién empezaba a desarrollar un gusto más «refinado».

Stan es consciente de los problemas políticos y raciales de la época gracias a sus hermanos mayores y a las noticias, pero por su cabeza solo pasa la exploración espacial y las desventuras veraniegas de cualquier chico que todavía no llegó a la pubertad. Ir a la piscina, a la playa, al parque de diversiones, al autocine, jugar al beisbol con sus hermanos, pelearse por el control remoto, encontrar revistas porno escondidas y otras delicias de la infancia de esas épocas.

En la segunda mitad, el film del director de BOYHOOD –una película con la que tiene varios puntos en común–pondrá más el acento en la llegada a la Luna en sí, jugando entre el verdadero viaje del Apollo 11 y el que Stan se inventa para sí mismo, de una forma quizás innecesaria pero encantadora. Linklater construye con eso, también, una memoir que tiene mucho de invención, de recuerdos heredados, confusos, pero en todos los casos tan específicos como amables y generosos. No hay en toda la película un solo momento desagradable, cruel ni violento, más allá de las noticias que se ven por la televisión.

Un apunte simpático del film (hecho con un estilo de animación más tradicional al usado en WAKING LIFE y A SCANNER DARKLY por el mismo realizador) pasa por darse cuenta la cantidad de cosas que se hacían en esa época que ahora serían impensables, especialmente en lo relacionado a la seguridad, el cuidado, la alimentación, la contaminación y la salud de los chicos. Pero, de vuelta, Linklater no critica ni acusa a nadie. Simplemente reporta con humor algunas costumbres de esa época.

Para los que tenemos una cierta edad (digamos, los que crecimos en los ’60 o los ’70 y recordamos experiencias parecidas), APOLLO 10 1/2 será un festín de pequeños y amables recuerdos y detalles. Más allá de las diferencias específicas, hay toda una generación (llamémosla «X», la anterior a los millennials) que percibirá en las anécdotas infantiles de Stan cosas muy cercanas a la suya.

El placer de esta encantadora película no pasa por la llegada a la Luna ni nada parecido, sino por lo que eso representa desde la mirada de un niño: un mundo que es más grande y más lleno de posibilidades que el real, una serie de experiencias que te dejan marcado para siempre y que, décadas después, funcionan como recuerdo de una época en la que uno creía que las cosas siempre iban a mejorar.

Pero es el fin de los ’60 y la llegada a la Luna en ese sentido marca una coronación y el final de una suerte de ilusión. Uno ya puede ver ahí –en los noticieros «animados» y en algunos detalles de la vida cotidiana– que las cosas no necesariamente eran tan amables entonces ni saldrían del todo bien en el futuro. Pero antes de caer de lleno en la realidad, a Stan y a toda su generación todavía le quedaba por vivir un tiempo más en el mar de tranquilidad.