Cannes 2022: crítica de «Un petit frère», de Léonor Serraille (Competencia)

Cannes 2022: crítica de «Un petit frère», de Léonor Serraille (Competencia)

por - cine, Críticas, Festivales
28 May, 2022 03:31 | Sin comentarios

Este drama francés de la directora de «Jeune Femme», ganadora de la Cámara de Oro en 2017, sigue a una familia de inmigrantes de Costa de Marfil a Francia a lo largo de varias décadas, empezando en los años ’80.


Un drama familiar que se desarrolla, episódicamente, a través de varias décadas, UN PETIT FRÈRE (cuyo título en inglés, de un modo un tanto confuso, es MOTHER AND SON) es una minimalista saga centrada en una madre y dos hijos que llegan hasta Francia desde Costa de Marfil, a fines de los años ’80, y se establecen allí. Se trata de una película que promete un drama de esos envolventes, potentes y hasta lacrimógenos, pero que poco a poco, por decisiones ligadas a la estructura del guión y a la propia historia que cuenta, va perdiendo en fuerza y en emoción hasta concluir de un modo un tanto abrupto.

Rose (Annabelle Lengronne) es una joven madre que llega a los suburbios de Paris en avión, con dos de sus cuatro hijos (hay otros dos, más grandes, que quedaron en Costa de Marfil), pequeños ambos. Los tres viven en la casa de unos primos, duermen juntos en una cama y tratan de arreglárselas lo mejor posible pese a las incomodidades. Rose es una mujer en apariencia fuerte e independiente, que se esfuerza en la educación de sus hijos y trabaja en un hotel, aunque siempre parece estar más pendiente de su vida sentimental. Todos quieren «casarla» con algún candidato pero ella prefiere seguir su propio recorrido, terminando muchas veces con hombres poco convenientes.

El primer episodio, que transcurre en 1989, se centra más que nada en la vida de Rose. Cuando abre el segundo, centrado en el hijo mayor, llamado Jean (Stéphane Bak, de adulto), ha pasado una fecha indeterminada de tiempo –en apariencia un poco más de una década–, los chicos son ya un joven y un adolescente, y están viviendo en Rouen, siguiendo una de las improbables aventuras amorosas de su madre. Con la mujer trabajando casi toda la semana en París, este largo episodio se centra en cómo Jean se ocupa de su hermano menor, de sus estudios, su pareja (una chica blanca), asumiendo más responsabilidades de las que le corresponden para alguien tan joven.


En algún momento de este episodio, de un modo un tanto inexplicable, algo se quebrará en Jean y su vida se empezará a enredar, algo que se trasladará a la relación con su madre y con sus parejas de turno. Y el tercer episodio se ocupará de la vida de Ernest (Ahmed Sylla), el más pequeño de los hijos, arrancando en esa misma etapa pero luego saltando también más de una década (los años no se muestran y es un cálculo «a ojo» el que hago) para mostrar su vida ya como adulto y su relación con el resto de sus familiares.

Si bien las historias siguen recorridos interesantes –de a poco la película va incorporando la realidad social ligada a las vidas de los inmigrantes– y Serraille tiene un inquieto ojo como cineasta que genera algunos bonitos momentos íntimos de la vida en familia, UN PETIT FRÈRE empieza de a poco a desmembrarse, quizás por los saltos en el tiempo o bien por el hecho de abandonar casi por completo los personajes del segmento previo para arrancar de nuevo cada vez. Lo curioso es que, en los momentos que deberían ser los más fuertes, en vez de crecer dramáticamente, la película se va volviendo más fría en función de las distancias físicas pero también emocionales que se generan entre sus protagonistas.

Es así que este promisorio drama termina implotando, esfumándose, un poco como la estructura de la familia protagonista, cuyos miembros (o algunos de ellos) no pueden sostener del todo las presiones y complicaciones de sus vidas. Y si bien el tema de ser inmigrantes no está subrayado ni puesto en primer plano en relación a los distintos problemas que tienen, en el fondo es evidente que es un tema que los afecta desde lo psicológico quizás hasta más que desde lo concreto y específico. Por más esfuerzos por asimilarse a Francia que todos hagan o hayan hecho, da la impresión que nunca es suficiente ni alcanza. Y eso, quizás más que cualquier otra cosa, lo que va desarmando a esta familia. Y, lamentablemente, a la película también.