Estrenos online: crítica de «Cha Cha Real Smooth», de Cooper Raiff (Apple TV+)

Estrenos online: crítica de «Cha Cha Real Smooth», de Cooper Raiff (Apple TV+)

Un joven animador de fiestas se relaciona con una madre y su hija adolescente en esta comedia dramática premiada en el Festival de Sundance. Estreno de Apple TV+ del 17 de junio, protagonizado por Dakota Johnson y el propio realizador.

Una de las gratas sorpresas cinematográficas del 2020, estrenada en la etapa más dura de la pandemia, fue SHITHOUSE, la opera prima de Raiff premiada en el festival South By Southwest, una comedia dramática/romántica universitaria más sincera, directa y emotiva que lo habitual dentro del subgénero (ver crítica aquí). Menos de dos años después, Raiff regresa con otra película que bien podría ser una continuación de aquella. Celebrada en este caso con el Premio del Público en Sundance, CHA CHA REAL SMOOTH no es una secuela de aquella en términos estrictos, pero se centra en un personaje con similares características al de ese film –interpretado también por el propio Raiff– al regresar a su casa después de sus años universitarios.

La película –que bien podría definirse como una combinación entre GARDEN STATE y JERRY MAGUIRE aggiornada a estos tiempos– comienza cuando Andrew (Raiff) tiene todavía 12 años y, en un bar mitzvah, se «enamora» de una chica de veintipico que trabaja como animadora de la fiesta, dejando algunas pistas de su personalidad y de qué será lo que motivará sus acciones después. Ya con 22 (aunque, convengamos, Raiff parece unos cuántos años más grande), Andrew está de regreso en su casa con su madre (Leslie Mann, muy afectuosa con él y con un poco explorado trastorno bipolar), su pequeño hermano David (Evan Assante, que tiene la edad que Andrew tenía en la escena previa y similares problemas) y la nueva pareja de su madre (Brad Garrett), con el que no se lleva demasiado bien.

Andrew trabaja en un local de comidas rápidas mientras sueña con reencontrarse con su novia que está estudiando en Barcelona y que, a juzgar por su Instagram, ya parece haberse olvidado de él. En otro bar mitzvah (la película tendrá media docena de festejos similares, todos de compañeros del colegio de David), demuestra casualmente su talento como animador de fiestas, lo que lo lleva a ser contratado para eso por varias madres de la escuela de su hermano. Esa característica revela un lado amable y tierno del protagonista, un chico que parece siempre preocupado por hacer sentir bien a los demás, priorizando su satisfacción aún a costa de la suya, algo probablemente ligado a su historia familiar.


En esa fiesta, Andrew conoce a Domino (Dakota Johnson), la joven madre de una de las chicas del colegio, Lola (Vanessa Burghardt), que está dentro de lo que se llama el espectro autista. Andrew conecta con Lola, la hace bailar en la fiesta, algo que fascina a Domino. Y en una fiesta posterior la ayudará a ella en una situación más personal, lo que terminará por armar un fuerte lazo entre ambos. Pronto, Domino lo contratará como babysitter de su hija, algo que Andrew hará encantado, aunque a la vez obviamente interesado en su madre. Pero la relación entre ellos dos no será sencilla y no sólo por la diferencia de edad.

CHA CHA… tiene, como la opera prima de Raiff, una manera muy sincera y directa de jugar sus fichas. Como su protagonista y director, la película no trata de ser cool ni especialmente ingeniosa, sino que avanza con la emoción a flor de piel, más cerca de una película mainstream que de un ejemplar del cine independiente. Las canciones (de bandas y solistas como Alex G., Rostam, Dehd, Jazmine Sullivan y Majical Cloudz, entre otros) reflejan también ese espacio en el que funciona el cine de Raiff: temas pop melódicos y amables que traen a la mente muchas de esas comedias románticas indies de los 2000. Como esas, sus películas parecen ser pruebas y ensayos para llegar, finalmente, a hacer otras más grandes.

Andrew funciona como un enamoradizo pero cauto y confundido joven que se ve un poco abrumado por la situación en la que se mete al conocer a Domino y a su mundo. Si bien puede manejar con sincero cariño su relación con Lola (algo similar pasa con su hermano, al que vive dándole consejos sobre cómo acercarse a la chica que le gusta), esa misma disponibilidad emocional lo deja más expuesto a la hora de lidiar con los adultos. Y Domino tiene una historia complicada y una personalidad muy marcada por lo que le ha tocado vivir como madre. Si bien se muestra amable y tierna con Andrew, hay miedos y tensiones que no puede ocultar del todo. Y una necesidad real de organizar un poco mejor su vida.

CHA CHA… le escapa a algunas de las convenciones de la comedia romántica si bien se mantiene fiel a otras, más que nada a los giros dramáticos de sus actos. Las influencias de Raiff en ese sentido son visibles y clásicas, pero el realizador no las oculta. Y algo similar pasa con la forma muy natural que tiene de ser «políticamente correcto», sin obvias afectaciones, algo que es claramente generacional. Eso se nota en las mejores escenas de la película, que son las que Andrew tiene con Lola.

La película tiene, sin embargo, algunos baches narrativos que, si bien pueden estar ligados a decisiones creativas, dejan de lado cuestiones que servirían para entender más y mejor a los personajes. Pero cuando la fórmula parece ganar la partida, Raiff encuentra la manera de naturalizarla, de emocionar con los elementos más nobles que tiene en su repertorio como actor/director: la capacidad de que los espectadores conecten con lo que le sucede a cada personaje y que entienda qué es lo que los lleva a actuar como actúan. Cada uno, como decía el maestro Jean Renoir, tiene sus razones.