Series: crítica de «Chloe», de Alice Seabright (Amazon Prime Video)

Series: crítica de «Chloe», de Alice Seabright (Amazon Prime Video)

Esta serie británica originalmente emitida por la BBC se centra en una mujer que intenta averiguar cómo y porqué murió una chica a la que seguía por Instagram. En Amazon Prime Video.


Una ambiciosa y curiosa combinación de varios temas y modos que podrían definirse como «hitchcockianos», CHLOE es una suerte de historia detectivesca en plan «infiltrada tratando de descubrir un plan macabro» que funciona en realidad como una investigación sobre el tema de la identidad. Es una serie que parte de la obsesión por las redes sociales y por lo que las vidas de los otros parecen ser allí para, de a poco, ir transformándose en la historia de una mujer que intenta reconstruir una vida traumática a partir de su extraña relación con otra mujer, una que acaba de morir en circunstancias un tanto misteriosas.

Más allá de los problemas típicos de algunas narraciones serializadas (una trama cuyo funcionamiento depende de una incontable serie de casualidades, mentiras y escapes por segundos), esta serie británica originalmente emitida por la BBC a principios de año y que estrenó en su totalidad Amazon Prime Video el 24 de junio termina siendo más enigmática, ambigua y compleja que la mayoría de los dramas policiales que parecen obsesionarse solo por la mecánica de los crímenes que se investigan en ellos.

Becky Green (Erin Doherty, la muy buena y camaleónica actriz que interpreta a la Princesa Anne en THE CROWN) es un joven que pasa gran parte de su tiempo mirando redes sociales, especialmente Instagram. Su vida rutinaria y gris en un barrio popular de Bristol tiene un problema adicional: su madre está empezando a tener síntomas de un incipiente Alzheimer y la chica se refugia mirando su teléfono móvil y obsesionándose especialmente con Chloe, una aparentemente popular joven de la alta sociedad local que vive mostrando lo que parece ser una «vida perfecta» en esa red: siempre elegante, siempre rodeada de gente bella, «influyente» y exitosa, siempre sonriente.


Pero un día Chloe deja un mensaje enigmático que cita la letra de un conocido tema de The Smiths: «morir a tu lado es una forma tan celestial de morir». Y enseguida Becky nota, por los comentarios que otros le dejan, que la mujer murió. Aparentemente, se suicidó. Y es así que la chica decide, siguiendo posteos de amigos y conocidos, linkeando y conectando caras y nombres que aparecen en la red de Chloe, introducirse en su mundo para saber qué sucedió. Hay, sí, un dato clave que explica mejor los motivos de esa «conexión»: el último mensaje que Chloe dejó antes de morir fue a Becky. Y no, no se trató de un error de tipeo. A lo largo de la serie veremos que esa obsesión no era casual sino que hay un pasado que las conecta a ambas.

Pero, en lo central, CHLOE contará la historia de cómo Becky se mete, en base a falsedades, mentiras y engaños en el grupo íntimo de Chloe. Cambiando su nombre (dice llamarse Sasha), inventándose una profesión (relacionista pública de galerías de arte), consiguiendo un vestuario apropiado, modificando su acento, el barrio en el que vive y mintiendo descaradamente una y otra vez, la chica se va acercando cada vez más al mundo de Chloe, empezando por su mejor amiga Livia (Pippa Bennett-Warner) –de la que se hace íntima– para luego acercarse más al viudo, Elliot (Billy Howle), un joven y promisorio político local al que se ve atormentado por el suicidio de su esposa.

A lo largo de una serie de escapes casi milagrosos (es difícil de creer que una serie que pone en el centro el tema de las redes sociales pueda pretender que los engaños de Sasha/Becky jamás salgan a la luz, por más justificaciones y excusas que ella ponga), la chica irá pasando de ser una tramposa villana que está intentando quedarse con la vida de una mujer fallecida a una especie de improvisada detective que huele que hay muchas cosas bastante podridas en ese ambiente supuestamente perfecto. Y tras enredarse en una serie de pistas falsas, Becky parece ir acercándose no sólo a qué pudo haber pasado sino a algo más íntimo y personal: ¿quién es ella y qué pretende de su vida? ¿Por qué, realmente, está haciendo lo que hace?

Por ahí pasa lo más inteligente que tiene esta serie creada por una de las guionistas y directoras de SEX EDUCATION, cuyos temas remedan a reconocibles figuras de películas de Alfred Hitchcock como REBECCA (el fantasma de la esposa muerta), VERTIGO (la mujer que se hace pasar por otra) y hasta LA VENTANA INDISCRETA, ya que Becky termina teniendo un insospechado «ayudante» que trata de guiarla en su investigación, abriendo cajones, destrabando teléfonos y leyendo diarios íntimos de la fallecida para tratar de encontrar las claves (y culpables, directos o indirectos) de su muerte, siempre con la posibilidad latente de ser descubierta.

Es que si uno deja un poco de lado el paso a paso de su «milagrosa» investigación, CHLOE es más que nada una serie sobre la identidad: su construcción social, las apariencias con las que se engaña a los demás (y uno se autoengaña) y la manera en la que los traumas y conflictos de la infancia y/o adolescencia reaparecen en los momentos menos pensados e influyen fuertemente en nuestra manera de actuar. En su último episodio, entre las incontables pistas y los un tanto confusos últimos pasos de la vida de Chloe que Becky/Sasha intenta reconstruir, el guión encuentra el necesario espacio para correrse un poco de las resoluciones más predecibles (algo que seguramente frustrará a algunos) y volver a centrarse en cómo las experiencias transforman a nuestra ambigua y complicada protagonista.