Series: crítica de «Cielo nocturno», de Holden Miller (Amazon Prime Video)

Series: crítica de «Cielo nocturno», de Holden Miller (Amazon Prime Video)

Este drama de ciencia ficción protagonizado por J.K. Simmons, Sissy Spacek y las argentinas Julieta Zylberberg y Rocío Hernández se centra en una pareja de septuagenarios que tiene en su casa un portal hacia lo que parece ser otro planeta.


Hace tiempo ya que el cine y las series vienen apoyándose en conceptos de ciencia ficción para lidiar con problemas y traumas humanos. No es nada nuevo –la literatura del género funciona así desde hace décadas–, pero la combinación de elementos que aparecen en series como CIELO NOCTURNO o la reciente OUTER RANGE (también en Amazon Prime) tiene la particularidad de que su contenido realista por momentos se choca de plano con el más fantástico, generando un tono curioso, raro, que puede ser tan intrigante como poco creíble. De algún modo, son series a las que uno les podría sacar su costado de ciencia ficción y funcionarían igual. Quizás, hasta mejor.

NIGHT SKY combina ese tipo de elementos, muchos de los cuáles aparecen también en series clásicas como LOST o THE LEFTOVERS: un complejo misterio que involucra posibles viajes por el tiempo, el espacio y hasta interplanetarios con un drama personal acerca de una pareja de la tercera edad lidiando con el trauma de la muerte de un hijo y encontrando algo así como un «portal» hacia un mundo extraño que la serie mantendrá como una incógnita despejada a medias hasta el final de la primera temporada.

Es, también, la serie más argentina de las que Estados Unidos ha producido quizás en toda su historia, lo cual es una curiosidad que le da una suerte de relevancia local. Además de ser Juan José Campanella uno de los productores y quien dirige sus dos primeros episodios (algo que no sería en sí llamativo porque el realizador se dedica a las series hace ya mucho tiempo), CIELO NOCTURNO tiene como coprotagonistas a Julieta Zylberberg y Rocío Hernández, haciéndose cargo de una subtrama clave en el desarrollo de la historia y que transcurre en parte en Jujuy. Y hablando en castellano –con acento del norte argentino– gran parte del tiempo.


Pero los principales protagonistas y el corazón de la historia pasa por otra pareja, no de madre e hija (como la de Zylberberg y Hernández) sino de marido y mujer. Ellos son Franklin (J.K. Simmons) e Irene (Sissy Spacek), que llevan más de 50 años de casados y viven en una bonita casa campestre en un pueblo de Illinois. Han perdido un hijo hace ya muchos años y si bien tienen una nieta llamada Denise (Kiah McKirnan) que los visita y los quiere, es evidente que no han logrado superar el trauma. Entre ellos se llevan bien, pero a la vez es la clase de pareja cuyo desgaste se nota en las irritaciones cotidianas que generan sus muy distintas personalidades. La frágil salud de ambos tampoco ayuda demasiado.

La serie podría casi ser un drama sobre esta pareja y sus vidas –de hecho, quizás sería su mejor versión– pero de entrada es claro que no será así. Muchas noches salen de la casa y van lo que parece ser un bunker debajo de una casita que tienen en su patio trasero a lo que llaman «ver las estrellas». ¿A qué se refieren? Digamos que allí abajo hay algo así como un portal o un ventanal a lo que parece ser otro planeta, al que se accede mediante algunos pasos un tanto curiosos. Ni Franklin ni Irene son de cruzar esa frontera (la imagen del planeta que ven desde ese ventanal no es demasiado apetecible) pero se sientan muchas noches a contemplarlo.

Hasta que un día alguien aparece misteriosamente allí abajo. Es un joven que dice tener amnesia y que está herido, pero que pronto sabemos que se llama Jude (Chai Hansen) y que tiene enigmáticas intenciones y características. Irene lo cuida y adopta como si fuera ese hijo que les falta, pero Franklin es más suspicaz y duda acerca de quién es este hombre y cuál es su objetivo allí. A ellos se les suma Byron (Adam Bartley), un vecino un poco pesado que mete las narices donde no corresponde y que funciona, al menos durante parte de la trama, como una suerte de comic relief que afloja el denso drama familiar y el tono melancólico que NIGHT SKY maneja.

Y ahí entra el segmento «argentino» de la historia. En una subtrama que se mantendrá alejada de la principal por buena parte de la temporada, la actriz de LA NIÑA SANTA y RELATOS SALVAJES interpreta a Stella, una mujer que tiene una hija adolescente llamada Toni y que vive también en una casa solitaria en un remoto pueblo jujeño, tratando de contactarse lo menos posible con el resto del mundo. Ella también tiene, al lado de su casa, un portal similar al de los protagonistas, pero más conocimiento de para qué sirve y cómo se usa. Y en algún momento de la trama, madre e hija se decidirán a cruzarlo para ocuparse de una misteriosa misión que, se imaginarán, terminará por conectarlas con los jubilados del medioeste de los Estados Unidos.

Gran parte de la temporada se irá en la relación entre Spacek, Simmons, su misterioso visitante, la nieta, el vecino y una serie de personajes locales. La «misión» de Jude será la que le dará un aire fantástico a lo que sucede, pero si uno pasa por alto esa mecánica de investigación metafísica, bien podría estar viendo un drama familiar que lidia de manera bastante honesta con los miedos, problemas y el afecto que existe en una pareja de septuagenarios. La subtrama liderada por Zylberberg –una que empieza a acumular personajes y situaciones a partir de la salida de Jujuy–, si bien trabaja sobre otro tipo de conflicto familiar (el de una madre controladora y una hija que empieza a cuestionarla), está más claramente enmarcada en un relato de aventuras y ciencia ficción un tanto confuso o mal explicado.

Los que mantiene a la serie latiendo son Spacek y Simmons, dos formidables actores que le dan una enorme potencia a sus personajes, logrando transmitir las décadas vividas con más sinsabores que alegrías. Por momentos, convengamos, los enigmas que CIELO NOCTURNO acumula son un poco torpes y casi desvíos innecesarios de ese eje. Pero se nota que es una línea que se desarrollará más y mejor en una segunda temporada, a la que la serie apunta en su abierta conclusión. Si ven la serie pensando en un entretenimiento de ciencia ficción tipo thriller, quizás no encuentren lo buscado. Pero si la toman como un drama sobre dos abuelos que lidian con el dolor, la tragedia y el frustrante paso del tiempo la serie cobrará otra dimensión. Más humana que fantástica.