Series: crítica de «La escalera», de Antonio Campos (HBO Max)

Series: crítica de «La escalera», de Antonio Campos (HBO Max)

Culminó la serie de ficción que cubre dos décadas en la vida de una familia atravesada por el juicio al padre, acusado de haber matado a su esposa. Con Colin Firth, Juliette Binoche, Toni Colette y Sophie Turner. Por HBO Max.


Al hacerse la serie ficcional sobre la muerte de Kathleen Peterson y la acusación a su marido, Michael Peterson, de ser el responsable del hecho, muchos podían pensar cuál era la necesidad real de su existencia más allá que la de seguir explotando cierto morbo respecto de uno de los casos «criminales» más célebres de las últimas décadas –del que ya se hizo una serie documental dividida en tres partes y de 13 episodios, disponible en Netflix– y uno de los que más ayudó a generar la moda del true crime en las series televisivas. Al terminar de verlo queda clara la misión. Quizás no necesaria, pero si reveladora de un costado que el documental no alcanza a cubrir.

La historia del caso es sabida (acá pueden chequearla) y si bien LA ESCALERA la usa como el disparador, el eje central sobre el que gira todo lo demás, el núcleo de la trama armada y dirigida (en seis de sus ocho episodios) por Campos pasa por las repercusiones del caso en el grupo familiar de Peterson a lo largo de las dos décadas en las que se extendió el caso, con sus idas y vueltas legales, su juicio inicial, la condena y las apelaciones posteriores que tuvieron lugar en 2011 y 2017. Es una saga familiar de veinte años en las que un grupo de personas (hijos de los distintos matrimonios, hijas adoptivas, hermanos, yernos, cuñados y hasta nietos) se van viendo afectados por los giros y hasta por la popularidad del caso.

Y la otra parte fuerte de la serie, la que no podía estar de modo alguno en el documental, es analizar la influencia del propio documental en las vidas de los involucrados. THE STAIRCASE, el original, convirtió a Peterson en una celebridad y afectó las vidas de todos mucho más de lo que habría sido un caso judicial normal. Si bien la cobertura mediática fue importante en su momento –Peterson era un escritor más o menos conocido cuando se lo acusó de asesinato–, el documental lo transformó en una celebridad y en uno de esos raros casos de personalidad inexpugnable. Nadie, al día de hoy, tiene en claro si ha dicho o no la verdad respecto a la muerte de su esposa.


Campos elige ir por esa exploración psicológica, a riesgo de perder de vista el caso en sí, especialmente en la segunda mitad de la serie. Montada en tiempos paralelos (pasa de la previa del accidente/asesinato a la cárcel, de la cárcel al primer intento de apelación y de ahí a las «confesiones» de 2017 a veces yendo y viniendo en una misma secuencia de escenas), lo que LA ESCALERA hace es mostrar el carácter tóxico de Michael y cómo impactó a todos y todas los que están o estuvieron alrededor suyo. Haya sido o no el asesino, es claro que el hombre es un mentiroso patológico, un narcisista, alguien del que conviene «estar lejos» si uno quiere protegerse de sus abusos.

A la vez, Campos no pinta a Michael (gran actuación de Colin Firth) como un ogro o un monstruo sino como un tipo condenado por su propia historia a ocultar parte de su vida, a mentir para mantener las apariencias y que nadie sepa nada acerca de su bisexualidad. La suya es una doble vida, una historia de falsedades que, a la hora de un juicio, pesaría en su contra. Si el hombre ha mentido respecto a muchas cosas en su vida, ¿por qué no mentiría respecto a un crimen? Y si bien eso puede ser cierto, a la vez es sabido que las condenas se basan (o se deberían basar) en evidencias y no en «personalidades».

Las manipulaciones de Peterson van demoliendo las vidas de sus hijos, que se ocupan y desviven por él durante más de una década hasta, en cierto punto, agotarse una vez que parte de la tarea está hecha. La serie casi no muestra la etapa de arresto domiciliario de Michael (entre 2011 y 2017), pero es evidente que cuando empezaron a recuperar a su padre quizás se dieron cuenta que el tipo era más tóxico de lo que recordaban siendo niñas. Y ciertas revelaciones del pasado así lo prueban. Sus hijas adoptivas Margaret (Sophie Turner) y Martha (Odessa Young) lo sufren de maneras distintas. Y lo mismo sucede con los hijos de su primer matrimonio, Clayton (Dean DeHaan) y Todd (Patrick Schwarzenegger), quienes parecen poder recomponer en parte sus vidas solo después de despegarse de su padre.

Pero la gran novedad de la serie es Juliette Binoche, que interpreta a Sophie, un personaje que por motivos obvios no podía estar en el documental. Ella fue la editora francesa de esa serie, la que viendo y trabajando sobre el material capturado por el director Jean-Xavier de Lestrade, se fue «enganchando» con Michael, se enamoró de él, se mudó a los Estados Unidos y dedicó más de una década de su vida a tratar de liberarlo de la prisión perpetua a la que había sido condenado. Ya verán qué pasó con ella (y entre ellos), pero su historia no solo habla de la toxicidad y el narcisismo del protagonista sino de la manipulación que existen en este tipo de documentales en los que los creadores terminan poniéndose del lado de sus protagonistas, perdiendo cualquier atisbo de objetividad al respecto.

En varias escenas de LA ESCALERA se ve la edición del documental original y las discusiones que pueden haber existido allí acerca de qué poner o qué no, qué escena lo mostraría culpable y qué pasaría si se quita, dejando en claro que buena parte del true crime tiene poco de periodístico, de equidistante e imparcial. Y, más allá de que aún no sepamos si Michael asesinó o no a Kathleen (Toni Colette deslumbra cada vez que aparece en los flashbacks a la vida previa de la pareja), sí sabemos que ese Michael que vemos es una construcción para las cámaras, no la verdadera persona. Es que ni el documental, ni sus parejas ni sus hijos, finalmente, saben bien quién es Michael Peterson. Quizás, aún hoy, tampoco él lo sepa.