Estrenos online: crítica de «Todo es posible», de Billy Porter (Amazon Prime Video)

Estrenos online: crítica de «Todo es posible», de Billy Porter (Amazon Prime Video)

Este drama romántico contemporáneo se centra en los conflictos que dispara la relación entre una chica trans con un compañero de su escuela. Estreno de Amazon Prime Video.

Este drama adolescente podría ser visto como una combinación entre las películas de John Hughes de los años ’80 y una versión light de series como EUPHORIA u otras que intentan adaptar esos universos a las prácticas y realidades actuales ligadas a las redes sociales y a la fluidez de géneros. A diferencia de la serie protagonizada por Zendaya, el tono aquí es menos denso y oscuro (no se habla de drogas, para empezar) y mucho más pop, amable y luminoso. Dirigido por la estrella de POSE, Billy Porter, TODO ES POSIBLE trata de buscar –y usualmente encuentra– una mirada positiva y esperanzadora a los conflictos que vive la protagonista.

Kelsa (Eva Reign) va al último año de la escuela secundaria en Pittsburgh y trata de conseguir el ingreso a alguna universidad de las grandes ciudades como Nueva York o Los Angeles. Obsesionada con el mundo animal (mundo cuyas metáforas la película utiliza de una forma un tanto obvia y reiterada), Kelsa tiene dos grandes amigas, un chico que le gusta y una madre comprensiva con la que parece llevarse muy bien pese a la ausencia del padre, que las dejó. A la vez Kelsa tiene un canal en una red social tipo YouTube en el que les cuenta a sus seguidores y seguidoras sus vivencias como chica trans.

En uno de los toques más inteligentes que tiene el guión de Ximena García Lecuona, no parece haber ni grandes complicaciones ni un enorme trauma ni experiencias demasiado duras ligadas a esa transición. Ni en la escuela, ni en la casa, ni con las autoridades escolares, ni con sus compañeros. Es un dato más de su vida, uno que tiene muy incorporado de una manera positiva, a tal punto que Kelsa prefiere no ser definida por eso. De hecho, le dice una y otra vez a su madre que no tenga con ella ni un trato ni cuidados especiales. Pero, claro, el mundo real es el mundo real y no siempre todo funciona perfectamente. Y menos en una escuela llena de adolescentes hormonales.


Todo comienza a enredarse cuando Khal (Abubakr Ali) empieza a interesarse en ella de una manera que pasa de lo amistoso a lo romántico. Con él tampoco el problema pasa por el tema género, pero el inicio de la relación entre ellos generará tensiones y celos con amigos y amigas de ambos, los que inevitablemente terminarán cuestionando las elecciones de la pareja. Siguiendo con la naturalización de muchos eventos que en otras películas podrían ser el centro del drama, acá estamos ante una pareja entre un chico musulmán y una chica trans y afroamericana en la que los padres no son el centro del problema ni las identidades específicas de uno u otro. Los problemas pasan por un lado, si se quiere, clásico (celos, confusiones y malos entendidos en la escuela) y recién a partir de allí esas identidades entrarán en conflicto.

Con dos protagonistas carismáticos, Porter crea un drama romántico cuya convencionalidad quizás sea su mejor característica. Por momentos, claro, la necesidad de buscar un conflicto donde no parece necesariamente haberlo se siente un tanto forzada (bah, el hecho concreto que lo destapa lo es), pero a la vez sirve para entender que, pese a las apariencias, todavía hay espacios en los que este tipo de cuestiones no son completamente aceptadas o entendidas. Y eso se revela especialmente cuando el drama privado toma estado público gracias a –o por culpa de– las redes sociales.

Quizás una de las cuestiones más interesantes de TODO ES POSIBLE sea la manera en la que Kelsa sospecha o cree que algunos compañeros y compañeras de la escuela tienen una aceptación de sus cambios que es más «performática» que otra cosa, que les sirve para parecer cool o woke pero que, en el fondo, no terminan de entenderlo o aceptarlo del todo. En algún momento Kelsa dudará sobre si el interés de su novio sobre ella es real o si no es otra cosa que una curiosidad, una experiencia por la que quiere pasar. Pero de entrada es evidente que no es así –Khaleed aparenta ser el protagonista masculino adolescente más centrado de la historia del cine– y que en realidad sus miedos a la hora de iniciar un romance son los que la perturban.

La colorida liviandad del film –aún en sus momentos más difíciles, ni Kelsa ni sus amigas dejan de vestirse o maquillarse como si la escuela fuera una pasarela… y de algún modo lo es– puede dar la impresión de que Porter no se toma demasiado en serio lo que sucede aquí. Pero tengo la impresión de que sí lo hace y que esa luminosa «normalidad» es la que define esa preocupación. Kelsa, Khal y sus amigos atraviesan lo mismo que atravesaron decenas de generaciones en el high school estadounidense, solo que con algunas características propias del siglo XXI. Y esta película, a su manera, intenta reflejarlas.