Series: crítica de «Gaslit», de Robbie Pickering (StarzPlay)

Series: crítica de «Gaslit», de Robbie Pickering (StarzPlay)

La serie, protagonizada por Julia Roberts, Sean Penn y un excelente elenco, se centra en las distintas historias personales del célebre caso conocido como Watergate.

Hace un par de meses, unas semanas después del debut de GASLIT, algunos comentaristas se preguntaban porqué una serie protagonizada por Julia Roberts y Sean Penn tenía tan poca difusión, no era parte de los comentarios y análisis de la temporada, siendo que no es nada usual que dos super-estrellas de Hollywood lideren el elenco de una serie que encima es sobre un tema bastante atractivo como es el caso Watergate. Algunos consideraban que tenía que ver con la enorme oferta en paralelo que existió durante esos meses (entre marzo y mayo) en los que muchas plataformas de streaming hicieron sus grandes apuestas para conseguir algún Emmy. Otros, que al estar en un canal no muy visto ni popular como Starz (o su plataforma StarzPlay, que no está entre las más usadas) era difícil que la serie entrara en la conversación crítica. Y otra que, quizás, la serie no era demasiado buena o no funcionaba con los espectadores.

Eso lleva a que uno se acerque a GASLIT con ciertas dudas, casi con desconfianza. Y lo cierto es que la serie cuyos ocho episodios dirige Matt Ross (el actor de SILICON VALLEY y realizador de CAPTAIN FANTASTIC) no está nada mal, elige un simpático pero no excesivo tono satírico para contar la historia de Watergate desde distintos puntos de vista, ninguno de ellos ligados al que todos más conocemos que es la investigación periodística de The Washington Post liderada por Carl Bernstein y Bob Woodward que fuera popularizada en la película de Alan J. Pakula de 1976 TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE, con Robert Redford y Dustin Hoffman. De hecho parte de la broma aquí es que los protagonistas «centrales» de esa saga –ellos dos y un tal Richard M. Nixon, entre otros– aquí no aparecen casi nada, salvo muy brevemente, de costado o de espaldas. Es Watergate contada, en tiempo presente, por todos los otros hombres (y mujeres) del presidente.

De hecho, la historia que lideran Penn y Roberts (que, curiosamente, trabajan aquí juntos por primera vez en sus carreras) es solo una de las varias «sagas ocultas» y olvidadas de Watergate. La suya –que también se puede ver en el documental de Netflix THE MARTHA MITCHELL EFFECT— se centra en la compleja relación entre John Mitchell (un casi irreconocible Penn, con un extraordinario maquillaje), que pasó de ser Procurador General de los Estados Unidos en el gobierno de Nixon a ser uno de los encargados de la campaña para reelegirlo como presidente en las elecciones de noviembre de 1972. Como parte de esa campaña, Mitchell estuvo fuertemente involucrado en la organización del espionaje en la sede del Partido Demócrata en el edificio Watergate que causó el escándalo que terminó con la caída de Nixon tiempo después.


Esta, que en los papeles es la trama central de la serie, pondrá más que nada la mirada en la relación de Mitchell con su esposa Martha (Roberts), una mujer muy mediática y popular, sin pelos en la lengua, que pasó de ser un personaje televisivo curioso y simpático a alguien más «peligroso» para el Partido Republicano cuando surgió el caso Watergate, ya que ella empezó a conectarlo con Nixon (cuando nadie todavía lo hacía) y no pudieron hacerla callar. Y eso que lo intentaron, hasta drogándola y secuestrándola, entre otros sucios trucos. GASLIT seguirá el duro proceso de la pareja Mitchell y el tono de su historia pasará de jovial y simpático a duro y doloroso con el paso de los episodios y de los dos años en los que se desarrolla el grueso de esta historia.

Pero tan importante como esa será la historia de John Dean (Dan Stevens, el actor de LEGION), a quien le encargaron ser la conexión entre el gobierno y los encargados directos del frustrado intento de poner micrófonos ocultos en Watergate. La saga de Dean será una que lo irá llevando de la admiración por Nixon a la decepción, mostrará las ambigüedades del personaje (¿sus cambios de opinión son por decencia o conveniencia?) y hará también centro en su relación con Mo Dean (Betty Gilpin, de GLOW), la azafata de la que se enamoró, con la que se casó y una de las que más hizo por cambiar su relación con el entonces presidente y su círculo, llevándolo a tomar algunas decisiones importantes y que fueron claves en el caso.

La más llamativa de las historias es la de G. Gordon Liddy (interpretado como un maníaco neonazi por Shea Whigham), el que lideró «operativamente» la fallida entrada al edificio. Se trata de un personaje bizarro –toda su vida podría ser una serie de TV individual– que trabajó para la CIA, un oscuro espía ideológicamente extremo y personalmente extravagante que condujo muy mal el operativo en cuestión. Estas tres historias se van conectando y allí aparecen muchas otras: las del portero del edificio que descubrió el operativo, la de dos agentes del FBI que fueron los primeros en investigarlo pese a la fuerte oposición interna, los otros personajes que rodeaban a Nixon y así. Todos ellos encarnados por reconocidos actores como Hamish Linklater, Patton Oswalt, Chris Bauer, Chris Messina, Nat Faxon, John Carroll Lynch y Martha Kelly, entre muchos otros. Un who’s who de la TV contemporánea.

GASLIT –que se basa en la primera temporada de un podcast llamado «Slow Burn«— empieza casi como una comedia de enredos, observando a los protagonistas de este operativo como si fueran los personajes de una comedia a la italiana: un grupo de torpes ladronzuelos haciendo todo mal y manejados por un grupo de ineptos y corruptos políticos que seguían las órdenes de un presidente paranoico. De a poco, una vez que el caso toma estado público y las investigaciones empiezan a conectarlo con las «altas esferas», la historia y la serie empiezan a oscurecerse. Ahí, la peculiar relación entre los Mitchell se enrarece y se vuelve desagradable; John Dean se da cuenta también que lo quieren dejar como el «chivo expiatorio» del asunto y Liddy volverá, en el anteúltimo episodio, para otras y aún más extravagantes desventuras. Solo que para esa altura serán más dolorosas y dramáticas que simpáticas.

No es una serie perfecta GASLIT ni mucho menos, pero consigue sacar adelante un tipo de tono que usualmente es muy difícil, algo que se acerca a la sátira pero que no termina de ser caricaturesco sino que logra que los personajes sean complejos y uno pueda preocuparse por ellos aún viéndolos actuar como tontos o enajenados gran parte del tiempo. Es más difícil en el caso de Liddy –es un personaje tan extremo y desagradable que cuesta tomárselo en serio cuando la serie pida eso–, pero en general Ross consigue ir conduciendo el relato con mucha inteligencia y sutileza. Para los últimos episodios, de hecho, Penn y Roberts tendrán escenas física y emocionalmente violentas, muy alejadas de lo que GASLIT parecía proponer de entrada. Y no estarán fuera de lugar…

Quizás lo más relevante de GASLIT –ahora que StarzPlay se alió en América Latina con Disney y Star+ quizás sea más fácil verla «legalmente»–, más allá de conocer las decenas de historias interconectadas que formaron parte del caso Watergate, sea ubicarse en esa época (muy bien reconstruida, sin exageraciones estilísticas) y en lo que entonces era considerado el máximo escándalo político de ese país. Las diferencias con lo que sucede hoy, en algún punto, son abismales. Un problema como Watergate no habría tenido la menor importancia durante la presidencia de Donald Trump (lo acusaron de cosas mucho peores y nada sucedió) y en esa época aún quedaban dirigentes partidarios que entendían que su obligación constitucional, tarde o temprano, era decir la verdad. Hoy eso parece haber desaparecido, escudado en la idea de la «pos-verdad» donde cada uno cree o dice creer en su propia interpretación de los hechos. Lo que no cambió para nada es la corrupción política en todos los niveles ni la estupidez humana. Bah, pensándolo bien, quizás sea hoy superior a la de esa época.