Series: reseña de «Better Call Saul: Temporada 6/Episodio 8», de Vince Gilligan y Peter Gould (Netflix)

Series: reseña de «Better Call Saul: Temporada 6/Episodio 8», de Vince Gilligan y Peter Gould (Netflix)

Un repaso CON SPOILERS del primer episodio de la última y breve temporada de la serie protagonizada por Bob Odenkirk, Rhea Seehorn y Giancarlo Esposito. En Netflix.


ATENCION: SPOILERS

La tensión no se detiene en el comienzo de la segunda mitad de la última temporada de BETTER CALL SAUL. Como desentendiéndose de esa separación entre las dos partes, el Ep. 8 continúa la acción desde donde quedó al fin de la media temporada anterior para entregar poco menos de una hora de constante suspenso en tiempo (casi) real. Y lo que narra sucede en una noche que aumenta el nivel de violencia de lo que habíamos visto hasta el momento y termina con otro de los personajes clave de la historia muerto y enterrado.

Dirigido por el propio Gilligan, es un episodio enervante e intenso que va modificándonos la perspectiva de lo que estamos por ver cada minuto. En el habitual comienzo intrigante de cada nueva hora de la serie, lo que vemos son los mocasines de Howard Hamlin volviendo del mar sin su dueño mientras sale el sol por la mañana. Su auto, en la playa, tiene algunos objetos personales suyos. Y lo que veremos a continuación, de algún modo, es cómo llegó todo hasta ahí. Pero, claro, Hamlin ya estaba muerto antes de empezar el asunto así que ahí no hay sorpresas. Esas vendrán después.

Lo que Gilligan contará acá empezará con la continuación del muy elaborado plan de Lalo Salamanca para llegar hasta Gus Fring. Su idea es tomar de rehén a Kim Wexler y forzar a Jimmy McGill/Saul Goodman a ir a la casa de Gus, tocar el timbre y dispararle. Si no vuelve en una hora, adiós Kim. Pero en realidad el plan de Lalo es más complejo, solo enredado en principio por la curiosa insistencia de Saul de que sea Kim la que vaya a matar a Gus y él se quede de rehén. ¿La quiere salvar a ella o se quiere salvar él?


Como siempre, jugando con que todos sabemos que Kim no es parte de BREAKING BAD, la primera sensación que tenemos es que la chica no sobrevivirá al plan, que Gus está muy fortificado en su casa como para que algo así lo tome por sorpresa. Pero Lalo también lo sabe. En realidad, la llegada de la chica es una maniobra de distracción que le funciona bastante bien. Kim no logra su cometido, es atrapada por Mike, le cuenta a él que Lalo tiene a Saul secuestrado en su casa y él va hacia allí llevándose consigo parte del equipo se seguridad que estaba cuidando a Gus, dejándolo bastante más desprotegido.

En una serie de escenas que cortan la respiración –aún cuando parece que Kim está a salvo uno duda– y mientras Mike y su gente liberan a Saul y se topan con el cadáver de Howard, Lalo logra entrar al bunker de Gus, liquidar al resto de sus guardaespaldas y quedar solo con su enemigo. Y aquí sucede el único punto un tanto endeble de un capítulo cautivante, uno que utiliza un cliché demasiado clásico del cine de Hollywood. En lugar de matarlo rápidamente, Lalo graba a Gus con una cámara de video mientras va hablándole a Don Eladio (el jefe narco) y hasta lo lleva a mostrarle las impresionantes instalaciones subterráneas en las que fabrica las drogas con las que compite con su cartel. Y ya todos sabemos lo que pasa cuando alguien se pone a hablar y tarda demasiado en matar a quien tiene en la mira.

Y si tienen memoria de una pequeña escena de un episodio anterior (en el que Gus dejaba alguna trampa preparada en ese subsuelo) saben lo que sucederá. Y es así como –tras dar un discurso en su impenetrable castellano que de acento chileno no tiene nada–, Gus consigue zafar de Lalo, matarlo y sobrevivir a sus tiros gracias a su chaleco antibalas. Y es así, amigos, como concluye la saga del gran villano interpretado por Tony Dalton, superado por alguien que sabe también jugar estos peligrosos juegos.

Eso no quiere decir que Jimmy y Kim puedan estar tranquilos. Claramente shockeados por todo lo que vieron (la muerte de Howard, la presión del secuestro, tener que matar a Gus, el rescate de Mike y sus muchachos y hasta la limpieza de la casa con cambio de heladera incluido) tienen que volver al día siguiente a sus trabajos y seguir como si nada. Mike tiene todo pensado para que no se vean envueltos en una investigación policial, pero es difícil determinar qué sucederá después y de dónde vendrá una nueva amenaza.

Es raro, es cierto, que el principal villano de una serie muera cinco episodios antes del final. Pero todavía hay varias amenazas potenciales, incluyendo al propio Gus que claramente está molesto (además de herido) tras la brutal experiencia. No queda muy claro cómo el cartel se enterará de lo que pasó con Lalo, ya que salvo Héctor todos lo consideraban ya muerto desde mucho antes. Y, como se sabe, el tío no tiene demasiadas maneras de comunicarse bien. Pero seguramente encontrará la forma de hacerlo y, como sabemos, tienen otros sicarios dispuestos a vengarse y uno imagina que no tardarán en aparecer. Si no, también la serie rápidamente puedo pivotear hacia el futuro post-BREAKING BAD, donde todavía hay mucho para contar y ninguna seguridad de supervivencia para nadie.

Quizás lo más interesante sea ver cómo queda la relación entre Kim y Saul tras la experiencia. Al reunirse, sobre el final, parecen emocionalmente conectados pero tengo la impresión que las decisiones tomadas esa noche los afectarán. Y con Lalo ya fuera de combate –otra actuación espectacular de Dalton, un villano para la historia–, el que crece en poder de decisión sobre los movimientos de los demás es Mike. Sobre el final del episodio, es Jonathan Banks –el actor que lo interpreta– el que termina destacándose por sobre el resto. Más allá de su brusca eficiencia, el hombre demuestra una vez más tener una integridad moral y un grado de compasión bastante superior al de la dupla protagónica. Quizás, al fin de cuentas, el verdadero y único héroe tanto de BETTER CALL SAUL como de BREAKING BAD siempre haya sido él.