Series: crítica de «Players – Temporada 1», de Tom Yacenda y Dan Perrault (Paramount+)

Series: crítica de «Players – Temporada 1», de Tom Yacenda y Dan Perrault (Paramount+)

Esta serie de los creadores de «American Vandal» es un muy entretenido falso documental sobre un equipo de jugadores profesionales de League of Legends.

La mejor forma de parodia es la que no lo es. Dicho de otro modo: si uno no necesita agregarle ningún elemento ostensiblemente cómico al retrato de un universo determinado seguro conseguirá mejores resultados que dejando en evidencia todo el tiempo un tono de sorna y de burla. PLAYERS es exactamente eso y es lo que la hace por momentos brillante. Sí, es un falso documental. Sí, está hecho con un tono cómico desde el principio. Pero el límite entre el retrato humano y afectuoso con la broma es tan fino que muchos no podrán siquiera detectarlo. A tal punto que al fin de la temporada uno se preguntará, realmente, si fue una parodia.

Es que el secreto de la serie pasa por ahí, por ser a la vez una ligera «tomada de pelo» al mundo de las competencias de esports como League of Legends pero a la vez casi una publicidad encubierta de ese mundo, uno en el que termina habiendo más cariño y respeto por sus participantes que una burla hecha y derecha. No serían soportables diez episodios de constantes «cargadas» y humillaciones, de mirar a los protagonistas de este universo con un tono superador y socarrón en el que se los tratara como idiotas. Y lo que Yacenda y Perrault —los creadores de la igualmente divertida AMERICAN VANDAL— logran aquí es reconocer la pasión y la obsesión de jugadores, streamers y fanáticos de este tipo de deportes sin por eso dejar de ver el costado un poco ridículo que todo tiene.

El mundo de las competencias de esports es un territorio que, a los que no participamos en él ni entendemos bien su lógica, nos parece de entrada entre bizarro y un tanto ridículo. Equipos patrocinados por marcas y con contratos millonarios disputando competencias –cada team con sus computadoras, headsets y controles varios– ante estadios llenos de fervorosos fanáticos nos resulta tan incomprensible como para otros le puede pasar con, digamos, torneos de ajedrez. Si bien el estilo más chirriante y grandilocuente que se utiliza aquí (no muy lejano al de la NBA u otros deportes, al menos en la manera en la que se los comercializa en los Estados Unidos) no es muy imaginable en una competencia de ajedrez por equipos, en algún lugar no son tan distintos. Eso sí, no es muy probable que una de las estrellas del ajedrez se llame «Creamcheese».


Yacenda y Perrault parodian el género de documentales deportivos tipo THE LAST DANCE o muchos de los que revelan historias secretas por detrás de algún episodio o personaje importante en la historia de algún determinado deporte, como ya lo habían hecho en algunos cortos que usa el formato 30X30 de ESPN. Es que el objeto del sarcasmo es más el género que el mundo que describe. Y, sí, convengamos que los personajes (ficcionales, pero con cameos, presencias y nombres de equipos y competencias reales) ayudan a que el efecto sea muy gracioso desde el primer minuto.

PLAYERS sigue todas las convenciones del subgénero, con entrevistas a los e-deportistas (¿se dirá así?), sus managers, familiares, novias y ex-novias, rivales, amigos, grabaciones «en vivo» de momentos íntimos de vestuario así como de las competencias, y un recorrido histórico muy preciso que va y viene en el tiempo para contar la historia de sus protagonistas. Todo tiene el tono intenso y en exceso brutal que suelen presentar estos documentales, pero lo hace para lidiar con un grupo de adolescentes que juegan League of Legends. Lo cual, convengamos, le otorga un costado muy gracioso.

Es la historia de Creamcheese (antes NutMilk, antes Trevor, encarnado por Misha Brooks), un muy talentoso jugador de League of Legends que nunca logró estar a la altura de su promisorio inicio. Por motivos que verán a lo largo de sus diez episodios, problemas personales y errores tontos fueron haciendo que el tal Creamcheese nunca pueda ganar el LCS (Legends Championship Series). El tipo es ya veterano en este mundo (tiene 27) y es más famoso por sus declaraciones y su personalidad intensa (puede ser divertido pero también un pesado egocéntrico insoportable) que por sus triunfos.

En 2021, al tipo se le presenta una aparente última oportunidad (un «último baile», digamos) cuando el dueño de su equipo Fugitive Gaming contrata a un joven de 17 años apodado Organizm (Da’Jour Jones) para sumarlo a su equipo. El chico es lo opuesto a Creamcheese: serio, callado, concentrado, solo piensa en jugar y no le gusta salir, ni beber ni hacer videos para redes sociales como a su más extrovertido compañero. Y es, por lo que todos dicen (es un deporte muy difícil de descifrar para los no expertos y la serie jamás se toma el trabajo de explicarlo, lo cual hace que su preciso lenguaje suene casi absurdo), una de esas grandes apariciones que shockean a cualquier deporte.

Claro que esto es un arma de doble filo para Creamcheese, ya que sabe que con él en el equipo tiene más posibilidades de ganar el título, pero a la vez aparecen los celos con todo, ya que el dueño de Fugitive quiere transformar a Organizm en la cara visible del equipo cuando para «Cheese» todavía le falta seguir entrenando un tiempo más. Esta campaña actual será la que le servirá a PLAYERS para ir contando la historia de ambos y del peculiar grupo que los rodea, especialmente ex miembros del equipo Fugitive que fueron dejando el equipo por su imposibilidad de lidiar con «Cream».

AMERICAN VANDAL hacía algo similar al llevar el formato del documental «true crime» a una escuela secundaria en la que el crimen en cuestión era descubrir quién dibujaba órganos sexuales en los coches de los docentes. Acá el sistema es parecido y es el género la víctima de las chanzas más que los personajes en sí. Es que si bien muchas de sus costumbres, actividades, dichos y experiencias son un tanto absurdas, a lo largo de los episodios uno logra encariñarse con ellos y entender sus pulsiones, miedos y necesidades.

En ambas series Yacenda y Perrault logran combinar humor y afecto. Sí, se «ríen de» pero también se «ríen con», lo cual también explica el total apoyo de la LCS y de muchas marcas y personas asociadas al mundo competitivo de League of Legends. Los que siguen este mundo de cerca notarán las cargadas, las pullas y las bromas pero también el cariño y la comprensión que hay en una serie que, finalmente, entiende quienes son los personajes con los que lidia y qué los moviliza. Y los que lo miramos de afuera, además, le agregaremos la extrañeza, la fascinación y, sí, el humor que nos produce ver este estrambótico mundo deportivo en el que términos como «wombo combo», «bot lane», «ADC», «lane swap», «jungler», «Yuumi» y el fundamental «Nexus» se utilizan en las más serias y hasta violentas discusiones. Y al final de la temporada uno termina apreciando más de lo imaginable a muchos de los personajes que habitan este particular mundillo.