Series: crítica de «Un equipo muy especial», de Abbi Jacobson y Will Graham (Amazon Prime Video)

Series: crítica de «Un equipo muy especial», de Abbi Jacobson y Will Graham (Amazon Prime Video)

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15 Ago, 2022 10:39 | Sin comentarios

Esta remake de la exitosa película de 1992 sobre un equipo de béisbol femenino de la década del ’40 intenta actualizar los temas (y las diversidades sexuales) de aquel film generando un curioso híbrido que no termina de funcionar. En Amazon Prime Video.

El revisionismo histórico es un arma de doble filo, especialmente en el terreno del audiovisual. Incontables remakes de series y películas (o, como en este caso, una serie que es remake de una película) se han tomado el trabajo de revisar épocas pasadas desde nuevas perspectivas con la intención de sacar a la luz ciertos temas que, por distintos motivos, no fueron incluidos o tomados en cuenta en los originales. La idea por detrás de esta búsqueda tiene sentido. De otro modo, ¿para qué hacer una remake si se va a contar lo mismo? El problema, la potencial trampa, es que la perspectiva actual puede desvirtuar tanto el material original hasta hacerle perder gran parte de la gracia, el sentido y la credibilidad.

Acá jugamos con tres épocas distintas, de hecho. UN EQUIPO MUY ESPECIAL es una película de 1992 que cuenta la historia de la Liga Femenina de Béisbol en los Estados Unidos en la década del ’40, cuando buena parte de los jugadores de la liga masculina estaban combatiendo en la guerra y una serie de promotores y empresarios decidieron armar un torneo con mujeres. La película de Penny Marshall, protagonizada por Geena Davis, Madonna y Tom Hanks, trataba con nostalgia, humor y una pizca de feminismo la historia de esas excelentes deportistas que se sobrepusieron a los prejuicios y las burlas masculinas para crear un competitivo y excitante torneo.

Considerando los parámetros de esta época, es lógico que la versión 2022 de esa misma historia –inspirada libremente en el verdadero equipo de las Rockford Peaches– tenga que ir más a fondo que la de 1992 en ciertos temas. Y UN EQUIPO MUY ESPECIAL –la serie– lo hace. El problema, quizás, es que es lo único que hace. Y lo hace todo el tiempo. Y no parece tener otro objetivo que ser una «actualización» de la historia para acomodarla mejor a las discusiones actuales sobre género, representación de minorías e inclusión. Más que una serie sobre las Rockford Peaches parece una sobre un grupo de chicas actuales «disfrazadas» de jugadoras de béisbol de 1943.


Esa actualización puede ser necesaria –ciertos temas de género y raciales no fueron casi tenidos en cuenta en la versión de Marshall– pero aquí está sobredimensionada a tal punto que todo lo demás parece secundario. Por momentos uno tiene la sensación que Jacobson y Graham armaron una tabla de asuntos que sí o sí tenían que mostrar y, mientras escribían el guión, los iban tachando de a uno. ¿Tenemos una historia con personajes afroamericanos aunque la liga era segregada? Tenemos. ¿Personajes latinos? Tenemos. ¿Mostramos distintos tipos de historias de amor y relaciones sexuales entre mujeres? Mostramos. ¿Tenemos todas las categorías LGTBQ+ cubiertas? Tenemos. ¿Hay una trama que una a todo esto? Bueno, eso lo vamos viendo…

No es un problema de ser o no «progresista» (o «woke», como dicen ahora en los Estados Unidos) sino de cómo esos temas son integrados en una historia de un modo que sea orgánico y creíble. Y esta versión 2022 por momentos se siente impostada, tratando con todas sus fuerzas de sacar el carnet de políticamente correcta antes que cualquier otra cosa. Por momentos funciona y emociona, pero la mayoría de las veces se le nota demasiado el gesto. La historia y, sobre todo, los personajes parecen piezas puestas estratégicamente en un juego donde lo importante es reiterar una y otra vez una misma idea que todos sabemos y compartimos: que las mujeres y las minorías eran maltratadas, y que cualquier otro tipo de expresión de género u orientación sexual que no sea la binaria y tradicional era ilegal, socialmente inaceptable y las obligaba a llevar una doble vida.

La historia de Carson Shaw (Jacobson, la coprotagonista de BROAD CITY, que es también creadora y guionista de la serie) funciona como conductora de la trama, como la entrada a este mundo. Carson es una chica de un pequeño pueblo de Idaho que viaja a Chicago a probar suerte como beisbolista en la liga femenina recién inaugurada. Su marido está en el frente de batalla y ella –que se sentía fuera de lugar en su pueblo y un poco también con su esposo– se descubre fascinada con sus nuevas compañeras, especialmente con una de ellas, Greta (D’Arcy Carden, de THE GOOD PLACE), con la que rápidamente conecta desde lo sexual, no sin conflictos internos y externos. Es claro que la relación tiene que mantenerse en secreto, ya que serían echadas del equipo de trascender.

Junto a Carson y a Greta, el equipo de las «Peaches» incluye un variado elenco de tipologías: hay dos chicas latinas, Lupe y Esti (la mexicana Roberta Colindrez y la española de origen boricua Priscilla Delgado) muy distintas entre sí y con una tensa relación entre ellas; la típica «All American girl» (Molly Ephraim); otra chica muy conservadora que sospecha de todas (Kate Berlant); la mejor amiga de Greta (Melanie Field) y Jess (Kelly McCormack), las que más problemas tienen –junto con Lupe, son el trío más claramente queer del equipo– para adaptarse al look de «señoritas» que las obligan a tener. Como las jugadoras viven juntas en un gran caserón, hasta tienen una chaperona (la gran Dale Dickey) que controla todo lo que sucede entre ellas.

Las jugadoras tienen que estar todo el tiempo –inclusive en los partidos– usando faldas, con los labios pintados y sonriendo amablemente mientras escuchan todo tipo de comentarios soeces desde la tribuna y los relatores hablan más de su aspecto físico o sus dotes para la cocina que sobre su habilidad en el deporte. Es que son, en más de un sentido, atracciones casi circenses. A los organizadores (Nat Faxon y Kevin Dunn aparecen brevemente en esos roles) y a su coach (Nick Offerman, que desaparece promediando la temporada) no les preocupa en absoluto lo deportivo y solo quieren un show para entretener a la gente en medio de la guerra.

En paralelo a lo que pasa con las «Peaches» –y con mínimos cruces entre una historia y la otra–, UN EQUIPO MUY ESPECIAL narra la vida de Max (Chanté Adams), una pitcher afroamericana de gran talento que no consigue dónde jugar: la liga femenina es solo para blancas y en la Negro League masculina (recién en 1947, con Jackie Robinson, se cruzarían las barreras raciales en el béisbol) tampoco la quieren. Y un buen tercio del tiempo de la temporada se centra en ella, su amiga Clance –que dibuja cómics y que, inexplicablemente, maneja la terminología de una estudiante de Semiótica actual– y los distintos inconvenientes que Max tiene para conseguir trabajo, equipo y ser aceptada por su madre, a la que no le gusta nada –por razones que se irán viendo– que su hija le haya salido tan «poco femenina».

A través de los ocho episodios de la temporada lo que se cuenta es más que nada el despertar personal de Carson, el descubrimiento de un universo desconocido para ella y cómo cada uno de los personajes va atravesando las dificultades de vivir en un mundo tan machista y retrógrado. Pero, más allá de algunos momentos fuertes y otros emotivos, raramente se tiene la sensación de estar viendo algo orgánico o algo que está realmente sucediendo en 1943. Y si bien historias de este tipo tuvieron lugar en esa época (se pueden leer entrevistas a jugadoras de esa liga que así lo confirman), aquí parece ser lo único que existe y que importa, a tal punto de forzar una trama que corre todo el tiempo en paralelo solo por una cuestión de «representación», en este caso racial. Todo lo demás es secundario, incluyendo el interés por contar una buena historia con todos esos elementos.