Festival de San Sebastián 2022: crítica de «Secaderos», de Rocío Mesa (Nuev@s Director@s)

Festival de San Sebastián 2022: crítica de «Secaderos», de Rocío Mesa (Nuev@s Director@s)

por - cine, Críticas, Festivales
19 Sep, 2022 03:05 | Sin comentarios

Los cambios en la vida de una comunidad rural se narran aquí a través de los puntos de vista de una adolescente y una niña que atraviesan distintas experiencias vitales.

Con un pie puesto en un relato más social sobre las dificultades económicas de una familia de campesinos, contado a través de dos de las niñas de un modo no muy diferente al de ALCARRÀS, de Carla Simón, y con otro en un cuento más cercano al fantástico o al realismo mágico que conecta más directamente con ese punto de vista infanto/juvenil, SECADEROS es otro aporte a un subgénero de historias de crecimiento que incluyen, además de las especificidades de los problemas de los protagonistas (las protagonistas, en este y otros casos), una mirada más abarcadora sobre los cambios de época, el paso de una cultura artesanal y campesina a otra más «moderna».

La historia, en lo esencial, no es muy distinta a la del premiado film de Simón, aunque no tan logrado en sus elecciones formales. Aquí también los actores son no profesionales –en este caso, de la zona de Granada– e integran una familia multigeneracional que vive del trabajo en el campo, en este caso uno ligado a los «secaderos» de tabaco, una empresa familiar que está en plena crisis. Ada Mar Lupiañez encarna a Nieves, una adolescente algo rebelde que está en pleno despertar sexual y pasa casi todo el tiempo con sus amigas, entre salidas y fiestas. Si bien trabaja en el emprendimiento familiar, su deseo es estar en la ciudad.

Vera (Vera Centenera), su ¿prima?, vive una situación inversa. La pequeña niña es de Madrid y está fascinada con la vida en el campo, con los pequeños perritos que le regalaron sus abuelos y no tiene ningún interés en regresar a la ciudad. Vera tiene, además, un acompañante un tanto misterioso, una gigantesca «criatura» del campo que solo ella puede ver y que la acompaña en muchos de sus recorridos por el lugar.


El problema es que el negocio está pasando por un mal momento y a los abuelos no les queda otra opción que venderlo todo, con el objetivo también de ayudar a sus hijas (las respectivas madres de las niñas) que no están bien económicamente y que podrían necesitar ese dinero. Pero tampoco están convencidas de que ese sea el mejor camino para salir de los problemas.

Las niñas, a su modo, de a poco se irán incorporando –cada una desde su lugar, su entendimiento y su particular situación– a lo que está sucediendo en la familia, hasta que en algún momento el costado si se quiere fantástico de la trama empiece a cobrar un mayor peso, transformándolo todo en una suerte de fábula contemporánea.

SECADEROS mezcla modos y géneros, pasando de un drama familiar con un toque de «extrañeza» a otro en el que ese elemento empieza a ser más y más importante en la historia, algo similar también a lo que sucedía en el film argentino PIEDRA NOCHE, un tipo de relato muy distinto pero que también incorporaba progresivamente un costado fantástico. Mesa la presenta casi como una criatura salida del mundo de Hayao Miyazaki –más precisamente de EL VIAJE DE CHIHIRO–, hasta con similar función en el relato, uno relacionado con la protección de la naturaleza y de sus procesos.

Se trata de una película sentida que sabe acercarse de manera íntima a los personajes. Cuando Mesa decide girar el registro narrativo también se alteran el diseño visual y sonoro. De hecho, en algún momento y en función de una situación determinada que vive Nieves, SECADEROS coquetea con lo experimental. La elección, que puede hacer recordar también a PETITE MAMAN, de Celine Sciamma, mueve a la película de su eje hacia territorios en exceso alegóricos, pero que la película justifica desde la mirada de las protagonistas, que necesitan de ese impacto para entender la dimensión de lo que está sucediendo.