Festival de Venecia 2022: crítica de «Luxembourg, Luxembourg», de Antonio Lukich (Orizzonti)

Festival de Venecia 2022: crítica de «Luxembourg, Luxembourg», de Antonio Lukich (Orizzonti)

por - cine, Críticas, Festivales
07 Sep, 2022 12:34 | Sin comentarios

Dos gemelos ucranianos, muy distintos entre sí, reciben la noticia de que su padre, al que no ven hace décadas, está al borde de la muerte en Luxemburgo y, pese a diversas complicaciones, deciden ir a visitarlo.


Los mellizos Kolya y Vasya son idénticos de aspecto y altura (muy bajitos ambos, algo que los perturba), pero en el resto de las cosas, totalmente diferentes. El primero, bastante irresponsable, trabaja manejando un autobús (aunque tiene rentables negocios en paralelo) y piensa solo en el dinero: comprarse buena ropa, tunear su auto y usarlo para impresionar a las chicas. Vasya, en cambio, es un hombre serio y reservado. Es policía, está casado, tiene un bebé y trata de mantenerse alejado de los problemas en los que se mete su hermano gemelo. Los dos comparten algo con muchos de su generación en Ucrania: un padre ausente.

A juzgar por sus recuerdos infantiles –Kolya es el poco confiable narrador de esta fábula en plan comedia dramática que arranca en 1998 que transcurre mayormente en la ciudad ucraniana de Lubny–, el padre de ambos fue una figura más grande que la vida, alguien que se codeó con famosos (tiene una foto con Maradona, sin ir más lejos, pero está cortada de manera tal que es dudoso saber si estuvo o no con él), que parecía manejar algún tipo de imperio criminal pero que un día desapareció de sus vidas para nunca más volver.

Durante la primera mitad de esta simpática y sensible película ucraniana, cuyo humor puede clasificarse como típico del Este de Europa, seguiremos la vida de los gemelos, interpretados por verdaderos hermanos (no es un solo actor con trucos, aunque eso parece por momentos), centrándose especialmente en Kolya y en los problemas que se mete. El más importante de todos ellos tiene que ver con que, por su impaciencia manejando el bus en cuestión, termina atropellando a una señora mayor, por lo cual termina en libertad condicional, con tobillera electrónica y todo.


Para Vasya tener un hermano delincuente lo complica en su carrera profesional y lo mete en problemas con su ambiciosa esposa. A Kolya, en tanto, no le queda otra que ayudar a su víctima (que no puede usar sus manos, quebradas tras el accidente) en su vida cotidiana, tratando de acortar su sentencia. Pero todo eso se complicará aún más cuando les llegue la noticia telefónica de que su padre, del que no tenían noticias hacía décadas, está al borde de la muerte tras algún tipo de accidente en Luxemburgo. ¿Podrán ir a visitarlo en las circunstancias en las que Kolya se encuentra? ¿Tiene sentido hacerlo? Su madre cree que no y a Vasya parece darle un poco lo mismo, pero su más intenso hermano –que adora, pese a todo, a su padre, o al mito que creó alrededor suyo– está dispuesto a todo para llegar hasta él.

LUXEMBURGO, LUXEMBURGO tiene a la road movie en busca del padre en la mira, pero la verdadera película está en Lubny, siguiendo las vidas de los hermanos y mostrando cómo esa ausencia los ha afectado de maneras muy distintas, casi opuestas, a uno desde la admiración y a otro desde el rechazo. El viaje en sí será una suerte de curioso «moño» puesto a esa relación paterno-filial, pero también a la que tienen entre los hermanos, que bien podrían ser las dos caras posibles de una misma persona: el lado responsable y el díscolo. Después de todo, no se sabe realmente si su padre era una cosa, la otra, las dos o ninguna de ellas.

En su segundo y bastante autobiográfico largometraje (el primero, MY THOUGHTS ARE SILENT, fue premiado en diversos festivales), Lukich pasa de la comedia un poco más ampulosa y altisonante –el padre de los mellizos había nacido en la ex Yugoslavia, lo que le agrega otro comentario paralelo al relato–, centrada básicamente en la exuberante personalidad de Kolya, para de a poco ir encontrando la tristeza, la nostalgia y hasta la soledad que rodea a los hermanos a partir de esa ausencia. Y lidiar con ese pasado debería funcionar como una manera de atravesar mejor el presente. LUXEMBOURG, LUXEMBOURG termina siendo una película acerca de recomponer esos lazos. Sin discursos ni frases altisonantes, sino desde el entendimiento y la comprensión que se logran con una mirada y un abrazo sincero en el momento y el lugar menos pensado.