Series: crítica de «Los escándalos de Hillsong», de Dan Johnstone (HBO Max)

Series: crítica de «Los escándalos de Hillsong», de Dan Johnstone (HBO Max)

Esta serie documental se centra en los escándalos personales, sexuales y económicos de la megaiglesia evangélica de origen australiano conocida como «Hillsong». En HBO Max.

Quizás no sea justo hacer comparaciones entre escándalos e instituciones, pero tomando en cuenta que para el espectador casual lo que prima es, más que nada, la curiosidad acerca de los hechos en sí, lo que presenta LOS ESCANDALOS DE HILLSONG resulta casi liviano en relación a lo visto en otros documentales que exponen las miserias, delitos y, sí, escándalos de iglesias y cultos del tipo religioso. No es que la iglesia Hillsong sea virtuosa ni mucho menos –al contrario, cosas espantosas han pasado y pasan ahí–, pero si uno vio algunas series documentales recientes, se quedará esperando más que lo que se ve aquí.

Formalmente estas series documentales no tienen casi nada para ofrecer, son periodísticas de la manera más tradicional posible: entrevistas a algunas personas involucradas, algunas pocas reconstrucciones y material de archivo. Así que lo que uno espera son impactantes historias. La de Hillsong es fuerte pero no sorprendente. O, al menos, no lo suficiente como para volverse apasionante. De hecho, cuando uno nota que medio episodio está dedicado a probar que un pastor famoso de esa iglesia tuvo un affaire extramatrimonial uno se pregunta si realmente eso es todo lo que tienen para ofrecer. Es que, convengamos, si eso es escandaloso habría que hacer un documental así sobre cada institución religiosa.

La historia de Hillsong es interesante, una iglesia evangélica de origen australiano, creada por Frank Houston y que creció gracias a su hijo Brian, quien tras recorrer Estados Unidos se dio cuenta que tenía que darle un costado más de espectáculo a sus ceremonias. Lo que funcionó muy bien fueron las canciones compuestas para su iglesia (todos potenciales éxitos pop) y una puesta en escena de sus ceremonias que tienen el aspecto de concierto de rock. Si a eso se le suma la búsqueda de un público joven, una actitud en apariencia bastante «relajada» en cuanto a su tono (uno de sus slogans es «come as you are» o «ven tal como eres») y algunas inteligentes decisiones comerciales y estratégicas, todo eso permitió que, en la década del 2000, Hillsong se convirtiera en lo que se conoce como una «mega-iglesia».


Pero el gran golpe lo dieron cuando desembarcaron en Nueva York, sumaron a sus filas a un joven y carismático pastor llamado Carl Lentz (que parece más un modelo que un hombre de fe) y, a través de él, empezaron a convocar a celebridades como Justin Bieber, su entonces pareja Selena Gómez, Kendall Jenner o la estrella de la NBA Kevin Durant. En poco tiempo, Hillsong era algo así como una iglesia cool, un imperio evangélico bastante distinto a los que acostumbramos ver, convocando también a feligreses que lucen más como si estuvieran yendo a Lollapalooza que a escuchar a un sacerdote.

De a poco empieza a caer el velo de secretos de Hillsong. Los tres primeros episodios, que se estrenaron el año pasado, van describiendo las contradicciones de la iglesia. La primera, la más obvia y repetida en muchas de estas iglesias, pasa por el uso del dinero de los fieles, utilizado muchas veces para que los líderes vivan una vida de lujo. Durante el primer episodio lo más «criminal» que se reporta –más allá de que todo tenga aroma a estafa– es que pastores como Lentz usan zapatillas y ropas muy caras pagadas sin dudas por sus fieles convertidos en fans.

La serie dedicará un buen tiempo a un affaire amoroso que Lentz, un hombre casado, tuvo con una mujer. El problema ahí no pasa tanto por el romance en sí sino por la contradicción entre lo que el hombre predica y exige a sus fieles (fidelidad absoluta, no tener sexo antes del matrimonio y así) y lo que hace con su vida. Pero si eso es todo no habría un verdadero escándalo. Luego iremos viendo cosas bastante peores que esa. Algunas, ligadas a los negocios oscuros de la iglesia, con sus «universidades» y sus conferencias. Y otras, más personales y fuertes, que atraviesan a Hillsong desde sus inicios.

El cuarto episodio se estrenó en los Estados Unidos en diciembre de 2022 –nueve meses después de los anteriores– y suma los escándalos que aparecieron desde que el documental se dio a conocer, ya que su paso por el canal Discovery+ llevó a que muchas otras víctimas de la iglesia salieran a contar sus historias. Y aquí aparecen nuevas revelaciones que son bastante espantosas pero que, convengamos, no sorprenden en relación a lo que vimos antes, sino que son consecuencias directas y hasta previsibles de un negocio disfrazado de iglesia que trata de cubrir como puede sus «malas semillas».

LOS ESCANDALOS DE HILLSONG deja en evidencia lo que todos –o al menos los que estamos lejos de estos universos– suponemos: que la gran mayoría de estas «iglesias» son instituciones corruptas y pensadas para el enriquecimiento ilícito de unos pocos y/o la satisfacción impune de sus perversiones sexuales. Es cierto que lo que se cuenta aquí no puede compararse a lo visto en documentales sobre ciertas sectas, pero de todos modos es suficiente para dar testimonio de que, como aseguran que dice uno de los líderes de esta congregación, «no hay mejor negocio que vender lo que no se puede ver». La fe puede ser algo extraordinario, pero también se la puede usar como excusa para cometer los peores crímenes imaginables.