
Estrenos online: crítica de «La maravillosa historia de Henry Sugar» («The Wonderful Story of Henry Sugar»), de Wes Anderson (Netflix)
Este mediometraje de 40 minutos del realizador de «El Gran Hotel Budapest» se basa en un cuento de Roald Dahl centrado en un hombre que tiene la habilidad de ver con los ojos cerrados. Con Ralph Fiennes, Benedict Cumberbatch, Dev Patel y Ben Kingsley. En Netflix, desde el 27 de septiembre.
Es curioso cómo, sin cambiar necesariamente de estilo, dos películas consecutivas de Wes Anderson pueden generar sensaciones tan distintas. Me refiero a ASTEROID CITY y a THE WONDERFUL STORY OF HENRY SUGAR. La primera y más ambiciosa me resultó impenetrable, no logré entrarle por ningún lado, una especie de pared bella pero resistente a cualquier tipo de porosidad, un tinglado oneroso impermeable a cualquier emoción. Pero he visto todas sus películas, he admirado y disfrutado–y me he emocionado– con la mayoría de ellas y preferí pensar que fue más un mal paso que una muestra de agotamiento del tipo de elaborado cine que suele proponer.
Viendo esta adaptación de un cuento de Roald Dahl –el primero de una serie de cuatro que se verán por Netflix en los próximos días– confirmé lo que suponía: que fue solo un mal paso y que todavía hay Wes Anderson para rato. Quizás, al tener como eje y punto de partida un cuento que en algunos casos adapta palabra por palabra, había una base más sólida sobre la que montar su mundo de escenarios mutantes y criaturas parlanchinas. Quizás estaba, simplemente, más y mejor inspirado. No lo sé. Lo cierto es que este mediometraje se ubica entre lo mejor que hizo en su carrera.

Es un cuento contado a través de muchas voces y con muchos ecos, empezando por el narrador (una versión del propio Dahl), encarnado por Ralph Fiennes, quien –mientras los escenarios se mueven alrededor suyo de la manera artificial y encantadora que lo son en muchas películas de Wes– nos introduce al tal Henry Sugar (Benedict Cumberbatch), una suerte de playboy o flaneur de esos que circulan entre las aristocracias, y los casinos, de diversas ciudades y países.
Pero por un buen rato no será él el protagonista de la historia sino la que encuentra en un libro (titulado «A Report on Imdad Kahn: The Man Who Sees Without Using His Eyes”), que lo lleva a conocer las experiencias vividas por el Dr. Chatterjee (Dev Patel), quien conoce al tal Kahn, un veterano hombre que puede ver sin usar sus ojos. Luego de probar, de maneras muy graciosas, que lo que dice es cierto, y pidiéndole saber cómo lo hace, es Kahn (Ben Kingsley) quien narra la trama, más que nada para explicar cómo fue que adquirió esa suerte de «superpoder». De ahí en adelante, distintos eventos harán que la trama vuelva hacia el propio Sugar, quien intentará aprender las técnicas del personaje en cuestión, aunque inicialmente con otros objetivos.
Mientras los escenarios se mueven por delante y detrás de los personajes como si fueran animados, los cuatro actores principales (quienes además aparecen en otros papeles más breves) son también narradores de sus propias historias. Esto es: gran parte de sus textos están dichos a cámara o en una combinación entre los dos formatos, yendo y viniendo entre hablar con otro personaje y dirigirse a los espectadores. Todo esto dicho a una velocidad impresionante (los subtítulos en inglés no alcanzan a poner todo lo que dicen) y en un tono seco, sin inflexiones, algo que es más bien característico en el cine del director de RUSHMORE pero que acá está usado en su máxima (bah, mínima) expresión.

Este cuento fantástico y luminoso que incluye mitos, leyendas, hombres con poderes, juegos de azar, yogis, gurúes y sueltas de billetes le sienta a la perfección a Anderson, del mismo modo que sucedió THE FANTASTIC MR. FOX, otro texto de Dahl que filmó hace años. La diferencia aquí es que, además de no ser de animación (lo parece por momentos, pero no lo es), se trata de una historia que no es necesariamente para niños, aunque bien podría funcionar con ellos. LA MARAVILLOSA HISTORIA DE HENRY SUGAR es una delicia, una golosina de puro cine que se saborea durante casi 40 minutos y no se olvida fácilmente.
En más de una ocasión he sostenido que es un director talentoso aunque irregular y en esta cuestión tengo diferencias con un sector de los críticos de cine que lo idolatran.
Sus mayores virtudes tiene que ver con la puesta en escena de sus historias que cautivan desde lo que se ve bastante más que desde lo que se dice aunque esto no significa que se diga poco. Quizás mi problema sea que defiendo películas en base a lo que se dice más de lo que se ve. Así, tomando las ultimas tres que hizo, en LA CRÓNICA FRANCESA había tres relatos donde el más interesante era el primero donde un artista criminal era presidiario del pasado, del presente y del futuro lo que invitaba más a la reflexión que al deleite visual que había en los otros dos relatos. Así LA CRÓNICA FRANCESA se convertía en una película donde las ambiciones superaban a los logros y, sin ser mala, no superaba los 6 puntos.
Con ASTERORID CITY me pasó a lo largo de toda la película lo mismo que en el primer episodio de LA CRÓNICA FRANCESA porque la película fundamentalmente invitaba a reflexionar sobre los EE.UU con su sociedad delirante donde no alcanza, en la década de 1950, con liderar el mundo sino que además había que conquistar el espacio. Lo visual estaba más en un segundo plano porque de lo que se trataba era de realizar una sátira social con un tiro por elevación al delirio belicista de la actualidad.
Por eso considero a ASTEROID CITY(8/10) como una de sus mejores películas
Con el mediometraje LA MARAVILLOSA HISTORIA DE HENRY SUGAR la narración termina subordinándose a la creatividad de las imágenes imponiendo una distancia con el espectador bastante lejana, sin posibilidad alguna de involucramiento salvo para aquellos que sueñan hacer saltar la banca con una martingala en un casino y hacen de la trampa su estilo de vida. Se trata de una película fallida al ser demasiado hablada con frases poco interesantes (5/10)