
Estrenos online: crítica de «96 minutos» («96 Minutes»), de Hung Tzu-hsuan (Netflix)
Un experto en desactivación de explosivos que viaja con su prometida, una detective, debe neutralizar una bomba en un tren bala antes de que se le acabe el tiempo —y su pasado lo alcance. Estreno de Netflix.
El thriller japonés de 1975 Bhe Bullet Train, de Junya Sato, ha dado y sigue dando para incontables remakes y reconfiguraciones. Además del original, está su remake del año pasado, Pánico en el tren bala, también japonesa; películas clásicas como Speed: máxima velocidad y muchas otras que ponen tensión en relación a una bomba que puede o no explotar en un vehículo en movimiento que no puede frenar. El film taiwanés 96 minutos le agrega una serie de elementos dramáticos a una fórmula probada desde hace ya medio siglo, agregándole una serie de misterios, causas y duplicando (o triplicando) la amenaza en cuestión.
Todo empieza tres años antes de los hechos cuando vemos a A-Ren (Austin Lin), un especialista en desarmar bombas, encargándose de lidiar con una que pusieron en un cine. Cuando la desconecta sucede algo impensado: en paralelo explota otra en un centro comercial cercano, matando a muchas otras personas. Si bien los medios lo tratan como un héroe por haber desactivado una, ni él ni su jefe, Li Jie (Lee Lee-zen), se sienten bien. La culpa los carcome. ¿Habrán hecho lo correcto?
Tres años más tarde A-Ren se ha retirado de la fuerza y viaja en un tren con su pareja policía, Huang Xin (Vivian Sung), y su madre, regresando de una ceremonia de homenaje a las víctimas. También allí viaja Li Jie y mucha gente que perdió familiares en ese trágico evento. Para sorpresa de nadie, en el tren aparece también la amenaza de una bomba. Y los tres tendrán que encontrarla y desactivarla, lidiar con quien la ha puesto (y les escribe por celular) y descubrir además quién de todos los que viajan es. O si es alguien que no está ahí…

Eso no es lo único que pasa, ya que pronto se hace evidente que la cosa es aún más complicada de lo que parece. ¿Por qué? Hay otro tren viajando a la par en el que puede haber otra bomba. Y quizás desactivar una active a la otra. Y viceversa. O quizás exploten las dos juntas. Y si un tren se para, asegura el que manda los mensajes por teléfono, el otro explota. Y viceversa también. O algo así. A la par, los sospechosos aparecen por doquier, ya que son muchos allí los que tienen bronca, traumas y deseos de venganza por familiares que murieron en aquella explosión anterior. ¿Quién de todos ellos puso la bomba? ¿Serán más de uno? ¿Acaso ninguno?
De todas esas intrigas, la más inquietante es saber los motivos específicos. Es que el criminal les pide a los policías que confiesen qué es lo que hicieron aquella vez. Según él, algo pasó a la hora de la decisión de cuál bomba desactivar años atrás –el tipo está convencido que no fue una sorpresa– y quiere que eso se haga público. Lo cierto es que, promediando el relato, cuando todo empieza a quedar más o menos claro (no todo porque la película reserva otros trucos de guión para el final), 96 minutos se empieza a quedar sin gasolina.
La tensión bien desarrollada en su primera media hora se va disipando a causa de un tono en exceso melodramático que intenta insuflarle emoción y sufrimiento en cámara lenta a algo que debería ir al grano. De hecho, pese a su título, la película dura dos horas, ya que Hung se pasa un poco de rosca en mostrar flashbacks que terminan siendo confusos (no se anuncian y uno tarda en algunos casos en darse cuenta cuando viajamos al pasado) y que intentan conectar a los distintos personajes con algunos hechos previos.
Cuando muchos son los sospechosos, llega un punto en que es casi lo mismo saber quién fue. Lo único que la película tiene para aportar como medianamente original es el grado de intensa culpa que viven los protagonistas en función de sus decisiones, si se quiere, éticas. Cuando hay dos bombas que explotarán al mismo momento y solo se puede desactivar una, ¿cuál se detiene? Aquí quizás no se aproveche tanto ese debate, pero es un ángulo narrativo que da para varias decenas de thrillers más.



