Series: crítica de «Mel Brooks: ¡El hombre de 99 años!» («The 99 Year Old Man!»), de Judd Apatow y Mike Bonfiglio (HBO Max)

Series: crítica de «Mel Brooks: ¡El hombre de 99 años!» («The 99 Year Old Man!»), de Judd Apatow y Mike Bonfiglio (HBO Max)

Esta serie documental es un repaso y homenaje a la carrera del comediante y director responsable de éxitos como «Locuras en el Oeste» y «El joven Frankenstein». En HBO Max.

Para una generación que creció en los años ’70, Mel Brooks era algo así como un Dios de la comedia. Yo lo agarré más tarde, ya en los ’80, con películas como La loca historia del mundo y S.O.S. Hay un loco en el espacio (Nota: los distribuidores argentinos insertaban siempre la palabra «locura» en los títulos de sus films). Para entonces Brooks era alguien consagrado y, en algún punto, de una generación anterior a la que empezaba a surgir en esos años, pero igual era capaz de hacer reír hasta las piedras, con un humor en apariencia muy simple y directo que escondía una sofisticación y una inteligencia enormes. Esa sabiduría para hacer humor tonto sobre asuntos urticantes fue siempre una de las características principales de su estilo. El que lo llevó a la fama pero también lo hizo pasar por etapas malas.

A los 99 años, Mel Brooks es un sobreviviente a todo y a todos. Es una de las pocas personas vivas que pueden recordar los años ’30, de los pocos ex combatientes de la Segunda Guerra Mundial que siguen aquí para contarla y de los que atravesaron todas las etapas de la historia de la comedia norteamericana desde los años ’40 hasta la actualidad, empezando por los clubes cómicos de humor judío de Catskills, y la incipiente televisión de los años ’50 (fue guionista del popular Your Show of Shows, programa de humor en vivo con Sid Caesar), para reconvertirse luego al stand-up donde triunfó junto a Carl Reiner haciendo la rutina cómica The 2000 Year Old Man –centrada en un hombre que vivió muchos años y recuerda todo, un poco como le terminó pasando a él– y finalmente, a partir del éxito de su film Con un fracaso… millonarios (The Producers), convertirse en un director de éxitos inmensos como Locuras en el Oeste y El joven Frankenstein, dos comedias clásicas que estrenadas ambas en 1974.

Ese breve repaso de sus etapas más recordables no terminan de dar cuenta de la influencia mundial y la popularidad que logró obtener Brooks en esos años. Actuaba en sus películas, era tapa de revistas, hacía reír constantemente en programas de televisión y en apariciones en vivo, y era un tipo querido por todos. A esa lista de éxitos hay que sumarle su carrera como productor de cine (ayudó mucho a la consolidación de las carreras de David Lynch y David Cronenberg, ya que produjo El hombre elefante y La mosca, que ellos dirigieron) y, más cerca en el tiempo, el suceso renovado de The Producers esta vez en Broadway, como musical. Casado por más de 40 años con la actriz Anne Bancroft (que murió en 2005), Brooks es una referente indudable de la comedia para las generaciones que lo siguieron y que lo admiran y respetan.

Mientras Brooks –que cumple cien años en junio– recuerda momentos de su vida y su carrera entrevistado por el propio Apatow, muchos de esos herederos aparecen para celebrarlo y recordar los momentos en los que descubrieron a Brooks y a su obra. Ben Stiller, Jerry Seinfeld, Dave Chappelle, Adam Sandler, Patton Oswalt, Matthew Broderick, Nick Kroll, Nathan Lane, los hermanos Zucker (de la muy influyente Y… ¿dónde está el piloto? y otras comedias similares) y dos personas recientemente fallecidas como David Lynch y Rob Reiner son algunos de los que hablan en el presente de Brooks, a los que hay que sumarles una enorme cantidad de entrevistas y declaraciones del pasado. En especial, las de su gran amigo de toda la vida Carl Reiner –padre de Rob– y de la propia Bancroft, con la que vivió una larga y bella historia de amor.

El documental se presenta como dos episodios de alrededor de 100 minutos –Apatow ya hizo otras dos «series» sobre comediantes con similar formato– y, si bien no se aleja de la organización cronológica clásica que empieza en su infancia y va avanzando por su vida y su carrera, encuentra la manera de incorporar momentos emotivos, reveladores, inteligentes discusiones sobre su tipo de humor y, sobre todo, deja en evidencia la enorme simpatía y energía positiva que derramó este hombre a lo largo de más de 70 años de carrera. Un payaso hecho y derecho que no puede estar sin hacer algún tipo de mueca o broma frente a la cámara, Brooks siempre encuentra la manera de hacer reír gracias a su rapidez mental, su originalidad y, sobre todo, a su enorme carisma.

Quizás el suyo no sea el humor más refinado del mundo y, de hecho, recuerdo que solía haber una división entre los que lo preferían a él y los que amaban la comedia más sofisticada de Woody Allen –ambos, de hecho, colaboraron en el equipo de guionistas de Your Show of Shows–, pero a esta altura da la sensación que ese tipo de divisiones dejaron de tener sentido alguno. El humor de Brooks puede ser ampuloso y por momentos hasta grosero –casi todos coinciden que muchas de sus películas no podrían hacerse hoy, especialmente Locuras en el Oeste–, pero siempre apunta sus dardos hacia el lugar correcto, burlándose de los líderes pomposos y crueles (tenía una obsesión con reírse de Hitler que le trajo algunos problemas), de los explotadores y de los clichés de la industria del cine. Todo lo que uno ve, por ejemplo, en la serie The Studio, lo hizo antes Mel Brooks.

Apatow y Bonfiglio no buscan husmear en agujeros negros de su historia porque quizás no los tenga, más allá de algunas disputas laborales y asuntos personales que él no tiene problemas en reconocer. El documental es merecidamente celebratorio y se propone como un homenaje de principio a fin. En su última parte cobra una mayor gravedad ya que Brooks está en un momento de su vida en el que, si bien se lo ve entero, sano y bastante locuaz, se fue quedando solo respecto a sus pares, amigos y amores. Reiner no está, Bancroft tampoco y no quedan personas de su generación con las que juntarse. Pero él no se deja vencer por la melancolía. Recuerda, con cariño, el pasado. Y, a su modo, sigue pensando en el futuro. Un grande entre los grandes de la comedia mundial.