Series: reseña de «Tierra del pecado» («Land of Sin»/»Synden»), de Peter Grönlund (Netflix)

Series: reseña de «Tierra del pecado» («Land of Sin»/»Synden»), de Peter Grönlund (Netflix)

Una detective de la policía viaja a un pequeño pueblo sueco para investigar la desaparición de un adolescente con el que tiene una conexión personal y familiar. Estreno de Netflix.

No estamos en Malmö, así que tómalo con calma«, le dicen a Dani, una investigadora de la policía de esa ciudad que ha viajado junto a su novato compañero a un pueblo de provincia a resolver un caso. Dani es severa, agresiva y uno puede creer que esa virulencia urbana quizás sea mucho para un lugar tan remoto como es Bjäre. En realidad, no es tan así. El «take it easy» de la advertencia original, en realidad, tiene más que ver con aprender a manejarse con los secretos y mentiras de un lugar que quizás sea más oscuro y perverso de lo que parece.

Todo comienza con Dani (Krista Kosonen) tirada en el piso, golpeada y con un grupo de hombres rodeándola. La historia retrocederá a partir de esa escena para que conozcamos a la tensa y permanentemente nerviosa mujer policía, que tiene una complicada relación con su hijo Oliver, adicto. La noticia que la shockea es la desaparición de Silas, otro joven que convivió con ellos en una época a modo de familia adoptiva y quien tiene una continua y potencialmente problemática relación con Oliver.

Junto a Malik (Mohammed Nour Oklah), un novato detective que la acompaña, Dani va a la península de Bjäre, donde está el pueblo natal de Silas. Por asuntos del pasado Dani allí no es particularmente bienvenida, pero su presencia se hará necesaria cuando, en medio de la búsqueda, descubran que la desaparición se transformó en muerte. Y la muerte, en sospechosa. ¿En qué andaba Silas y qué pudo haber causado su asesinato? ¿Qué tipo de crímenes tienen lugar en una zona en la que, por debajo de la superficie, parece haber líos con la propiedad de la tierra, con el tráfico de drogas y vaya uno a saber qué más?

Pero lo más importante para Dani, especialmente a partir de ciertas revelaciones, es saber si algo de lo que sucedió está conectado con su hijo Oliver. Es que esa cercanía puede convertirse en algo problemático desde lo personal, lo familiar y hasta la psicológico. «¿Me lo preguntás como policía o como madre?«, le dirá el chico cuando su madre le pregunte directamente qué sabe y, llegado el caso, qué hizo. «Ambas«, contestará Dani. Y en medio de todo eso se cuela el verdadero drama personal de Tierra del pecado: los cuestionamientos ligados a padres y/o madres que, ante determinadas circunstancias, se dan cuenta que no se han ocupado lo suficiente de sus hijos.

Como buen policial nórdico, Synden transita escenarios fríos, ásperos, con personajes rudos, agresivos y con cara de pocos amigos. «Sonreímos, somos correctos y ofrecemos café, pero cuando el café se acaba el invitado sabe que es tiempo de partir«, dirá Elis (Peter Gantman), patriarca del lugar, uno de los personajes en apariencia oscuros que tiene una tensa relación con Dani. Y en ese clima ambos trabajan, intentando descifrar qué se trama en ese lugar aún cuando descubrirlo pueda golpear muy cerca de casa.

Creada y dirigida por Peter Grönlund, Land of Sin sigue a rajatabla las reglas del scandinoir, ese subgénero geográfico –pero también estético y temático– del policial que tanto creció en las últimas décadas, empezando por la literatura (con nombres como Henning Mankell, Jo Nesbø y Stieg Larsson, entre otros) y siguiendo por series como The Killing o The Bridge. Grönlund –director de Drifters, premiada en el Festival de San Sebastián por un jurado del que yo era parte, y la posterior Goliath, entre otras– tiene el conocimiento y el talento para crear un clima ominoso y denso, uno que presagia un peligro detrás de otro, cada uno más denso que el anterior.

En ese sentido, la serie de Grönlund no decepcionará a los fans. Pero a la vez es cierto que tampoco propone nada novedoso ni original, y que su destreza visual no le permite escaparle del todo a la fórmula. De hecho, si uno le quita el idioma, algunos localismos y costumbres, bien podría ser una serie estadounidense con un/a policía de ciudad volviendo al pueblo chico para lidiar con sus complicados usos y costumbres. Hoy, todo parece suceder más en un país llamado «Streaming» (o, más directamente, «Netflix») que uno existente en eso que solíamos llamar mundo real.