Berlinale 2026: crítica de «Lo demás es ruido», de Nicolás Pereda (Forum)

Berlinale 2026: crítica de «Lo demás es ruido», de Nicolás Pereda (Forum)

por - cine, Críticas, Festivales
14 Feb, 2026 08:38 | Sin comentarios

Una celista recibe a una amiga compositora en su casa para una entrevista que se complica por una serie de problemas técnicas y sorpresivas apariciones.

El arte de la entrevista es un escenario más que propicio para una comedia. Lo complicado es hacerlo de una manera justa, inteligente y comprensiva sin caer en banales ironías o burlas fáciles. Lo demás es ruido no solo logra retratar ese formato de un modo generoso sino que lo usa más que nada como un punto de partida para trabajar otros temas ligados al arte, al ego, al sexismo y a la relación entre padres e hijos. El realizador mexicano Nicolás Pereda nunca sale, al menos visualmente, de una sala de estar y una cocina de un departamento en la Ciudad de México, pero desde allí construye un universo que excede por mucho el de esas cuatro paredes.

Tere (Teresita Sánchez, esa gran actriz que aparece en casi todas sus películas) es una celista que, apenas comienza la película, recibe una queja de un vecino por hacer música en los raros horarios en los que su bebé se duerme. No habrá solución al problema pero sí la invitación a pensar en el sonido del film y cómo afecta lo que sucederá después. En un edificio en el que por razones misteriosas se corta la luz todo el tiempo, Tere recibe la visita de Rosa (Rosa Estela Juárez Vargas), una compositora amiga, más joven que ella. Pero no se trata de un encuentro social: Tere le ha prestado su cómodo y luminoso departamento para que lo use en una entrevista televisiva que vienen a hacerle. No solo eso, sino que también le aconseja cómo contestar algunas preguntas, mintiendo si hace falta para que sean más interesantes las respuestas.

Poco después llegará el periodista y su camarógrafo (Lázaro G. Rodríguez y Francisco Barreiro, otros dos habitués del cine de Pereda) a filmar la entrevista en cuestión. Pero de ahí en adelante nada será fácil: los ruidos de la calle se entrometerán, los cortes de luz afectarán la imagen y, cuando se dan cuenta que las dos mujeres ofrecen buen material para la nota, tendrán que improvisar cómo filmar (y microfonear) a ambas. A ellas se le sumará Luisa (Luisa Pardo), la hija de Tere que también es celista y querrá aportar a la conversación, complicando más la puesta en escena. En ese mar de desencuentros, mentiras, reproches y comentarios sobre el mundo del arte empezarán a surgir algunos asuntos un tanto más espinosos entre los protagonistas. A lo que luego se le sumará aún más gente.

El realizador de Lázaro de noche y Fauna, entre muchas otras (este es su onceavo largo en solitario), se caracteriza por sus historias secas, incómodas e intrigantes, que se doblan sobre sí mismas y ofrecen nuevas perspectivas sobre lo visto. En sus últimos films, su habitualmente minimalista acercamiento a la comedia se ha vuelto más y más abierto en un estilo que, simplificando, podría equipararse al de Martín Rejtman, por esa manera entre seca y ligeramente áspera de generar situaciones de humor. Y Lo demás es ruido es la más abiertamente graciosa de todas ellas, recordando en su estilo –planos largos con extensas conversaciones, desvíos narrativos caprichosos, juegos con el fuera de campo– al de Hong Sangsoo, que suele aprovechar situaciones incómodas entre artistas para generar situaciones humorísticas que en el fondo son más relevantes de lo que parecen.

Everything Else is Noise –así se llama el film en inglés– tiene como figura inspiradora a la madre del propio Pereda, que es compositora e intérprete de música clásica contemporánea. Y se nota en los intercambios entre los músicos, en su relación con los periodistas y en los detalles que surgen de esas interacciones un gran conocimiento de causa. A ese humor generado por la insólita lógica del acontecimiento en sí, Pereda le va agregando, en tres actos/movimientos bastante distintos entre sí, reflexiones un tanto más crudas ligadas a la relación entre Tere y Laura, a la que ambos tienen con el padre de la chica –una celebridad de la música que luego se hará presente– y al machismo implícito en el discurso que rodea al mundo de la arte en general y al de la música en particular.

Todo esto aparece desarrollado en tan solo 71 minutos y en un par de escenarios en los que Pereda además cita diálogos tomados de otros ámbitos (de una película de Tacita Dean, de un texto de Mario Bellatín) y los mezcla en su propio guión para crear, con mínimos recursos y una enorme claridad conceptual, un retrato lleno de humor, inteligencia y empatía sobre el curioso mundo de la música contemporánea y los personajes que la habitan.