Berlinale 2026: crítica de «Se eu fosse vivo… vivia», de André Novais Oliveira (Panorama)

Berlinale 2026: crítica de «Se eu fosse vivo… vivia», de André Novais Oliveira (Panorama)

por - cine, Críticas, Festivales
15 Feb, 2026 11:45 | Sin comentarios

Una pareja que se conoce en la adolescencia llega junta a la vejez y lidia con problemas de salud en esta película brasileña que mezcla realismo con ciencia ficción.

Entre el realismo y la ciencia ficción, entre la cotidianeidad más costumbrista y la exploración más extravagante, suele haber enormes distancias estéticas, difíciles de empatar en el cine. Varios directores brasileños han intentado este cruce –Adirley Queirós lo hizo en Branco sai, preto fica— con resultados inquietantes y curiosos. El que se suma ahora a ese grupo es André Novais Oliveira, cineasta mineiro de excelentes películas como Ela Volta na Quinta y Temporada. En Se eu fosse vivo… vivia, el realizador se mantiene fiel a ese minimalismo de pueblo chico que lo caracteriza al contar unos días en la vida de Gilberto y Jacira, una pareja de septuagenarios que llevan 50 años juntos.

Pero antes de llegar a eso Oliveira presenta, casi a modo de anticipo de lo que vendrá, una introducción que tiene lugar en los años ’70, cuando Gilberto era un adolescente enamorado que prepara a unos amigos para tocarle una serenata a Jacira, a la que le pide perdón por algún hecho que no se detalla. Jacira no le presta atención –el barrio, en cambio, sí, y de un modo no muy amable– hasta que lo ve pasarse horas bajo la lluvia durmiendo en un banco, esperándola. Allí la chica sale de su casa, lo invita a un baile funk, ambos reconectan y empieza una historia de amor que, de golpe, salta medio siglo.

Allí el realizador incorpora un elemento que lo enrarece todo: al pasar de una época a la otra vemos una suerte de luz que los atrapa, como si fueran transportados en el tiempo directamente. Ya en el presente, Jacira (Conceição Evaristo, célebre escritora brasileña) y Gilberto (Norberto Novais Oliveira, padre del realizador y actor de otras películas suyas) son una simpática pareja de la tercera edad, acostumbrados a sus quejas, sus rutinas, bromas y costumbres. Uno ya sabe lo que el otro hará o dirá, y viceversa. Lo que más tiempo los ocupa es la salud, ver a médicos, controlar el colesterol, el azúcar en sangre y así. Gilberto parece más pendiente de esos asuntos. Jacira, bastante menos.

La única otra característica distintiva de la pareja es la obsesión por los UFOs y extraterrestres de Gilberto, hábito que su esposa no logra entender. A él, en cambio, le cuesta aceptar que Jacira no quiera ir a ver a un médico cuando se siente mal, diciendo todo el tiempo que no tiene nada. Y nadie –ni la hija adulta de la pareja– parece ser capaz de convencerla. Hasta que las cosas se ponen un poco más difíciles y hay que hacerse cargo de la situación. Y allí, de un modo bastante impensado, reaparecerá con más fuerza que antes la ciencia ficción, llevando a la película a jugar en un territorio impensado.

Oliveira conjuga muy bien estos dos tonos, pasando de la cotidianeidad en cámara lenta de esta pareja que se maneja sin apuro y con calma, a la aparición un tanto más excéntrica e inesperada de elementos del cine fantástico más puro y duro. Como si Gilberto fuera una versión brasileña del personaje de Richard Dreyfuss en Encuentros cercanos del tercer tipo, el hombre vive obsesionado por algo que todos consideran absurdo pero que acaso no lo sea. La diferencia entre ambos films es que acá jamás sabemos hasta qué punto lo que sucede pertenece al terreno de lo real o al de su imaginación.

En la reciente El agente secreto, Kleber Mendonça Filho juega también con la mezcla entre el realismo político y la fantasía de pura cepa cinematográfica. Este tipo de mezclas, combinaciones o fricciones están apareciendo cada vez más en un cine de autor que quiere escaparle a ciertos hábitos puramente observacionales que se popularizaron en las primeras décadas de este siglo. A su manera, Oliveira hace lo mismo: cuenta una historia de amor, de compañía y hasta de pérdida con los recursos más nobles de la imaginación.