
Estrenos: crítica de «El tema del verano», de Pablo Stoll Ward (Sala Lugones)
Tres jóvenes ladronas planean robar una casa en la costa de Uruguay pero estando allí se topan con la novedad de que los muertos no mueren y se convierten en hambrientos zombies. Con Malena Villa, Azul Fernández y Débora Nishimoto.
Con películas como 25 Watts y Whisky, ambas codirigidas con con Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll se convirtió en una de las voces más representativas de la renovación del cine uruguayo a principios del siglo XXI. Parece mentira, pero ya han pasado 25 años desde aquel film que le cambió la cara al cine de ese país y hoy las películas que hace Stoll tienen poco que ver con aquello. De hecho, se puede decir que la última década y algo de trabajo suyo consistió deun par de películas muy distintas entre sí, como lo fueron Hiroshima y 3, junto a varios trabajos televisivos. Stoll (o Stoll Ward, como se presenta ahora) estuvo varios años intentando conseguir financiación para El tema del verano, una coproducción entre Uruguay, Chile y la Argentina que vio la luz en festivales a fines de 2024 y recién ahora se estrena localmente. Y se trata de un film distinto a todo lo que había hecho antes. Distinto, de hecho, a casi todo lo que se ha hecho en el cine de Uruguay.
El tema del verano es una película de zombies. O una, al menos, que toma de la mitología de los zombies para construir un relato que, durante dos tercios de su metraje, poco y nada tiene que ver con los no-muertos, a quienes se anuncia al principio (como suele pasar en este tipo de relatos) para luego ir de a poco llegando a ellos y a cómo aparecieron. En la mitología paralela al mundo real –cercana y distante a la vez– que presenta la película, hay una pandemia similar a la del COVID-19 que obliga a los habitantes a seguir los ya conocidos rituales de la distancia social, los controles en el camino, las mascarillas y las vacunaciones. En medio de todo esto conocemos a tres chicas que son presentadas de un modo similar a como lo hace Quentin Tarantino y sus imitadores, utilizando una estética pop típica del cine de Clase B de los años ’70, también conocido como grindhouse.
Ellas son Ana (Azul Fernández), Malú (Malena Villa) y Martina (Débora Nishimoto, de Envidiosa), tres chicas argentinas, ladronas profesionales, suerte de «viudas negras» que van a fiestas, drogan a dueños e invitados y les roban la plata y cosas de valor. Escapándose recalan en Uruguay, con la idea de parar en una casona de Maldonado, propiedad de un mecenas que tiene como huéspedes a artistas. Fingiendo serlo, las chicas se meten en esa elegante casa frente al agua en la que –a falta de Ramiro, el mecenas en cuestión, que brilla por su ausencia– no son del todo bien recibidas por sus tres habitantes: una modelo negra (Romina di Bartolomé), un tímido músico (Leandro Souza) y un artista chileno (Agustín Silva). Una vez allí, el deseo de robarles se mezclará con algún interés personal pero, más que nada, con la aparición de un elemento impensado aún en medio de una pandemia: descubrir que los muertos no se mueren del todo.

Cualquiera que haya visto Shaun of the Dead sabrá cuál es la búsqueda de Stoll: transformar un típico relato de zombies en una hilarante comedia de costumbres, con situaciones absurdas que se toman a broma desde algunos hábitos locales (acá las bombillas y los termos de mate se reconfiguran como armas letales) hasta la propia lógica del film de zombies. Con cameos y roles breves de muchos actores uruguayos conocidos (empezando por Daniel Hendler y siguiendo por Nestor Guzzini), la película va apostando a situaciones cada vez más grotescas con resultados parcialmente efectivos. Es la clase de películas –en plan Plaga zombi pero con más dinero– que son más graciosas como chiste interno, cita y homenaje que por sí mismas.
Con un guión escrito por Stoll y Adrian Biniez (director de Gigante y El 5 de Talleres, y co-compositor también de varias de las canciones que se escuchan en el film), El tema del verano es despareja, episódica, ligera y cobra un cierto peso dramático sobre el final cuando entran a jugar elementos más románticos, trágicos y, a la vez, políticos. Pero nunca se despega de su lugar de producto de consumo pop, homenaje a un subgénero muchas veces revisitado y, a la vez, irónica relectura del caos que se generó por la pandemia y sus derivados.
Sin explotar del todo su costado político –que lo tiene, pero queda al margen de los efectos visuales y el caos desatado–, se trata de un film que parece querer hablar de este caótico mundo pospandémico de todos contra todos y en el que parece predominar una filosofía del sálvese quien pueda. Cuando aparece una hoz y un martillo entre las armas disponibles o vemos a un actor conocido con un atuendo inspirado en el Che Guevara, la ironía es bastante directa. Difícil saber si habrá un «mundo nuevo» con los zombies controlándolo todo. Quizás ya estemos en él y no tenga mucho que ver con el de los libros…
En la Sala Lugones: el jueves 5, viernes 6, sábado 7, martes 10 y miércoles 11 de febrero a las 21 horas; y el domingo 8 y jueves 12 a las 18 horas. Desde el jueves 12 de febrero en el Cine Gaumont.



