Series: reseña de «Algo terrible está por suceder» («Something Very Bad Is Going to Happen»), de Haley Z. Boston (Netflix)

Series: reseña de «Algo terrible está por suceder» («Something Very Bad Is Going to Happen»), de Haley Z. Boston (Netflix)

Una joven viaja a la remota casa familiar de su prometido, donde inquietantes encuentros y secretos oscuros ponen en duda su boda. Disponible completa en Netflix.

La idea de casarse para toda la vida genera, lógicamente, una enorme ansiedad. ¿Habré elegido a la persona correcta? ¿Me habré equivocado? ¿Cómo será la vida con él o ella? O, lo más preocupante: ¿qué tal será su familia? Para Rachel Harkin todo eso parece, al iniciarse su aventura, ser algo que la tiene sin cuidado. Está ilusionada y contenta con su boda inminente. Y hasta parece convencida que Nicky Cunningham (Adam DiMarco) –que, convengamos, no parece ser el tipo más interesante del mundo– es la persona adecuada, el mítico «the one». A lo largo de ocho episodios lo que veremos es que las cosas se volverán un poco más complicadas y difíciles que eso. Y por motivos que Rachel no imagina.

El plan consiste en viajar al caserón que los padres de Nicky tienen en algún punto remoto y convenientemente alejado de todo en el estado de Nueva York y llevar a cabo allí, con una módica cantidad de personas («solo la familia» es el plan), una serie de eventos a lo largo de cinco días ligados a la boda en cuestión. Pero apenas inician el viaje en coche hacia el lugar el espectador tendrá la impresión de que, como reza el título, algo terrible irá a suceder. Rachel (la actriz argentino-estadounidense Camila Morrone) se adormece en el coche y casi chocan. Hay raros signos en el camino y truculentas historias de terror sobre criminales en el area que parecen ser reales. Se topan con otros viajantes que han abandonado un bebé en un auto. Hay un extraño restaurante en el que solo hay un veterano y enigmático cliente. Y todos parecen preguntarle lo mismo: ¿estás segura que él es la persona correcta?

Nada de eso, sin embargo, la prepara para el shock más fuerte: la familia de Nick. Un combo preocupante de seres un tanto raros, tienen como principal aportante a la causa del miedo a la sobreprotectora mamá Victoria (una creepy Jennifer Jason Leigh), a un padre que se dedica a embalsamar animales, incluyendo los perros de la familia (Ted Levine, trayendo ecos de The Silence of the Lambs), los hermanos de Nicky, Portia y Jules (Gus Birney y Jeff Wilbusch), la cuñada Nell (Karla Crome) y el pequeño hijo Jude, obsesionado por las historias de terror que forman parte del lore familiar, especialmente las que incluyen no mirar a los ojos a los perros embalsamados y la existencia, alrededor de la casa, de una figura atemorizante a la que llaman El Penitente (The Sorry Man). Encima, en la invitación a la boda que ella misma recibe alguien atrás escribió: «No te cases con él«. ¿Puede algo malo suceder allí?

La serie creada por Haley Z. Boston con producción de los hermanos Duffer (Stranger Things) tiene un inicio intrigante, cautivador. Ese viaje a las profundidades del horror se va volviendo más y más extraño con el correr de los minutos y, más allá de apoyarse en la rutina clásica de unos protagonistas que toman todas las decisiones equivocadas (cualquiera con «dos dedos de frente» abandonaría ese trip a los cinco minutos), Boston y su equipo de directores van metiendo al espectador en clima, dándole la sensación de que van encaminados a una boda que no será seguramente la imaginada. Es una inteligente y bien dosificada cadena de signos que presagian lo peor.

Something Very Bad is Going to Happen detiene, en más de un sentido, su marcha al llegar a la casona en cuestión, una versión modernista de cualquier casa gótica de cuentos de terror del siglo XIX. Sí, el coche de la pareja llega y allí ambos se quedan. Pero la serie frena también en seco, volviéndose un tanto más convencional y previsible, una especie de derivado de Los locos Addams –o tantas otras historias de familias ricas y excéntricas que viven en grandes caserones– pasado por el filtro de la psicología del siglo XXI. Allí salen a la luz traumas familiares (de todos), noticias truculentas, comportamientos extraños y las historias y maldiciones del pasado, que son más aún que las antes comentadas. Para Rachel es una pesadilla tras otra que empieza cuando su vestido de bodas desaparece pero que no se imagina adónde irán a terminar.

Le es difícil a Boston sostener la intriga durante tantos episodios. Si bien entre el tercero y el cuarto pega el primero de varios volantazos que van cambiando el eje de la trama –volviendo bastante al pasado–, se hace demasiado extenso el trip de Rachel, en especial desde que empieza todo a reducirse a una sola casa (y un par de lugares cercanos), a un grupo de gente no particularmente fascinante (a excepción de uno que no es parte de la familia, ya verán a quien me refiero) y, en especial, a un novio que de entrada no parece ser the one. Si uno se pone en la piel de la traumada chica, por más necesitada de contexto familiar que pueda estar (la historia de sus padres justifica esa búsqueda), es evidente que hay que salir de allí antes de que sea demasiado tarde.

De todos modos, ún cuando la serie vaya perdiendo potencia y capacidad de sorprender con el correr de los capítulos, Algo terrible está por suceder se conduce con relativa originalidad, ofreciendo algunas sorpresas narrativas, giros impensados y, sobre todo, construyendo un clima cinematográfico digno de un buen relato de terror. En medio de tanta serie policial o de aventuras de fórmula que se limitan a repetir formatos, aquí al menos se propone una búsqueda creativa, sostenida obviamente en relatos clásicos del género (de Edgar Allan Poe a Stephen King pasando por otras decenas), pero con una inventiva propia y personal.

Es además, para Morrone (Daisy Jones & the Six, la reciente temporada 2 de El infiltrado), la esperada consagración protagónica de una actriz siempre dúctil que acá tiene la oportunidad de mostrar la amplitud de su talento, mientras que Leigh y el resto están más limitados a generar falsas (y no tan falsas) expectativas con sus enrarecidos personajes. Quizás al final la serie termine por agotar, pero queda claro viéndola que los Duffer saben poner el ojo en creadores con ideas propias y que están dispuestos a arriesgar. Que no todo salga ni cierre bien, a esta altura, es secundario.