
Estrenos: crítica de «El drama» («The Drama»), de Kristoffer Borgli
A días de su boda, una pareja entra en crisis tras una confesión impactante que los obliga a enfrentar el amor, la moral y cuánto del pasado puede perdonarse.
La más áspera sensibilidad escandinava se choca con las características más clásicas de la comedia romántica estadounidense para entregar El drama, una de las más peculiares películas mainstream salidas de Hollywood desde Challengers, de Luca Guadagnino, que quizás no por casualidad también protagonizaba Zendaya. En manos de Kristoffer Borgli, el realizador noruego de las singulares Sick of Myself y Dream Scenario (estrenadas en América Latina como Enferma de mí y El hombre de los sueños, respectivamente), esta película combina la enervante tensión y la brusquedad emocional propias de los dramas humanos nórdicos con un espíritu algo más ligero, que empieza pareciéndose a la clásica rom-com para luego derivar en algo más enrarecido e inesperadamente político.
Verborrágica e inquieta, El drama se presenta como una comedia acerca de los problemas que una pareja va teniendo en los días previos a su boda, muchos de ellos típicos inconvenientes de preparativos para un gran evento. Hasta que la cosa, bueno, se pone más picante y densa. De no ser por la presencia de Robert Pattinson y la estrella de Duna y El Hombre Araña estoy seguro que este sería un film pequeño e independiente (lo produce A24), pero las estrellas que lo protagonizan lo ponen a consideración de un público masivo. Y es allí donde inspirará rispideces y opiniones encontradas.
La premisa es simple. Charlie (Pattinson, exagerando su interpretación de un personaje que vive nervioso) trabaja en un museo, ve en un café a una chica que le gusta leyendo un libro y se acerca a hablarle tras googlear el título de lo que lee. Emma (Zendaya) lo ignora, él se retira avergonzado pero luego descubre que ella no escucha de un oído y estaba con un auricular con música en el otro. Confusiones van, confusiones vienen y pronto están saliendo. El drama no seguirá la evolución de su noviazgo ya que pronto quedará claro que lo que vimos fue un flashback que Charlie le cuenta a su amigo Mike (Mamoudou Athie) mientras prepara el discurso que dará en la boda. Ambos ya están a punto de «dar el sí».

Una noche, paseando por la ciudad, Charlie y Emma ven a la DJ contratada para el evento consumiendo drogas y, al otro día, en una cena que tienen con Mike y su novia Rachel (Alana Haim) para probar la comida y la bebida que servirán en la boda, el tema DJ sale a la luz y se arma entre todos un debate. La charla deriva en una pregunta incómoda: «¿Qué fue lo peor que hicieron en sus vidas?«. Cada uno tiene una anécdota para contar –la de Rachel es bastante oscura–, pero nada supera a la de Emma, que visiblemente alcoholizada confiesa que siendo adolescente estuvo a punto de entrar a un colegio con un arma y empezar a matar a sus compañeros.
Los otros tres –incluyendo Charlie, que desconocía ese dato– quedan shockeados. Y cuanto más detalles y circunstancias Emma les da, más todavía. Borgli nos permite visualizar esos hechos mediante flashbacks que muestran a una muy distinta Emma («solía ser fea«, explicará ella misma) siendo víctima de bullying en la escuela, violentándose, tomando un rifle de su padre policía y craneando en detalle el atentado que finalmente –por motivos que ya verán– no concretó. Lo cierto es que a partir de ahí, nada será lo mismo. Y la película se centrará en cómo la pareja (especialmente Charlie) hará para seguir adelante con los planes de boda como si nada.
El drama se construirá como un drama moral, un issue film en el que los protagonistas irán tratando de entender cómo relacionarse con Emma a partir de las revelaciones. Rachel, especialmente, se pondrá muy en contra de ella. Pero lo central pasará por Charlie, que se esfuerza en pensarlo como algo del pasado e intenta justificarlo de uno y otro modo, pero se da cuenta que no logra superarlo, que está bloqueado en todo sentido. No solo eso: en su confusión termina él mismo metiéndose en problemas. El film, previsiblemente, concluirá en una boda que será tan caótica como la de Relatos salvajes.
Hasta un final en el que, por giros un tanto caprichosos del guión, la película cambia en más de un sentido el eje de la discusión, El drama procede como una comedia cada vez más negra acerca de las relaciones de pareja, preguntándole a los espectadores hasta dónde conocemos a las personas con las que vivimos y cuánto estamos dispuestos a tolerar y/o entender de sus pasados, sus ideas o sus historias. En esta época de grietas políticas y divisiones varias, el film toca un nervio: ¿dejaríamos a una persona que amamos por algo que hizo o pudo haber hecho en el pasado?

Spoiler Alert: para analizar algunas ideas del film hace falta dar a entender, sin mencionarlo en detalle, algún giro del guión.
No todas las elecciones de Borgli son las correctas. Muchas escenas son excesivamente largas y reiterativas, volviendo a litigar una misma discusión de diez maneras distintas. Y tampoco ayuda que el film haga equivalencias entre un atentado escolar y otros hechos que surgirán después que son del orden de lo privado, cuando lo único equiparable allí es el hecho de haber «coqueteado» con hacer algo incorrecto para luego detenerse y no concretarlo. Poner en igualdad de condiciones un delito con otros asuntos de orden personal no ayuda mucho a la hipótesis del film, aunque por cierto eleva la virulencia y tensión del drama.
Fin de zona de Spoilers
El drama se va oscureciendo pero no deja nunca de ser gracioso, algo que Borgli maneja de maneras muy irreverentes y creativas, desde una puesta en escena inquieta y llena de curiosos cortes de montaje que intentan disimular lo que en el fondo es un relato bastante conversado que por momentos coquetea con lo teatral. Ya en la boda en sí, la película hará recordar al clásico danés La celebración por las incomodidades varias que despierta cada discurso que los protagonistas dan en el evento. Y hay un perverso placer de parte del director en ver cómo la estabilidad de todo ese grupo se termina por deshilachar en una serie de situaciones en las que los secretos de todos van quedando al descubierto.
Zendaya y Pattinson siguen demostrando ser de los actores más curiosos e internacionales de los últimos tiempos, un poco como lo fue Kristen Stewart unos años atrás, utilizando su «poder» comercial para ayudar a financiar cine de autor o al menos películas poco convencionales. El actor inglés ha apoyado obras de Claire Denis, David Cronenberg, Bong Joon-ho, los hermanos Safdie, Brady Corbet y hasta el colombiano Ciro Guerra. No siempre todas esas películas funcionan –tampoco, convengamos, sus actuaciones–, pero que el tipo pueda ir y venir de Batman y las películas de Christopher Nolan a apoyar a cineastas independientes es en sí todo un mérito.
El gran arma de la película, sin embargo, es Zendaya, en mi opinión una mucho mejor actriz que el querible pero un tanto limitado Pattinson. Hay algo en la actitud serena, cálida y generosa de Emma que contrasta con el personaje que ella misma fue en el pasado y no solo en su aspecto físico. De un modo un tanto arriesgado para los parámetros sociales y la cultura punitivista de la actualidad, El drama hace un esfuerzo no solo por entender a su complicada protagonista sino por demostrar que las personas pueden cambiar, y que algunas ideas y tensiones que atraviesan las cabezas de los adolescentes se superan y trascienden al crecer. Esa idea es, quizás, la más interesante que tiene el film de Borgli para transmitir: que siempre se puede intentar empezar de nuevo.



