
Series: reseña de «Hacks – Temporada 5», de Lucia Aniello, Paul W. Downs y Jen Statsky (Max) (HBO Max)
En su tramo final, la premiada serie sigue a Deborah y Ava en la búsqueda de un último gran logro, enfrentando la IA, las reglas cambiantes de Hollywood y los conflictos creativos entre ambas. Con Jean Smart y Hannah Einbinder. Desde el 9 de abril, por HBO Max.
Una de las comedias más exitosas y premiadas de los últimos años llega a su (aparente) final. Hacks, la historia de una veterana comediante que vuelve a los primeros planos, siempre se apoyó más que nada en la relación de la diva con su joven guionista y asistente que, de algún modo, le sirvió como puerta de acceso a nuevas generaciones de fans. Pasaron años atravesando esos regresos, fracasos, crisis, peleas, juicios, problemas y conflictos (generacionales y de los otros), y ahora la serie las encuentra más unidas que de costumbre tratando de llevar a buen puerto un objetivo deseado por ambas: encontrar un buen cierre para la carrera de Deborah Vance.
Al terminar la temporada anterior (SPOILER para los que no la vieron), Deborah había tenido una fuerte crisis personal tras irse a hacer sus shows de comedia en un hotel de lujo en Singapur. Tras una serie de confusiones y malos entendidos, la comediante había sido dada por muerta. Y la nueva temporada de la serie empieza con sus fans llorando su fallecimiento y celebrando su vida. Pero nada ha pasado. Deborah (Jean Smart) regresa acompañada por Ava (Hannah Einbinder), dispuesta a retomar su carrera tras el fracaso en el que terminó su talk show previo. La pregunta es: ¿cómo?

Habiendo podido leer algunos de sus apresurados obituarios a Deborah le queda la sensación de que tiene que hacer algo grande e importante para que los medios y la gente no la recuerden por sus momentos negativos. Y tras unos intentos fallidos de hacerle ganar un Oscar o un Grammy (complementando que ya tiene un Tony y un Emmy) se deciden por algo, en apariencia, más accesible: un show en el Madison Square Garden, algo que marcaría el punto culminante de su carrera. Y se dedican, a su modo, a prepararlo. Será complicado porque Deborah ha firmado una cláusula que le prohibe por un tiempo actuar en vivo.
El otro problema es que los programadores del estadio neoyorquino no la quieren allí –no creen que sea la persona para ese lugar y aseguran que tampoco será capaz de llenarlo– y será tarea de Deborah, Ava y equipo lograr convencerla de lo contrario. Eso será apenas el inicio de un recorrido expansivo que las llevará a lidiar con un potencial contrato con Inteligencia Artificial, con la compra de un hotel en Las Vegas, una competencia en un reality-show y a las extrañas desventuras en las que se mete su agente Jimmy (el cocreador de la serie, Paul W. Downs) y su asistente Kayla (Megan Stalter). A la vez, Ana intentará llevar adelante un guión propio para una sitcom, que también tendrá sus inconvenientes.
Hacks, a esta altura, ya camina casi sola. Si bien esta temporada es más amable y menos conflictiva que otras –al menos entre sus dos protagonistas–, la lógica que la hace funcionar es más o menos la misma de siempre, la que las llevó al éxito. Hay algunos asuntos románticos, viejas rivalidades que reaparecen, problemas con hijos, hermanas y padres, y la sensación de que Deborah y su equipo tienen que ir adaptándose a la lógica cambiante del ecosistema de Hollywood, uno en el que las redes sociales y los fans tienen hoy más peso que los empresarios y estudios.

Una secuencia que tiene lugar en una convención de fans es crucial para entender ese aspecto de la serie. Muchos de ellos se quejan ante Deborah de algunas de sus actitudes –dicen que los abandonó para centrarse en otras cosas– y ella prácticamente los ignora. Hasta que se da cuenta que sin ellos no tendría nada de lo que consiguió. No solo eso: se dará cuenta que son los fans los que pueden llevarla a lograr algunos de sus sueños, más aún que la gente que aparenta tener poder.
De una manera más amable que ácida (para acidez está The Studio), la serie habla del estado de cosas en Hollywood y en el mundo del espectáculo en general. El sexto episodio está dedicado, en gran parte, a poner a Deborah y a Ava a lidiar con la IA generativa. Y allí Hacks encontrará su razón de ser, algo así como su «moraleja»: en el caos de la creatividad y de las relaciones humanas, aún con sus problemas y disputas, está todo. Lo importante no pasa por construir una máquina que resuelva chistes de a cientos por segundo, sino por tener una serie de experiencias de vida que te permitan crearlos y entender cómo funcionan. Y eso, al menos por ahora, solo pueden hacerlo los humanos.



