Cannes 2026: crítica de ‘Al Mahattah’ (‘The Station’), de Sara Ishaq (Semana de la Crítica)

Cannes 2026: crítica de ‘Al Mahattah’ (‘The Station’), de Sara Ishaq (Semana de la Crítica)

por - cine, Críticas, Festivales
17 May, 2026 08:30 | Sin comentarios

Una mujer yemení dirige una gasolinera solo para mujeres en plena guerra civil, intentando evitar que su hermano menor sea reclutado. En la Semana de la Crítica.

La aldea de Yemen en la que vive Layal con su pequeño hermano Laith está atravesada por la guerra civil que impacta a esa nación del Oeste de Asia, ubicada justo frente a Africa. Allí viven casi todas mujeres, ya que los hombres están en el frente, combatiendo, o han fallecido en alguna batalla. La vida es tensa, complicada, no hay dinero y hay constantes peleas entre facciones. Pero Layal ha armado algo que, al menos inicialmente, parece un paraíso, una suerte de reposo y de lugar de sociabilidad en medio del caos. Es, a su manera, una estación de servicio en la que se vende nafta/gasolina. Pero también es mucho más que eso.

Layal tiene reglas para manejar el lugar. Solo le vende a mujeres, no acepta que se discuta allí acerca de cuestiones políticas y trata que sea un espacio «seguro» en medio de tantas tensiones. Y lo que de entrada parece casi un paraíso —algunas mujeres allí se quitan los velos, bromean, hablan de sexo y se divierten— pronto probará ser ilusorio, ya que la realidad las toca cada vez más de cerca, tanto por presiones religiosas como militares.

El conflicto central del film se pone en juego un poco más tarde, cuando queda claro que Layal hará lo imposible por evitar que Laith, su hermano de doce, años vaya a la guerra. Es que a esa edad se los convoca a ir al frente y Layal necesita dinero para pagar el derecho a retenerlo consigo, ya que su habitual justificación —que es el único hombre de la familia tras la muerte en combate del padre y de otro hermano varón— no parece correr más.

A falta de dinero le pedirá a su hermana mayor, Shams, que vive lejos y hace mucho que no ve, que le adelante la parte de la herencia que le corresponde al chico. Pero la mujer no tiene ese dinero, por lo que toma una decisión un tanto arriesgada para ayudar a sus hermanos: ir hasta donde ellos viven cruzando varios puestos de control y, una vez allí, idear un plan de escape. Pero no será fácil, ya que las cosas no salen como lo pensaban y las presiones crecen por todos los costados.

Si bien se trata de un film que precisaría una clase de geopolítica sobre la situación en Yemen para entenderlo bien —no siempre es del todo comprensible qué pasa, por qué, quién es quién y cuál es el conflicto—, lo esencial está a la vista: ninguna de las hermanas quiere que Laith, que además parece poco apto para ese tipo de vida —es un chico solitario que juega con una lagartija y los vecinos le hacen bullying todo el tiempo—, vaya a la guerra y, pese a sus fuertes diferencias, tienen que unirse para encontrar una salida.

Ishaq, que nació en Yemen y está radicada en Escocia —estuvo nominada al Oscar a mejor corto documental en 2012 con Karama Has No Walls—, se enteró de historias de este tipo en una visita a su país natal y quiso filmarlas, primero, como un documental. Pero por los mismos motivos políticos que la película presenta, le fue imposible. Es por eso que armó esta ficción que parte de un hecho real y que habla, más que nada, de la resiliencia, la fuerza de voluntad y el poder de lucha de estas mujeres que deben organizarse para resolver problemas en un país vandalizado por los hombres.

No se trata de una amable fábula feminista. Hay mujeres que se les oponen, algunas que las reprimen desde un costado religioso y hasta entre ellas mismas hay diferencias enormes de criterio. Pero lo que The Station tiene en claro mientras va dejando de ser un drama familiar para pasar a ser un thriller casi bélico es que, de no ser por ellas, probablemente esa región —quizás todo el planeta— habría dejado de existir tal como lo conocemos hace muchísimos años.