Cannes 2026: crítica de ‘Du Fioul dans les artères’ (‘Flesh and Fuel’), de Pierre Le Gall (Semana de la Crítica)

Cannes 2026: crítica de ‘Du Fioul dans les artères’ (‘Flesh and Fuel’), de Pierre Le Gall (Semana de la Crítica)

por - cine, Críticas, Festivales
16 May, 2026 11:01 | Sin comentarios

Étienne es camionero. Atado a la carretera, su vida amorosa se reduce a encuentros fugaces y anónimos en aparcamientos. Cuando conoce a Bartosz, un camionero polaco, su vida da un vuelco.

Un romance en la ruta, una historia de amor en una serie de ambientes un tanto inhóspitos, Flesh and Fuel se centra, fundamentalmente, en la relación amorosa entre dos camioneros —uno francés, el otro polaco— que se va desarrollando, con complicaciones, en estaciones de servicio, parques, baños, camiones y donde sea posible tener unos minutos de intimidad. El film de Le Gall observa así, de un modo bastante realista, ese «lado B» de los viajes de camioneros que pasa inadvertido para la mayoría.

Etienne (Alexis Manenti) vive viajando, día y noche, por las rutas francesas, como transportista. Solitario, no ve nunca a su familia (hermana y sobrino) y no tiene pareja. Sus relaciones sexuales son con otros camioneros en igual situación que él: encuentros casuales, furtivos, en lugares ya establecidos en la ruta. Su vida parece determinada por esa rutina hasta que una situación casual lo cambia todo: en una redada la policía intenta detenerlo junto a un conductor polaco que casualmente estaba al lado suyo y el hombre, llamado Bartosz (Julian Świeżewski) y de origen polaco, se las arregla para escapar de la situación, salvar a Etienne y evitar que ambos tengan que pagar miles de euros de multa.

Pronto se nota la conexión entre ambos, pero hay un inconveniente. No es tanto el idioma (Bartosz habla un pasable francés) sino las rutas: Etienne se maneja solo dentro de Francia y siguiendo los destinos impuestos por la empresa en la que trabaja. Bartosz tiene otras rutas, internacionales, y coincidir les es difícil. Hay diferencias de personalidad y las ligadas a la calidad de migrante del polaco, pero la necesidad de verse y estar juntos los hace tomar ciertos riesgos laborales y personales.

En un estilo cercano al de los hermanos Dardenne en su realismo de clase trabajadora, Flesh and Fuel raramente se aleja de las rutas, los camiones, las estaciones, los baños y los parques. Y más allá de la particular circunstancia que atraviesan sus protagonistas —sus diferencias de rutas son, metafóricamente, diferentes intenciones en la vida—, lo que se cuenta una historia romántica clásica impedida en este caso por cuestiones geográficas, por el temor de la mirada de los demás y, además, por la aceptación (o no) de la realidad en la que cada uno vive.

Entre los elementos de tensión que aparecen en este breve y sincero film aparecen las diferencias de «posición social». Etienne cobra más y mejor que Bartosz y maneja horarios y rutas más controlados mientras que su colega polaco circula a veces horas interminables a través de distintos países para llegar a ganar lo mismo que él, arriesgando con eso su seguridad. Bartosz acepta su manera de vivir —es dura pero sabe que no le queda otra— e incorpora su vida social a ella, mientras que Etienne parece estar siempre escapándose de algo. Y eso, de a poco, hará mella en su relación.

Du Fioul dans les artères no logra —probablemente ni siquiera lo intente— ir más allá de la historia de amor entre estos dos inesperados compañeros de ruta, pero aún dentro de su sencillez lograa sostener una mirada empática y humanista al mundo del trabajo, la soledad que eso implica y las pocas oportunidades que aparecen de asomarse a algo que se parezca a la felicidad de vivir una historia de amor.