
Cannes 2026: crítica de ‘El deshielo’, de Manuela Martelli (Un Certain Regard)
En un centro de esquí del sur de Chile en 1992, una niña de nueve años se convierte en testigo clave de la desaparición de su amiga alemana, y empieza a entender el silencio que la rodea.
Tras su muy bien recibida opera prima, 1976 —presentada aquí en la Quincena de Realizadores—, la actriz y directora chilena Manuela Martelli apuesta a armar un relato igualmente oscuro pero más sinuoso y mutante. Presentado como una mezcla de drama y film de suspenso, El deshielo es más que nada un coming of age sobre una precoz chica de nueve años que, de un modo inesperado, se transforma en la persona clave de una investigación policial.
Inés (Maya O’Rourke) vive a sus anchas en un centro de esquí que maneja su familia en el sur de Chile. La historia transcurre en 1992, recién terminada la larga dictadura de Pinochet en ese país, y durante buena parte de su metraje se ocupará de la vida y las desventuras de esa pequeña que circula por el lugar y conecta con la gente. Con sus padres en España —son miembros de la delegación española a la Expo Sevilla ’92 a la que el país llevó un pedazo de iceberg como eje de su muestra—, la chica se pega a la recepcionista, a las mujeres que limpian y trabajan en la cocina, un poco menos a sus abuelos —que están allí pero más pendientes del negocio— o a sus primos, pero sí hace contacto, gracias a su buen manejo del inglés, con muchos de los turistas.
Un grupo de esquiadores alemanes la convoca seguido, especialmente su estrella, Hanna (Maia Rae Domagala), una chica todavía adolescente que tiene una tensa relación con el jefe del equipo, Alexander (Jakub Gierszal). Pese a la diferencia de edad, Inés y Hannah se hacen amigas, conversan, andan por la nevada área que rodea al hotel y comparten intimidades varias de sus respectivas historias. Lo político aparece de manera casi directa, pese a sus edades, por los radicales cambios que sufrieron ambos países casi al mismo tiempo.

Pero un día, tras una serie de tensos encuentros con Alexander y una salida con uno de los primos de Inés, Hanna desaparece. Y nadie la encuentra. Allí comenzará una investigación en la que Inés tendrá una función central, tanto por su manejo del idioma como por lo que sabe de Hanna y sus últimos pasos en el hotel. Eso sí, sus abuelos le aclaran que no diga todo lo que sabe de esa última noche y que se mantenga prescindente a la hora de opinar. Pronto arribará Lina (Saskia Rosendahl), la angustiada madre de Hanna e Inés será su ladero en la pesquisa, tomándola a la vez como una rara madre sustituta.
Martelli logra darle a El deshielo un clima ideal para una historia de misterio, con este hotel perdido en medio de la nieve en los menos comunicados que ahora años ’90. La música empuja de un modo un tanto excesivo todo hacia el lado del suspenso, pero la pequeña y curiosa Inés (una notable actuación de la niña O’Rourke) va siempre llevando la pesquisa a una zona más personal, más interesada en lo afectivo que en lo detectivesco, con una mirada que busca más entender qué hacen los adultos que la rodean que encontrar a la chica en cuestión. El silencio familiar (social) que la lleva actuar así —uno que metaforiza el pasado dictatorial chileno con respecto a sus propios desaparecidos— funciona como un freno a cualquier tipo de búsqueda de la verdad.
Por momentos la película es un tanto grave y solemne, como si Martelli quisiera dejar en claro que es más que una historia de suspenso policial de esas tantas con chicas desaparecidas conectadas con hechos de violencia de género que se ven en plataformas. En cierto punto esa afectación es innecesaria porque lo que la saca de esa zona es la mirada de Inés, el recorrido temático más amplio que la película en todo momento demuestra y la sensación de que, más que un thriller sobre una desaparición, es una película sobre la pérdida de la inocencia de una niña que descubre que, pese a lo blanco del paisaje, está rodeada también de mucha oscuridad.



